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¡Gimme the Power! El rock como resistencia en Latinoamérica

Larga vida al rock.
Getty Images
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El mes pasado muchos países latinoamericanos conmemoraron su independencia de la corona española, pero a partir de ahí se han visto luchando por otro tipo de libertad. Desde su aparición en Latinoamérica, el rock no ha sido ajeno a las diferentes situaciones de opresión que han enfrentado nuestros pueblos: muerte, censura, violencia, discriminación y señalamiento de todo lo que pueda ser mínimamente diferente a la visión de los estados.

Por Alejandro Araújo 

La ignorancia de los gobiernos era descarada. Las censuras rayaban con lo ridículo. Las asociaciones y razones según las cuales se escogía el material que era inapropiado para los ideales del gobierno eran tan arbitrarias como el gobierno mismo. Usaron el miedo a lo desconocido como bandera y bajo argumentos caprichosos convencieron al pueblo de que el rock era un arma de subversión. Pero a pesar de la represión, la música y la juventud siempre lograron abrirse paso de una u otra forma, unirse y decirle al gobierno que no pueden hacer lo que quieran.

Si bien hubo manifestaciones del rock como medio de expresión social y política a lo largo de toda Iberoamérica, México y Argentina fueron dos países que dieron la batalla desde ese lado con más fuerza, con más artistas y gente. Canciones, como Rasguña las piedras, Gimme tha power, Ana no duerme, entre otras, trascendieron las fronteras y se convirtieron en himnos en otros países.

Avándaro, Valle de Bravo, México. ​Septiembre 11 de 1971

“Tenemos el poder”. “Tenemos el poder”, gritaron con furia. Más de doscientas mil personas desahogando su dolor, su miedo, porque en cualquier momento podían ser los siguientes desaparecidos. Cantaron, bailaron, celebraron la vida, aprovecharon cada segundo de música pues sabían que cada día podía ser el último. Los antecedentes eran escalofriantes. El gobierno nunca estuvo cómodo con la juventud. La cultura hippie, la ropa informal, la revolución sexual y el rock marcaron una barrera generacional. Los jóvenes pensaban diferente, no se iban a quedar cruzados de brazos viendo las injusticias que los militares cometían todos los días.

En plena Guerra Fría y con el comunismo como enemigo número uno de “las buenas costumbres” y el orden establecido, el gobierno, con participación de la Iglesia, asoció inmediatamente la moda con inmoralidad y el pelo largo y las barbas con el comunismo. Había que detener al rock de cualquier forma: se prohibieron los conciertos y toques en las ciudades y se tomaron fuertes medidas respecto a las manifestaciones.

El 2 de octubre de 1968, Gustavo Díaz Ordaz, ​presidente de México, ordenó el ataque a una manifestación de un movimiento estudiantil en la Plaza de las tres culturas de Tlatelolco. El ejército y el grupo paramilitar Batallón Olimpia ejecutaron una masacre que dejó muertos, heridos, desaparecidos y encarcelados. Las demandas de la manifestación: Respeto a la constitución y diálogo público con el presidente.

Después se posesionó Luis Echeverría​ como primer mandatario, el primero elegido por la burocracia y sin haber ocupado un cargo electivo. El 10 de junio del 71, un grupo paramilitar conocido como Los Halcones, entrenado por la Dirección federal de seguridad y la CIA, reprimió violentamente una manifestación estudiantil en apoyo a los estudiantes de Monterrey.

Tres meses después unos empresarios decidieron hacer el Festival de Avándaro. El rock fue prohibido en las ciudades, pero eso no iba a acabar con las bandas y con la gente que quería expresarse, que quería ser escuchada. Si no se puede en las ciudades, se hace afuera de ellas. Un concierto el 11 y una carrera de carros el 12. Fue una movilización masiva, carros, motos, buses, camiones de carga, bicicletas, más de doscientas mil personas peregrinaron. Iban cantando por las carreteras, se ayudaban unos a otros, los que tenían carros llevaban a los que no, la cultura hippie en su máxima expresión. La música sirvió de lenguaje para exorcizar el dolor, para hacer un homenaje a las víctimas de los atropellos de autoridad del gobierno. Pero sobre todo para enviar un mensaje, un mensaje de esperanza y de lucha, de acuerdo con el documental Gimme the Power de Olallo Rubio.  

 Estadio Obras, Buenos Aires, Argentina. Mayo 16 de 1982

La dictadura se ve en las últimas y después de años persiguiendo al rock, el gobierno termina acudiendo a él para intentar enviar un mensaje al pueblo de unidad en contra del enemigo internacional: el Reino Unido.

Había estallado la guerra en las Islas Malvinas contra el gobierno inglés. Argentina estaba bajo la dictadura militar de Leopoldo Galtieri​, quien reclutó a miles de jóvenes para ir a luchar en las Islas. El gobierno organizó el Festival de la Solidaridad Latinoamericana, con el fin de recoger provisiones para los soldados en la guerra. Convocó a los músicos más importantes del momento (Litto Nebbia​, Charly García​, entre otros) y a distintos managers y medios. Estos decidieron hacerlo para ayudar a los soldados y en actitud noble mandar aliento, pero pusieron como condición no cobrar la entrada para que no se compraran armas y balas. Decidieron que la entrada fuera alimentos, ropa y donaciones de todo tipo.

El festival se llevó a cabo. Tocaron Luis Alberto Spinetta, León Gieco, David Lebón, entre muchos más. Todos cantaron mensajes de paz, de aliento a los soldados, denuncias a la dictadura, protestas contra los atropellos. Eran gritos de justicia por los desaparecidos, era una oportunidad única porque se transmitiría en toda Latinoamérica, era el comienzo del fin de la dictadura.

En su afán por reprimir todo lo distinto, Videla​ y compañía nombraron a los subalternos de los subalternos para que censuraran el arte, y éstos, sin conocimiento ni educación, más allá de los manuales militares, consideraban características musicales propias del Rock Progresivo y Psicodélico como armas para generar confusión. Charly García​ y Luis Alberto Spinetta​, por ejemplo, exploraban esos lenguajes mientras desde la Casa Rosada se los acusaba de llevar al pueblo a la anarquía y al comunismo. La censura fue protagonista, pero los músicos no se iban a rendir fácilmente y sabiendo el nivel de ignorancia de los militares, empezaron a escribir en códigos, pero no para difundir la anarquía, como decía el gobierno, si no para mandar un mensaje a la sociedad o simplemente, para expresarse libremente.

Grupos de todo el continente, como Los prisioneros​, en Chile, Molotov​, en México, Charly García​, en Argentina, e incluso Aterciopelados​ en Colombia decidieron hablar, no quedarse en silencio, contribuir para tener un mundo mejor, luchar por tener libertad. Algunos músicos incluso dieron su vida, como Víctor Jara​ en Chile. Ahora las nuevas generaciones tienen la responsabilidad de seguir el ejemplo de tantos grandes y no ser indiferentes a nuestros contextos.