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Disfunciones sexuales: cuando tener sexo es casi una escena de terror

Que no le pase a usted. Y si le está pasando para que sepa cómo pilotearlo.
Kbeis / GettyImages
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Por
Trilce Ortiz

De acuerdo con el Dios omnipotente de la Internet, Google, “sexo” en alguna de sus variaciones se mantiene como uno de los términos más buscados por los usuarios. “Porn” sostiene la corona de rey en el puesto número uno, porno lo sigue en el segundo lugar y sex se ubica en el puesto número 8. La gente consume (o quiere consumir) sexo a diario: en los comerciales, las vallas publicitarias, la rumba, las interacciones en redes sociales, en Tinder… En este escenario es bien difícil imaginarse que existan personas a la que no le llame la atención el sexo, o así lo desee como sus congéneres, le es complejo llevarlo a cabo. Alrededor de un 7% de la población mundial sufre de algún tipo de disfunción sexual que hace que el sexo sea impensable, doloroso o nada deseable.

Por: Trilce Ortiz

Ellos

-De primera en la lista está la eyaculación precoz, que afecta a uno de cada tres hombres y se resume básicamente a venirse sin control, con mínima estimulación. El asunto suele ser bastante vergonzoso para quienes lo sufren y por lo mismo pocos hombres consultan a su médico al respecto. Esta condición no sólo afecta al sufriente, sino también a su pareja, dejándolos a los dos sexualmente insatisfechos.

Es importante aclarar que la gran mayoría de los hombres no se mandan faenas sexuales de horas y horas, como mal nos ha informado el porno tradicional, por lo que un hombre que eyacula a los 7-10 minutos no es un eyaculador precoz, es un hombre promedio.

Los ejercicios de kegel (que no son solo para mujeres) y que ayudan a fortalecer el suelo pélvico pueden ayudar muchísimo. - Para los que no tienen muy claro de qué se trata esto, los ejercicios de Kegel o ejercicios de contracción del músculo pubocoxígeo (el musculo situado en el piso de la pelvis) sirven para fortalecer los músculos pélvicos. Pero además se recomiendan para evitar alteraciones comunes como la incontinencia urinaria y en otros casos para facilitar el parto. En el campo sexual, son los ejercicios que hay que practicar para conseguir mayor placer a la hora de tener relaciones-.  El más sencillo de todos es intercalar entre detener y dejar fluir la orina o hacer que el chorro sea más lento sin tensionar los músculos del trasero, piernas o abdomen. También son muy efectivos los ejercicios de respiración.

-Según el estudio Prevalence of Sexual Dysfunction la disfunción eréctil tiene fregado entre el 2 y el 5% de los hombres. Esta disfunción sexual se da cuando es difícil lograr o mantener una erección, y no, no sólo le da a los viejitos.

Si se quiere tratar este mal, hay que dejar de lado el “macho interno” y hablarle de frente al médico sobre lo que está pasando. Puede que se trate de unos vasos sanguíneos tapados o una lesión nerviosa.

Ellas

-Como si el tema de lograr el orgasmo no implicara ya mayor esfuerzo para las mujeres, son ellas, en una medida radicalmente más alta que los hombres, quienes sufren de anorgasmia. También llamado orgasmo femenino inhibido es la ausencia o demora en alcanzar un orgasmo después de una faena de juego previo.

Ojo, no estamos hablando de la idea errónea de 50 Shades of Grey de que una mujer se moja como catarata con que le den un par de piquitos en el cuello. La prueba más contundente de la anorgasmia es ensayar la masturbación con un estimulado de clítoris, si a pesar de sentir deseo sexual no se logra llegar al clima, es hora de dejar la pena y hablar con el médico o la ginecóloga.

Existen distintos tipos de anorgasmia, desde las mujeres que nunca han sabido lo que es un orgasmo hasta otras que alguna vez los disfrutaron pero en algún momento los dejaron de tener. Muchos de los casos tienen que ver más con falta de educación sexual, conocimiento del cuerpo o estimulación correcta. La mayoría de los tratamientos para esta disfunción son de tipo psicológico y de comunicación de pareja.

-El vaginismo, por otro lado, si tiene su raíz mucho más en un tema biológico y se trata de la contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico, lo que hace que la vagina se cierre total o parcialmente, impidiendo la penetración o generando dolor. Esta disfunción sexual puede deberse a tener un himen rígido, sufrir de inflación de la pelvis o hemorroides. Por otro lado una educación sexual goda, la ansiedad antes de tener sexo, haber sido víctima de alguna forma de abuso sexual o tenerle miedo al sexo o a la posibilidad de un embarazo también pueden derivar en vaginismo.

Si el asunto es biológico, tratar la enfermedad que causa el vaginismo (que es más un síntoma) requiere ser abierta y honesta con el médico. Si se trata de un tema psicológico, se puede buscar ayuda de un profesional con experiencia en traumas sexuales, pero lo más importante es que la pareja sea paciente, amorosa y esté dispuesta a ayudar.

Ambos

-Tener sexo en sí mismo a puede ser complicado, exige todo un ritual de cortejo, una inversión de tiempo y labia y un nivel de vulnerabilidad frente al otro, cuando a ese coctel le agregamos el sentirse inseguro frente al propio cuerpo, la vida sexual se puede ir por el desagüe. Es normal que las personas se sientan menos a gusto con ciertas partes de su cuerpo, pero cuando la visión de su propio cuerpo está completamente sesgada por el negativismo, puede anular por completo el deseo sexual, llevar a prácticas como tener sexo sólo con la ropa puesta en completa oscuridad, evitar que su pareja lo toque, etc.

En este paquete están hombres y mujeres y el trabajo comienza por cada uno, por conocer su cuerpo, aprender a amarlo como parte integral de quien se es, contar con una pareja amorosa que ayude a reafirmar esas dosis de amor propio y en últimas (o antes) hablar con un psicólogo que ayude a desarmar toda la maraña.

-Más que la falta de deseo sexual, que seguramente afectará a la mitad de la pareja que vive acallando las ganas, las libidos disparejas es, tal vez, una de las complicaciones sexuales que pueden generar mayor frustración. Mientras que para una persona tener sexo una vez a la semana es más que suficiente y satisfactorio, la otra preferiría tener sexo varias veces al día. Ninguna está enferma, simplemente tienen un nivel distinto de deseo sexual.

Al principio de las relaciones el sexo parece ser lo único que existe, pero es normal que con el paso del tiempo el tema se estabilice al nivel normal de cada uno. Aliarse de la comida chatarra y optar por alimentos saludables, hacer ejercicio regularmente, asegurarse de que las vainas estén bien fuera de la cama y manejar los niveles de estrés son todos buenos ejercicios para llevar una relación saludable. Presionar a la pareja, amenazarla para que tenga sexo u obligarse a tener sexo cuando no se tienen ganas genuinas son todas opciones desastrosas.

En cualquiera de los casos y mientras se van explorando las distintas opciones de tratamiento para esta o aquella disfunción es básico mantener una comunicación abierta y empatía sobre cómo se siente cada uno, no presionar en ninguna medida (nada mata más las ganas que una pareja jodona) y tratar de ser empático con la situación del otro. Para quien sufre de la disfunción sexual ya es vergonzoso e incómoda la situación, no necesita “colaboración” para sentirse peor.