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Electric Daisy Carnival, la Meca del Vértigo en la Ciudad del Pecado

Por
Álvaro Corzo

Por: Álvaro Corzo V. - @corzo360

Dicen que todo en exceso es malo, sin embargo para Insomniac creadores del festival de música electrónica más grande de los Estados Unidos, la exuberancia del vértigo es lo que conecta el idilio musical con el más allá.  Y sí que este año lo lograron, fueron más de medio millón de peregrinos del EDM (Electronic Dance Music) provenientes de los cinco continentes los que tomaron este fin de semana el autódromo de las Vegas para pegarle una sacudida al universo de la mano de la crema y nata de la música electrónica.

Ocho tarimas, más de 100 djs, 200.000 vatios de poder y cuarenta horas de los mejores sets del género confirmaron al Electric Daisy Carnival en su tercer año en la Ciudad del Pecado como la meca actual del EDC en este continente. Vedettes de la talla de Afrojack, Avicii, Calvin Harris e Infected Mushroom junto a veteranos como John Digweed, Carl Cox y Paul Oakenfold compartieron del goce con lo mejor de la sangre underground de Maya Janes Coles, Jamie Jones y Evil Twin quienes lograron hacer de este, un cartel que reventó el cielo de principio a fin.

Sí durante el imperio romano estar en el Gran Coliseo era besar el ombligo del mundo en el universo del EDC estar en el Kinetic Field, tarima principal del festival, era como nadar desnudo entre cielo y el infierno. Una estructura de más de 135 metros de altura x 40 de ancho resguardada por dos inmensos búhos de bronce de 20 metros que disparaban fuego por la boca no pararon de fustigar el cielo durante los tres días de este carnaval. En medio el DJ, quien como mesías posaba sobre la tarima frente a un imponente órgano barroco de 150 tubos que convertían la tarima en un verdadera catedral. Cerca de 1750 luces entre láser, proyecciones holográficas y 3.200 metros cuadrados de paneles de video donde reventaban los más eclécticos Vj sets hicieron que el montaje del EDC dejara sobre ruedas a todos sus asistentes y de paso a festivales como el Tommorowland en Bélgica, el encuentro de EDM más grande del mundo resignado a un pequeño carnaval de pueblo.  

“Es la experiencia. No hay festival que se le compare, es como estar dentro de una burbuja donde la música, las luces y los estímulos hacen que la energía y la conciencia de todos se conecten entre sí” me asegura Rony Abder, amante de la electrónica de 22 años y quien manejó con su grupo de cinco amigos más de 15 horas desde Austin, Texas.

Para completar media tonelada de juegos pirotécnicos a lo sumo estallaron durante las tres noches que hicieron que el cielo del autódromo permanecería explosivamente iluminado.  Un alucinógeno tapete que se extendió por todo el carnaval donde también la gente gozó en el colorido parque de diversiones con montaña rusa, rueda de chicago y decenas de atracciones incluidas, las que pusieron a delirar aun más a los miles de ravers. La tembladera también vino de parte de las gigantescas instalaciones de arte repartidas por todo el autódromo, monumentales esfinges de bronce y yeso con figuras de hongos, margaritas, pirámides e insectos hicieron comparsa con las decenas de estructuras de neón y carruajes propios del carnaval de Rio de Janeiro, las cuales con pistas de baile incluidas terminaron de convertir al Vegas Motorway Speedway en un jardín del Edén, la meca del vértigo y las dopaminas.

Cuerpos semidesnudos con atrevidos tutus, diminutos pasties, tangas Xs, body painting y todas especie de lencería que coqueteaba con lo pornográfico hizo que las inhibiciones fueran un agente difunto en esta fiesta donde cuerpos perfectos de hombres y mujeres, la mayoría de menores de 25 años, hicieron que el ritmo de los beats se disolvieran de forma sensual en los poros de la piel. Botas con peluche,  collares de shakiras, vestidos arcoíris, mascaras de gases, trajes alados, pelucas multicolores, atuendos de dominatrices y toda la parafernalia CANDY y de la era de la psicodelia hicieron también parte de este arco iris de atuendos.

“Lo ecléctico del vestuario hace parte de la personalidad de este género.  Es nuestro alter ego, la manera de quitarnos el rotulo x o y para simplemente expandir el corazón y la conciencia al ritmo de los beats” me dice Jenny Calderón, joven dominicana de 24 años quien viajó desde San Diego a este, su tercer Electric Daisy Carnival en las Vegas.

En lo musical EDC fue sin duda un baldado de goce, lo que tuvo que ser Woodstock en su momento. No hubo manera de digerir un set cuando otro más grande y más fuerte reventaba en el cielo. El viernes pude ver a Nicole Moudaber, The Martinez Brothers, Dubfire y Carl Cox reventarla con sendos sets. El sábado la plana mayor se tomó la pista con toques de Kaskade, Avicii y Tiesto con un set de casi tres horas que coronó la noche con la llegada a los platos de Benny Benassi, Dada Life y Paul Oakenfold. También  Chromeo, el dúo canadiense se tomó por los cachos la tarima de electro junto a Knife Party, y Mr. Oizo. El domingo y sin perder el impulso el veterano pero severo dj inglés John Digweed compartió honores desde la tarima 100% Techno con la nueva consentida, la productora y Dj londinense Maya Jane Coles, Art Department, Damian Lazarus y el dj de Detroit Jimmy Edgar.

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