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Director técnico: ¿el trabajo más difícil del mundo?

Freelancers del mundo: nunca envidien la vida de un técnico de fútbol.
Por
Héctor Cañón

Es un oficio tan riesgoso como manejar taxi en Bogotá, tan inestable como tener un contrato de prestación de servicios y requiere tanta diplomacia como la de los embajadores. Eso sin contar que los hinchas, una horda de “jefes” injustos, les recuerdan a sus santas mamás cada vez que sus dirigidos la embarran. 

Por: Héctor Cañón // Foto: Gettyimages

Néstor Otero, licenciado caleño en matemáticas, es el paradigma de la inestabilidad laboral que padecen los directores técnicos de fútbol. En 17 años de trabajo, cambió 14 veces de empleador y tras seis décadas de vida puede decir que conoce el mercado de su profesión como pocos. Ha dirigido 12 de los clubes colombianos que han jugado en primera división en lo que va corrido del siglo (en dos de ellos tuvo una segunda oportunidad), lo que implica que ha tenido bajo su cargo más de 300 jugadores y su trabajo ha sido fiscalizado por millones de hinchas. Sí señores, millones. Sumando apenas tres de las hinchadas (Deportivo Cali, Santa Fe y Tolima) que despotricaron sobre su trabajo, en los estadios o frente a la tele, ya tiene su primer millón de “jefes”. Eso sin contar a la feroz prensa deportiva.

Otero es un brillante ejemplo de que, a pesar de que aquellos que dirigen a los campeones facturan cifras astronómicas y la gloria y fama les suministran picos de placer que jamás alcanzaremos la mayoría de mortales, el trabajo de director técnico es uno de los más difíciles del mundo.

Es verdad que el portugués José Mourinho, el catalán Pep Guardiola y el italiano Carlo Ancelotti ganan alrededor de 20 millones de dólares al año, pero ellos están a la cabeza en cuestión de sueldos. La inmensa mayoría de técnicos, en Colombia y fuera de ella, están tan lejos de esas cifras como de la luna, de los títulos de campeón o de la confianza de sus empleadores. Además, el billete que ganan no los libra del complicado entorno del fútbol moderno, donde hace ya un buen rato la pelota le cedió su reinado a los dólares. El que gana en la cancha es el que gana en sus cuentas bancarias y en el corazón inestable de los hinchas. Los demás deben pasearse por uno y otro club sin remedio ni copas.

Tal vez, los fotógrafos de primeras comuniones y fiestas de quince años, los actores de papeles terciarios en los culebrones o los profesores del mercado nacional podrían pavonearse reclamando que ellos también la tienen dura. Pero la verdad es que desde el ególatra Mourinho hasta el peleón Jorge Luis Pinto, pasando por el sobrio Pékerman, los directores técnicos viven en riesgo permanente de perder sus empleos. Como si eso fuera poco, deben lidiar con los caprichos de algunas estrellas en sus equipos y también hacer su trabajo lo mejor posible en la olla a presión de la hinchada, los directivos del club y los medios de comunicación.

Pueden ser despedidos después de lograr lo imposible por los caprichos de una hinchada o de sus directivos, como le sucedió a Gerardo Pelusso en Santa Fe. Ganó la Copa Suramericana el año pasado (el máximo logro en la historia del fútbol bogotano) pero eso no fue suficiente para los directivos ni para la hinchada. Omar Pérez, uno de los referentes de la historia santafereña, le cazó pelea desde el banco de suplentes. Después de varios roces, al mejor estilo de las telenovelas, dijo “¿él o yo?”. ¿Y adivinen qué? Hoy Pelusso no tiene empleo y Pérez sabe que manda en el equipo, a pesar de que su rendimiento dista mucho del de sus días gloriosos.

La idea de un proceso laboral en su medio es utópica. Sir Alex Ferguson, quien ganó 34 copas con Manchester United en 27 años de trabajo, es una leyenda imposible de repetir para los directivos de la actualidad y Goy Roux, quien llevó al Auxerre francés de la cuarta división al título en la primera en 44 años de ires y venires, es un mito impensable en el fluctuante negocio de la pelota de la actualidad. La lista de dones que deben tener es tan interminable como la de los fracasados en uno y otro club. Todos, con excepción del quisquilloso Pecoso Castro que se encarga solito de armar las trifulcas, deben salir a corregir las declaraciones de sus jugadores con diplomacia y sin dejársela montar a la vez.

En épocas del Bolillo y Maturana, los técnicos debían ser policías para que los jugadores (liderados probablemente por Asprilla) no se pusieran de ruana el hotel y convencer, con videos en mano, a otros como el Pibe Valderrama para que entendiera que sí podía jugar bien fútbol con canilleras. 

Por lo visto, ser director técnico es tan riesgoso como manejar taxi en Bogotá, tan inestable como tener un contrato de prestación de servicios y requiere tanta diplomacia como la de los embajadores. Eso sin contar que los hinchas les recuerdan a su santas mamás cada vez que sus dirigidos la embarran. 

TOP 5

Directores técnicos en aprietos 

1. Zinedine Zidane

El francés apenas pudo respirar el fin de semana pasado, tras tres meses de presión extrema. Canalizar los egos de Cristiano y James, complacer a la mordaz hinchada madridista y lidiar con los caprichos de Florentino Pérez, presidente del club, no es tarea sencilla. La victoria del fin de semana pasado ya es historia. 

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