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En internet el fútbol también se ha vuelto un campo de batalla

Nos estamos quedando cortos de lugares donde no haya “hinchas” que no quieran darse en la jeta.
Barras bravas
Barras bravas
Por
Héctor Cañón

Como si desterrar a la familia colombiana y su plan dominguero de ir en parche al estadio no fuera suficiente, hoy los violentos del fútbol también invaden la red para intimidar a quienes usan tecnología y deporte para divertirse. ¿Y ahora, quién podrá ayudarlos?

Por: Héctor Cañón Hurtado // @CanonHurtado - Foto: Getty 

La violencia que ha crecido vertiginosamente en los estadios colombianos y sus alrededores durante las dos últimas décadas tiene ahora un nuevo escenario donde seguir extendiéndose a sus anchas. Así como el parche familiar fue casi desterrado de los escenarios deportivos por la ira de las barras bravas, entrar a un chat de los canales de balompié online o comentar desprevenidamente alguna publicación futbolera es arriesgarse al madrazo, a la amenaza, a la iracunda falta de argumentos de quienes creen que atacar a los que piensan diferente es el único camino posible para expresarse.

Pero eso no es lo único. Desde hace un tiempo las barras bravas de todo el planeta usan Facebook, Twitter e Instagram para condenarse a muerte, para citarse a pelear, para exhibir banderas robadas y enseñar las armas prestas al combate mientras las autoridades no encuentran mecanismos para impedirlo.

En Colombia, empezaron a tomarse Internet hace casi una década y hoy en día surfean por las redes sociales con dos caras: una que propone guerra sin cuartel y otra que alienta el apoyo a los jugadores y la organización interna para una fiesta en paz. El problema es que la propuesta agresiva tiene seguidores dispuestos a obedecer. A pesar de que en 2008 las autoridades cancelaron por primera vez un partido de fútbol entre Medellín y Cali al enterarse por las redes sociales de que se iba a armar la gorda, la web sigue siendo un espacio de enfrentamiento para las barras sin que eso les implique ser judicializadas.

Aunque ya hay varias muertes anunciadas como la del hincha caleño Oscar Sandino, quien antes de ser apuñaleado fue amenazado virtualmente por sus asesinos, no hay ninguna ley que ataque en forma directa la violencia de los hinchas en la web. En junio de 2013 circuló libremente en Internet un mensaje que llamaba a la venganza a “todos los cuchilleros, ratas y picados de malos” del equipo de Millonarios. Días después, Sandino fue asesinado y hasta la fecha los responsables del crimen no han sido identificados y probablemente siguen generando violencia en los estadios y la red.

Lo paradójico del caso es que mientras los delincuentes usan al máximo los recursos tecnológicos las autoridades siguen, como pasa con todos los crímenes informáticos, en pañales en el tema. Aunque las principales ciudades del país tienen listas negras de hinchas de alrededor de mil miembros, su entrada a los estadios no se puede controlar debido a que aún no se implementan los medidores biométricos anunciados hace tres meses por el gobierno, como una de las nuevas medidas anti barras. Y si los vándalos pueden seguir aterrorizando en los estadios, en Internet son aún más libres para desfogar su ira.

Sin embargo, no somos los únicos con violencia en las tribunas virtuales. En Brasil y Argentina, las autoridades también han prohibido cotejos al descubrir, vía Facebook, que dos hinchadas se han citado para una nueva batalla callejera. En la tierra de los pentacampeones del mundo algunos vándalos han terminado en la cárcel después de que un exhaustivo paseo por Internet les ha confirmado a los jueces su carácter violento y su participación en actos criminales. Además, las hinchadas populares de los grandes clubes son vigiladas por medio de sus redes sociales desde que en mayo de 2011 un enfrentamiento acordado en Internet por las torcidas de Vasco de Gama y Flamengo dejó un muerto y siete heridos de gravedad.

Mientras tanto, en Argentina, una de las cunas de la agresividad futbolera, los hampones se las arreglan para hackear a sus archirrivales y ponerlos en ridículo. River Plate, una de las víctimas preferidas, ha tenido que recurrir a todo tipo de bloqueos para que en su página web no vuelva a aparecer la burla que los apoda Club Atlético Primera B, en alusión a su descenso a la segunda división.

¿Cuándo aparecerán leyes que regulen esa agresividad? ¿Quiénes son los creadores de estos grupos violentos? ¿Por qué pueden seguir transmitiendo resguardados en el anonimato del que disfrutamos la mayoría de mortales que visitamos a diario Internet? ¿Cuál es la responsabilidad de los dueños de las redes sociales y de los canales online legales en este relajo?

Las respuestas van a tener que esperar. Por lo menos en Colombia, una nación violenta que intenta (peleando, claro, para no perder la costumbre) detener una guerra más vieja que la mayoría de sus 44 millones de habitantes. La triste verdad es que este país esta tan ocupado en resolver la violencia real que no le alcanzan los ojos para ver que la violencia virtual también es un canal de odio efectivo.

“Hay que dejar de ver el mundo digital como un espacio virtual y entenderlo de una vez como una extensión del mundo real”, dijo recientemente Marta Santa País, especialista de la Organización de Naciones Unidas. Aunque en su discurso estaba refiriéndose a las mejores estrategias para enfrentar los embates de la pedofilia a través de las redes sociales, la verdad es que su declaración aplica para el fútbol y para cualquier otro escenario en donde la vida virtual y la vida real se fusionen tanto que las fronteras entre una y otra se desvanezcan. 

Hoy en día tenemos sexo virtual, comercio virtual y entretenimiento virtual. Además estamos expuestos a la violencia virtual que busca reproducir en un chat la furia de las masas que se citan en los estadios para descargar odio. Así somos los seres humanos: convertimos en arma de guerra cualquier herramienta útil que pongan en nuestras manos los genios creativos. Uno de los ejemplos más recientes e impactantes fue el del hincha ruso que se amarró una Go Pro al cuerpo para que los desmanes vividos en la pasada Eurocopa de Francia 2016 le dieran la vuelta al mundo por Internet. 

 

 

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