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Estamos mamados de Cristiano Ronaldo

Cristiano Ronaldo es una especie de Doctor Jekyll and Mister Hyde del fútbol
Por
Héctor Cañón

Cristiano, despierta, no eres el mejor jugador portugués de la historia. Antes de ti están Figo y Eusebio, dos señores con las pelotas bien puestas.

Por Héctor Cañón Hurtado @CanonHurtado // Foto: Gettyimage

Cristiano Ronaldo es una especie de Doctor Jekyll and Mister Hyde del fútbol. Lo que hace con Real Madrid, el club con el que factura alrededor de 20 millones de euros por temporada, lo borra con la selección Portugal, equipo en el que hace el ridículo cada vez que disputa un torneo de selecciones.

A mí, queridos amigos, me tiene mamado. Hasta la coronilla. Y no porque eso mismo haya dicho Oliver Kahn, el célebre portero alemán, sino porque no soporto que, después de las gambetas y los golazos que hace, deje aflorar a un payaso confundido con la fama mientras la televisión nos vende la idea de que debemos aspirar a imitarlo en nuestras vidas cotidianas.

A pesar de que hay genios eternos que se erigen sobre las masas de mortales anónimos, es un deporte de conjunto. Pásamela, te la paso y celebramos juntos, una idea que no tiene cabida en el portentoso ego del portugués.

Vale la pena recordar el momento en que Arbeloa, uno de los compañeros que lo ha sufrido en Real Madrid, empujó al fondo de la red un balón que él había pateado y su pataleta no se hizo esperar. En vez de correr a celebrar el gol de su equipo, exhibió su frustración por no sumar un nuevo tanto que lo llevará a ser goleador de la liga española.

No creo en la imagen de chico perfecto que proyecta en las redes sociales, donde más de 215 millones de personas permanecen embrujadas por su hambre de ser el más guapo de la fiesta y a la espera de la foto con el nuevo look, con la nueva buenona que cae ante sus encantos, con el último comercial en el que quieren vendernos la idea de que su vida es el cuento rosa de un príncipe azul.

Se muere uno de la risa viendo la propaganda en la que Nike juega a meternos el gol de un CR7 que hace maravillas, a lo play station, con la camiseta de Portugal mientras en la vida real desperdicia penales en el último suspiro del partido y permanece en vilo, hasta el minuto final, para clasificarse a la segunda ronda de la Eurocopa 2016, a pesar de compartir grupo con equipos cuyos jugadores quisieran pedirle una foto al final del partido: Islandia, Austria y Hungría. 

En el oropel mediático de las redes sociales, una horda de señoritas y señoritos babean con su musculatura mientras desconocen las incidencias del deporte rey, saturan sus perfiles de likes y comentarios platónicos y, tal vez sin ser conscientes del daño que le hacen a su confundida mente, nutren su necesidad de ser el protagonista de nuestras vidas.

Cristiano, despierta, no eres el mejor jugador portugués de la historia. Antes de ti están Figo y Eusebio, dos señores con las pelotas bien puestas.

En mi opinión, como futbolista CR7 es un galán mediático. Su show –hecho de raros peinados nuevos, desplantes a los demás futbolistas (sean rivales o compañeros) y monumentales celebraciones que edifican su ego– ya está trillado y necesitaría renovarse cuanto antes si es que desea seguir punteando en el mundo del espectáculo.

La arrogancia, tarde o temprano, pasa cuenta de cobro. El fútbol, un deporte en el que constantemente se suman nuevas batallas a las que ya tienen una larga tradición, no podría ser la excepción a esa regla. Mientras los dueños del negocio inventan torneos para seguir facturando, los grandes cracks sufren para poder mantenerse en la cima y la fanaticada, implacable a la hora de juzgar los errores de los ídolos propios y ajenos, redobla su atención cuando los divos se enfrentan a una nueva prueba de su talento en el terreno de juego.

Cristiano encabeza una larga lista de futbolistas que están saturados por el exceso de partidos, por las astronómicas cifras de dinero que reciben a cambio de su trabajo, por la pompa de la Champions League. Neymar, Messi y el propio James llegan mamados a los partidos con sus selecciones después de sufrir una presión insoportable en las ligas de Europa, que termina desnudándolos a los ojos del planeta fútbol y enseñándonos a todos que la fama y el dinero no conducen a la felicidad.

Mientras los hinchas se preparaban para verlo brillar con la camiseta de Portugal y sus compañeros de equipo la sudaban entrenando para la Eurocopa, él apareció enrrumbado en un yate con una modelo colombiana. Manuel José, el director técnico portugues, lo regañó públicamente. “Tiene demasiadas ansías de protagonismo y un ego más grande que el mundo, debería respetar más a sus compañeros”, dijo el viejo que brilló en un fútbol en el que no había redes sociales donde disimular los errores en las canchas.

CR7 respondió, días después, publicando fotos con sus compañeros en la selección con el objetivo de mostrarse humilde y solidario. Sin embargo, la triquiñuela apenas le funcionó hasta que rodó el balón. En el partido del debut no pudo hacer nada para evitar un empate lánguido contra la desconocida selección Islandia

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