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Suárez muerde a Messi y CR7

Desde hace seis temporadas, Messi y Cristiano Ronaldo mantienen una monótona hegemonía en la tabla de goleadores de la Liga de las Estrellas.
Por
Héctor Cañón

Desde hace seis temporadas, Messi y Cristiano Ronaldo mantienen una monótona hegemonía en la tabla de goleadores de la Liga de las Estrellas. Forlán, otro uruguayo sediento de gol, fue el último en alzarse con el trofeo que, desde entonces, se alternan el argentino y el portugués. El Mordelón pinta para Pichichi y, fecha a fecha, la rompe mientras declara a los medios “soy uno del montón”. Cómo no te vamos a querer, Luchito goleador, seguí rompiéndola. (CR7 que se joda…La Pulga es tu parcero).

Por Héctor Cañón Imagen // Foto: AFP.

Luis Suárez es el mejor delantero del mundo en el momento. Y lejos. El Mordelón se recuperó del mordisco caníbal a Giorgio Chiellini en el Mundial 2014, de la despiadada sanción de la Fifa (que lo obligó a ver por tele a su selección y lo sacó de Brasil como si fuera un delincuente de la talla de Blatter) y de los irónicos memes que le ponían cuerpo de perrito schnauzer furioso, conviertiéndolo en el hazmerreír del deporte rey y las redes sociales.

Hoy, Lucho Suárez amenaza el reinado alternado de La Pulga y CR7, quienes, desde hace seis años, se reparten el Pichichi y los elogios del planeta futbolero cada temporada.
 
Curiosamente (o tal vez solo sea un buen augurio), su paisano Diego Forlán, fue el último en alzarse con el trofeo de máximo anotador de la Liga Española, en la temporada 2008-2009, antes de que arrancara la monotonía hegemonía de Messi y Cristiano.

Falcao, cuando era el Tigre, alcanzó a ilusionarnos con pelearles el Pichichci a los divos, pero, tras unos arranques en los que los acompañaba en la parte alta de la tabla de goleadores, su frecuencia goleadora se iba diluyendo, fecha a fecha, porque el Atlético de Madrid de entonces no tenía la capacidad pata mantener el ritmo arrollador de merengues y azulgranas.

“Messi es el mejor, Neymar es un genio y yo soy uno del montón”, dijo recientemente el Mordelón al referirse a las otras dos partes de la trilogía que, fecha a fecha, hace del fútbol un arte. 

Precisamente, el hecho de contar con el mejor jugador argentino y el mejor jugador brasileño de la actualidad en sus filas es, después de su ambición y sagacidad de cara al gol, lo que lo hacen subir en las apuestas en la carrera hacia el Pichichi de esta temporada.

Hoy, tiene los mismos 19 goles que tiene CR7 en lo que va de temporada, pero su frecuencia goleadora es de un tanto cada 94 minutos (la del portugués es de uno cada 105 minutos), ha jugado dos partidos menos que él y solo uno de sus pepinos fue de penalti, mientras que el divo del Real acertó en cinco oportunidades desde el punto fatídico.

A Messi ya le lleva 7 goles de ventaja en la pelea por el Pichichi (lo que le debe importar un comino al argentino) y, además, entre los dos se respira hermandad cuando se enfundan la camiseta del mejor club del mundo en el momento y saltan a la cancha a deleitar a los futboleros del planeta, incluidos los del Real Madrid.

Además, Luchito tiene a su favor algo que hace aún más grande a un grande (y de lo que carece Cristiano Ronaldo): humildad. Si al final de la temporada el Pichichi se le escapa, no estará haciendo pataletas como las que hace CR7 cuando sus compañeros no le ceden las oportunidades de gol en el área o cuando las cosas no salen como el quiere que salgan. 

Para Suárez, cualquier gol de sus compañeros de escuadra es tan importante como los suyos. Ni más ni menos. Por eso, verlo pelar sus portentosos dientes cuando el Barsa celebra, métala quien la meta, es tan bacano como verlo deshacerse de rivales, meter cuquitas y romper las redes con sus taponazos certeros. Grande, Mordelón. 

Su catálogo de pepinos decisivos es delirante. En la pasada final de la Súper Copa de España le empacó uno al Sevilla y en el debut de la Liga Española y de la Champions 2015-2016 anunció que estaba conectado cuando casi todos los demás luchaban para reintegrase al ritmo de competencia después de las vacaciones, anotando en ambos cotejos. 

Luego, en el Camp Nou, se fue de doblete contra la Roma y el Bate en la Champions. Al Real Madrid, en el último clásico, también lo golpeó dos veces. Y con que golazos, señores merengues.

En el Mundial de Clubes, un torneo aburrido que desnuda las abismales diferencias entre las ligas europeas y las del resto del planeta, puso la poca chispa que hubo. Al Guangzhou le empacó tripleta y en la monótona final contra River Plate, se fue de doblete una vez más. 

En la última fecha de la liga española, cuando se jugaban tres puntos claves ante un rival directo de cara a la vuelta olímpica, puso el 2-1 a favor de los catalanes y permitió que su equipo le sacara tres puntos más de ventaja al Atlético de Madrid. 

“Poropopo, poropopo, el que no salta es uruguayo mordelón”, cantaban los 50 mil colombianos que asistieron a la victoria de la Sele sobre Uruguay en el mítico Maracaná mientras Suárez veía en la tele la derrota de su equipo.

Ese día, parecía un jugador sentenciado a muerte por los mafiosos de la Fifa, pero la verdad es que el duro golpe lo puso contra las cuerdas y lo hizo sacar su mejor fútbol para el deleite de los que amamos este deporte. “Con Suárez en la cancha la historia hubiera sido otra”, me dijo un argentino en el metro de Río al día siguiente del partido más memorable en la historia de la selección Colombia. “Este man tiene güevo”, pensé entonces. Hoy le doy la razón.

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