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Homenaje póstumo a Chapecoense

El fútbol está de luto con la noticia del accidente del avión en el que viajaba el equipo brasilero.
Por
Héctor Cañón

La rivalidad que enciende al planeta fútbol en cada nueva fecha ve obligada a cederle su espacio a la solidaridad con el club brasileño Chapecoense, por la muerte de 19 de los jugadores que tenían como misión lograr la hazaña de derrotar a Atlético Nacional en la final de la Copa Sudamericana 2016.

Por Héctor Cañón Hurtado @CanonHurtado

El fútbol está de luto y la tragedia aérea del Chapecoense nos da una bofetada a los hinchas al demostrarnos que la pomposa gloria de las canchas es efímera y pasajera. También que el odio a los colores rivales es mera estupidez. A nadie, por más hooligan que quiera parecer, se le ocurriría ahora cantar en contra del “Verdao del Oeste”, como se le conoce al pequeño club brasileño que hace apenas tres años no tenía gimnasio ni campo de entrenamiento propios y que a punto de talento y sacrificios derrotó a Independiente y San Lorenzo de Argentina antes de clasificar a la final del torneo continental contra Nacional. El nuevo bus del club, que hace apenas dos años remplazó al destartalado en el que solían vararse antes de llegar a su destino, ya no tiene jugadores ni cuerpo técnico a los que llevar.

La ilusión de un título, que anoche chocó contra las montañas antioqueñas, nació en 1973, año en que el club surgió con el propósito de despertar la pasión futbolera de un pueblo que hoy tiene apenas 200 mil habitantes, el hasta ayer anónimo Chapecó. En 2009 ascendieron a la cuarta división. Tres años después, escalaron un peldaño más. En 2014 llegaron al torneo que surte las ligas europeas de cracks y anoche, cuando el avión que los llevaba a su partido más importante se estrelló, se sentían preparados para disputarle a Nacional, bajo la presión de 40 mil hinchas enemigos, con un cuchillo entre los dientes y a muerte cada balón, como suele decirse en el argot futbolero.

Tampoco nadie podrá cantar a su favor el próximo 7 de diciembre en el estadio que Coritiba les había alquilado para que pudieran recibir a los paisas en un escenario más grande y a ritmo de batucada como acostumbran sus contados hinchas. “A força imensa de sua fiel torcida / Que nos estádios tudo é lindo e nos fascina / A nossa massa meu verdão mexe contigo / Tu és querido em toda Santa Catarina”, himno con el que los recibían cuando salían a la cancha tendrá que esperar un buen tiempo antes de volver a sonar en su estadio que, a pesar de tener una capacidad para 22.830 espectadores, lucía desocupado en la mayoría de cotejos.

Al parecer, el hecho de que en el último torneo brasileño ocuparan la novena posición a 25 puntos del campeón Palmeiras justificaría las graderías vacías. Además, vale la pena recordar que los brasileños consideran a la Copa Sudamericana un torneo menor y aburrido. Tal vez ahora, los chapecoenses que siempre han decidido hacerles barra a Gremio e Internacional, los dos clubes grandes y ganadores de Porto Alegre, se animen a alentar al equipo de su pueblo en la desgracia.

La tragedia del club brasileño es una triste paradoja. Cómo imaginarse que los gloriosos pasos que parecían llevarlos a una hazaña deportiva conducían a una desgracia. Thiago, Cléber Santana y Ananias, jugadores que empezaban a sonar para regresar a clubes grandes de Brasil donde no habían podido brillar, pasarán a ser leyenda por haber fallecido antes de desplegar todo su talento en las canchas. Danilo, Kempes y Gil, quienes soñaban con cerrar sus carreras con un título imposible de lograr por pergaminos históricos, también entrarán a la mítica lista. Mientras tanto, el argentino Hernán Martinuccio, quien llegó como promesa y terminó en la banca por las lesiones, podrá seguir intentándolo ya que no fue incluido en la lista de convocados para el decisivo partido y en consecuencia no se hizo parte del grupo que, por una decisión de última hora de las autoridades brasileñas de aviación, debió cambiar de aeronave para viajar a Colombia.

Rafael Lima, Nenem, Demerson y otros cinco juveniles son los otros jugadores que se salvaron de la tragedia aérea. Por su parte, Alan Ruschel, Neto y Follman, sobrevivientes del accidente, la tendrán más difícil para reintegrarse al deporte. Además de los múltiples traumatismos físicos que aún tienen sus vidas en riesgo, deberán superar la conmoción emocional que sufren todos los sobrevivientes de accidentes aéreos. Bobby Charlton, la gran leyenda del fútbol inglés que sobrevivió la tragedia en la que murieron la mayoría de compañeros del Manchester United en 1958, será un ejemplo de tesón en caso de que sea viable para ellos volver a patear el balón.

Tras enterarse de la noticia, los jugadores de Atlético Nacional pidieron que Chapecoense sea declarado campeón en un gesto de gallardía y humildad. Gilbetro Alcatraz García fue el encargado de lanzar la propuesta que minutos después harían oficial las directivas del club. Incluso algunos hinchas sensatos están de acuerdo en que la Copa Sudamericana sea un homenaje póstumo para los muchachos que, antes de subirse al avión boliviano de Lamia Corporation, se tomaron una foto alegre en la que reflejaban su ilusión de convertirse en el primer equipo verdaderamente chico en coronarse campeón de la Copa Sudamericana.

Sin embargo, la Conmebol tiene la última palabra en esta situación inédita que difiere de otras tragedias como la de Torino en 1949, la de Manchester United en 1958 y la de Alianza Lima en 1987 por el hecho de que en este caso las víctimas estaban a punto de disputar una final continental. Los intereses económicos que generan los dos partidos pendientes tendrían que ceder para que se encuentre una solución que no afecte a ninguno de los dos clubes ni a sus patrocinadores y que, a la vez, sea una despedida de honor para los jugadores brasileños. ¿Será capaz la Conmebol de derrotar su eterna servidumbre a intereses privados?

La idea, que nació en redes sociales, de hacerles un homenaje póstumo a los jugadores en el Atanasio Girardot a la hora en que se habría jugado el partido sería por lo menos un acto simbólico que aliviaría el dolor de los familiares, de los sobrevivientes, de la hinchada de Chapecoense y del planeta fútbol que, a punta de trancazos como este, puede llegar a entender que todo el circo que se genera con la fama y el billete alrededor de este deporte puede desplomarse en el aire en un segundo.

¡Buen viaje, campeones!

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