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Un buen par de teclas

Por
Profesion Gamer

Por: Maiker Orjuela - @ProfesionGamer
Foto: iStock

El común denominador de la mayoría de hombres y sus súper amigos no suele salirse de este círculo: fútbol, comida, rumba, chicas, chicas, chicas y chicas.  Lógicamente, esta no es mi historia ¡SOY GAMER! Y aun cuando todos podrían preguntar ¿cómo le dices no a todos estos deleites de la vida? - ¿te amarras a la cama? ¿Hablas con tu mamá para que no te deje salir? ¿Te mudas a un lugar árido y extremo? -.
 
La respuesta es poco complicada, simplemente la conoces a ella, tu compañera de aventuras y tristezas, aquella que te ha visto triunfar y morir mil veces el mismo día, ella que no te juzga ni reclama cuando no le das tiempo: ¡tu consola de videojuegos!

Puede que tal epifanía designe el preciso momento en que abres una brecha infinita entre ella y la posible y afortunada madre de tus hijos, sí, TUS HIJOS. Pero no hay de qué preocuparse, igual es solo una brecha infinita, para nosotros los gamers que somos expertos en resolver esta clase de problemas es un simple acertijo,  somos tan eficaces que podemos negarnos mil veces con la misma chica y aun así lograr que siga perdidamente enamorada de ti.

Mientras escribo, recuerdo como esperaba con ansias los fines de semana para reunirme con mis amigos y llevar a cabo nuestros retos personales de FIFA, recuerdo también como ella aparecía un día antes de mi sagrado FDS, con sus caderas  hermosas, tipo JLO, pretendiendo seducirme para que dejara mi sagrado encuentro.

Era en ese momento cuando escuchaba una y otra vez las palabras de mis amigos hablando de nuestro próximo encuentro en FIFA, un nuevo reto personal, una nueva oportunidad de tener tu revancha con el gordito que te  había ganado en el último minuto - siempre hay un gordito en el grupo con el que no puedes perder – repaso aquellos días y en mis oídos hacen eco las palabras: marrano, tronco, fácil, y en el peor de los casos cenicienta. Era como morir en carne viva y por eso tenía una rotunda respuesta a mi Afrodita: “No amor, este fin de semana tengo que acompañar a mis papás que están arreglando la casa”, y obviamente en algunas ocasiones ella me preguntaba si estaban construyendo la nueva Torre Colpatria o si estaban edificando una aldea para ellos solos.
 
Así que un día llegó el momento definitivo donde me llené de valentía como mis grandes héroes y tomé el valor suficiente para decirle: “Amor, este fin de semana iré con mis amigos a jugar FIFA”. Estaba preparado para todo tipo de reclamos: inmaduro, ridículo, aburrido… pero tenía todos los argumentos necesarios a mi favor: ¿prefieres que vaya a jugar o que me vaya  de rumba? ¿Prefieres saber que estoy jugando con mis amigos o que esté por la calle sin saber dónde estoy?

Estos eran solo algunos de los mil que tenía disponibles y curiosamente, es más, asombrosamente no fue necesario usar ninguno de ellos, ella misma sin titubear me dijo, prefiero que estés jugando en casa un fin de semana y no de rumba con otras viejas. Esto lo tomé muy enserio y señores les tengo el dato: ¡viviendo juntos, realmente comienza el juego!

Cuando ella duerme, es un reto más, tienes que pasar niveles sin morir y sin despertar a tu esposa, sin hacer ruido, sin gritar, sin respirar fuerte, sin tirar tu control, sin insultar al japonés que está al otro lado del mundo y te mata, desarrollas la destreza  para  apagar el tv, fingir estar dormido, mientras ella voltea a las 4 am, y aun así, después de que te aseguras que ella está dormida, prendes el tv y sigues en tu mundo con una sonrisa en el rostro y con una frase a flor de piel: ¡AÚN ESTOY VIVO, PERROS!