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¿Cómo viajar mucho y comerse el mundo?

El objetivo: salir y comerse el mundo, atragantarse con sus calles y su gente, sus diferentes pedazos de cielo, su comida y sus sonidos.
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Próxima Parada

Este año me hicieron la pregunta decenas de veces. Que cómo hago para viajar tanto. Que de dónde saco toda esa plata. Que si me robé un banco o nunca conté que era la única beneficiaria de un familiar multimillonario.

Por: Laila Abu Shihab // @laiabu

Mi respuesta nunca es concreta, nunca es la misma, así que tal vez se desilusionen si siguen leyendo este texto. Lo que con total honestidad puedo decirles, después de acumular años de experiencia en el tema, es cuáles son algunos los factores que creo ayudan a lograr ese objetivo: el de salir y comerse el mundo, atragantarse con sus calles y su gente, sus diferentes pedazos de cielo, su comida y sus sonidos.   

1.    Hay que querer viajar en serio. Suena obvio pero no todos lo tienen claro y eso no ayuda ni un poquito. ¿De verdad le gusta tanto viajar? Pregúnteselo y respóndaselo con franqueza, nadie va a regañarlo o a mirarlo rayado porque prefiera estar la mayor parte del tiempo en la comodidad de la casa, en su zona de confort y certezas. No tiene nada de malo que así sea. Son, simplemente, diferentes estilos de vida. Con el tiempo, he aprendido a desconfiar de aquellas personas que gritan que su mayor pasión es viajar pero se ponen de mal genio cuando deben salir de la ciudad en la que viven, así sea sólo por un día. Lo dicen por decirlo, porque suena interesante, cool, distinto. 

Después de ser sincero con esa primera pregunta, piense en el tipo de viajes que le gustan y en los que definitivamente no encajan con su modo de ver la vida. Hay personas que aman viajar pero siempre a la playa y siempre a planes todo incluido, hay quienes sólo se sienten felices desconectándose e internándose en la selva, hay algunos que prefieren los viajes de aventura y deportes extremos y otros que prefieren aterrizar en una nueva ciudad por la gastronomía o la cultura. ¿Podría andar con un morral al hombro durante varios meses? ¿Prefiere tener todo planeado desde que se monta en el avión hasta que se devuelve? ¿Es de los que sólo viaja durante los 15 días hábiles que cada año le da su empresa por el periodo legal de vacaciones? ¿Maleta de ruedas para todas partes? ¿Cocina cuando está de viaje? ¿Viaja porque le encanta hacer compras? ¿Considera una tortura pasar 8 horas en un museo? ¿Le gusta caminar? ¿Le molesta montar en bus y por eso siempre paga taxi? 
Tener claro que de verdad quiere viajar y su tipo de viaje favorito es el primer paso digamos motivacional, de manual de autoayuda. Sin eso, lo demás es carreta.

2.    Contar con suerte. Gracias al trabajo al que me he dedicado desde que estaba en la universidad, que al mismo tiempo es el oficio que me apasiona y me llena de vida, he tenido la oportunidad de viajar a muchos rincones de Colombia y a muchos países. Chocó, recorrido completo por el Eje Cafetero y el Amazonas, el sur de Bolívar, Nariño. Canadá, México, Chile, Israel, Palestina, Bolivia, Estados Unidos, Costa Rica. Los que tienen este factor de su lado arrancan con ventaja. Los demás, espero sepan disculpar (o se animen a buscarse otro trabajo, eso también es posible).   

3.    Unas por otras. A menos de que se gane la lotería o esa tía solterona cuya fortuna está regada en varios bancos le gire una generosa mensualidad, deberá sacrificar algunas cosas para poder montarse en el avión o en el barco que lo llevará al lugar de sus sueños. En mi caso -tranquilo, no necesariamente tiene que ser el suyo- he optado por no ser dueña de una vivienda, por no invertir en finca raíz al menos por ahora y gastarme en viajes la plata que gano. Ya le digo, son prioridades y estilos de vida, pero sí realmente le fascina viajar, asuma que deberá apretarse el cinturón en otro tipo de inversiones. Y sobre todo, no se sienta mal por eso, no se dé palo, no se culpe.

4.    ¿Miedo? ¿Qué es eso? El que halla el sentido de su vida en viajar y viajar, todo el tiempo, no puede vivir lleno de temores. El miedo y los viajes son incompatibles. Allá afuera el mundo no es más inseguro y difícil que aquí adentro. Se lo juro. Incluso, a veces es más solidario y más bonito. Menos gris, más colorido. 

5.    Salga de deudas. Hace poco, terminé una travesía increíble por toda Europa (o casi) que duró un año. Para lograrlo, además de romper varios marranitos bien alimentados de monedas y billetes, fue fundamental no tener ninguna deuda en el momento de emprender el viaje. Cuando me puse el morral al hombro y arranqué el recorrido que me llevó por 23 países y 119 ciudades no sólo no tenía ataduras afectivas y sentimentales, tampoco tenía ataduras económicas de ningún tipo. 

6.    El círculo vicioso: Cuando se empieza a viajar mucho -es decir, a entrar en el círculo- la agenda de amigos y contactos se expande y los viajes se multiplican. Hoy, tengo el privilegio enorme de contar con amigos que me pueden alojar en todos los continentes, con lo cual no sólo comparto experiencias enriquecedoras sino que ahorro una considerable cantidad de dinero que, activando el círculo vicioso en el que entré hace tiempo, me sirve para inventarme nuevos viajes.

7.    Romper el marrano. Siempre fue malísima para ahorrar. En realidad, lo sigo siendo. Plata que llega a mis manos, plata que se esfuma. Sin embargo, hace 8 años caí en cuenta de que si no me imponía al menos un poquito de disciplina para ahorrar unos pesos, nunca iba a viajar todo lo que quería. Desde entonces, lleno marranos de todas las formas, tamaños y colores (chanchas pornográficas, cerditos pintados para homenajear a equipos de fútbol, marranos cantantes y hasta periodistas) y para romperlos organizo sendos rituales, les hablo, les pido perdón por lo que va a suceder segundos después con un martillo o un cuchillo, les agradezco. Si no ahorran, no viajan. Endeudarse para viajar debería ser la excepción y no la regla.

Y de ñapa, un truco: existen empresas dedicadas de manera exclusiva a ofrecer planes de ahorro para viajar, con los cuales uno decide cuánta plata ahorra y por cuántos meses para al final recibirla completica y emplearla sólo con ese admirable propósito: comprar pasajes, pagar alojamiento, etcétera. Digamos que es un sistema que permite tener viajes prepagados. Yo todavía no lo he utilizado, pero ya varias personas me han hablado del modelo y siempre en buenos términos (en Colombia, la empresa más reconocida en este tipo de planes se llama Círculo de Viajes Universal, pero no digan que yo les dije).

Seguro ustedes tienen en mente otros consejos para garantizar que la vida sea muchos viajes. Ojalá quieran compartirlos conmigo.  

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