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Negocios Santos: Los multinivel y sus promesas espirituales

Las experiencias religiosas no solo incluyen templos y crucifijos, también vienen en forma de productos y promesas de éxito
Por
Fabián Páez López

Seguro a usted también le ha pasado que un ferviente vendedor de productos milagrosos lo ha tentado con la promesa de dinero fácil a cambio de unirse a una cadena de asociados. Era un vendedor multinivel, un mensajero de los nuevos credos con marcas propias: Amway, Zrii, Herbalife y un largo etcétera. ¿Están participando de una experiencia religiosa? Sí. Pregúntenos cómo.

Por: Fabián Páez López @Davidchaka // Ilustración: Cristian Escobar

Un poderoso coctel que incluye motivación personal, libros de autoayuda, superioridad moral en empaques ecoamigables, brebajes mágicos para solucionar cualquier problema y sueños húmedos con una fortuna y presencia equiparables a la del Lobo de Wall Street hacen que los famosísimos negocios multinivel funcionen como las nuevas fábricas de fanáticos devotos del crecimiento espiritual. Son tan poderosos porque a la larga el dinero no es lo único importante. Para los creyentes del multinivel vender es un acto de fe, y quienes terminan allí no solo lo hacen por las posibles ganancias, sino por las certezas, el éxito y la felicidad que ofrecen. Una paradójica combinación de crecimiento material y espiritual revueltos en el mismo costal.

Para ahorrarse prestaciones e impuestos, una buena cantidad de estas empresas enchutaron en sus manifiestos institucionales todo lo que le gente busca para llenar sus carencias. Busquen en el catálogo de libros de Amazon y verán que los números son sintomáticos. Por bajito, unos 34.000 títulos aparecen en la lista de guías de éxito; otros 18.000 figuran en la casilla de felicidad y autoayuda. Del mismo modo que los miembros de las religiones nacidas del cristianismo acuden a sus libros sagrados en búsqueda de ayuda espiritual, los vendedores multinivel se recetan entre ellos y consultan estas escrituras, que cada vez acaparan más los estantes de libreras y supermercados.

"Budistas sabios han reconocido que el nirvana, es decir, la iluminación, es como una traba alcanzable a través del uso de ciertos químicos. Pero la versión vendedora del budismo, la única que compramos a este lado del charco es la otra cara..."

Así no les prendan velas a los senséis de la positividad y la autoayuda financiera, Paulo Coelho, Robert Kiyosaki y cualquiera que haya hecho plata en equis cosa, estos cumplen el papel de santo profeta para los vendedores. En el argot religioso un profeta es quien habla en nombre de Dios a los demás seres humanos. Acá no hay dios, pero en los momentos de debilidad, un buen trabajador del multinivel consultará las historias de superación de tipos como Steve Jobs para encontrar palabras de apoyo. Hasta Donald Trump tiene un libro junto a Robert Kiyosaki en el que parecieran tener una revelación que contar, se titula: Queremos que seas rico. Dos hombres, un mensaje. Porque los millonarios que venden libros no solo tienen billetes para contar, sino que por alguna razón, parece que ascendieron espiritualmente a un estado de iluminación. Detengámonos acá.

Budistas sabios han reconocido que el nirvana, es decir, la iluminación, es como una traba alcanzable a través del uso de ciertos químicos. Pero la versión vendedora del budismo, la única que compramos a este lado del charco es la otra cara: estamos interesados en un budismo meditativo, que nos aleje del estrés, que nos desapegue de lo material. ¿Para qué? Paradójicamente, para ser más feliz y exitoso: o sea, para tener más plata.

Así, impartiendo el camino efectivo a seguir entre estar vaciado y tener plata, es como dice el psicoanalista Slavoj Zizek que la religión empezó a encajar en las formas en que consumimos todo en estos tiempos. Ahora compramos, vendemos y trabajamos guiados por un mix de prácticas y creencias religiosas de oriente y occidente. Y los conocidos Amway, Zrii, Herbalife, etc., etc., son unos maestros para explotar esa fórmula.

Todo multinivel inicia con la promesa de ser, cual retén para la policía nacional, el lugar en el que está la ‘money pulpita’; de ser la posibilidad de lograr más ingresos con menos esfuerzos; de llevar al nuevo afiliado a la tierra prometida de la independencia financiera que permita botarle al jefe el puesto en la cara. 

Además de que han convertido a una buena cuota de amigos, vecinos, familiares y desconocidos desesperados en insistentes vendedores de productos que dicen tener la cura milagrosa para eliminar la gordura, las enfermedades y la pereza, los han entrenado para ser acérrimos defensores de su modelo de negocio. Cualquier intento de crítica al hecho de tener que reclutar vendedores para que reclute a más gente en una cadena de ofrecimientos interminable termina convirtiéndose en un juego retórico. Basta con decir una mala palabra sobre el tema para que respondan con una piedra en la mano, o sea con un libro de autoayuda debajo del brazo; con plena seguridad histérica y un arsenal de citas motivacionales sobre la realización de los sueños individuales.

¿Cómo formaron a tal ejército de fieles radicales del ‘emprendimiento’?

Todo multinivel inicia con la promesa de ser, cual retén para la policía nacional, el lugar en el que está la ‘money pulpita’; de ser la posibilidad de lograr más ingresos con menos esfuerzos; de llevar al nuevo afiliado a la tierra prometida de la independencia financiera que permita botarle al jefe el puesto en la cara. Luego, cuando la nueva presa acepta la invitación empieza la liturgia. Hace un par de años, después de muchos ofrecimientos (y con un interés exclusivamente investigativo), participé en varios de estos juegos de adoctrinamiento.

Lo que en principio es un horizonte próspero y lleno de millones se convierte en una promesa de crecimiento espiritual a costa de lo mismo que en cualquier otra transacción de tiempo de trabajo por dinero. Esto se aprende en reuniones motivacionales que se imparten como clases de negocios. Cada tanto miles de personas llenan coliseos y auditorios para escuchar hablar de los libros que tienen que leer y de las cosas que tienen que querer.

Es en esos encuentros donde lo que era un negocio más empieza a convertirse también en la solución a los problemas del mundo: al desempleo, a las inseguridades y a la pereza ajena. Como cualquier proyecto religioso. Las preguntas a los cuestionarios que me ofrecían eran del tipo: ¿Quisieras tener más dinero y ser feliz? ¿Quisieras trabajar menos y ganar más? ¿Quisieras tener tiempo para realizar todos tus proyectos?

La respuesta era bastante obvia: ¿dónde firmo? La realidad, sin embargo, era que los que llevaban años intentando vender cosas y no la lograban cargaban con la cruz de la culpa, porque en las pirámides el único culpable de todo es uno mismo, así haya cosas incontrolables como, por ejemplo, mercados saturados.Los nuevos aspirantes al éxito en el multinivel, como cualquiera en esta economía desigual, también la tienen cuesta arriba.Y si la opción efectiva para sobrevivir se limitara a este tipo de éxito, la tenemos más de para arriba. Sobre todo quienes, como yo, de nacimiento carecemos de cualquier tipo de carisma para convencer a alguien de algo. 

Casi todas las marcas funcionan igual: fieles e incrédulos, novatos y veteranos, iluminados y aprendices, acuden sagradamente a recibir las lecciones a escuchar hablar del éxito, de las cualidades milagrosas del producto que venden y de cómo otros están en la cima de la pirámide de la felicidad. En grandes fiestas de la oratoria con papelitos que caen del cielo, recomiendan los mismos libros que cargan bajo el brazo, se premia a los mejores reclutadores, se cuentan las historias de los que ya subieron en la pirámide, y los asistentes babean viendo fortunas convertidas en carros, viajes a Disney o congresos de negocios en países del primerísimo primer mundo; a donde la gente va a babear en grande.

Negocios Santos

Para que seamos un país en el que los domingos los trancones son a cuenta de las filas de feligreses que acuden a las nuevas y las viejas iglesias, terminar profesando para una marca multinivel no parece extraño. Pero al final de cuentas, y hablando en plata, tanto en las iglesias como los multiniveles, la ganancia grande siempre va a parar a la cima de la pirámide. Lo curioso es que para que seamos un país tan vaciado, invirtamos tanto a cambio de fe.

Si buscan en Internet, encontrarán a celebridades criollas como Leonel Álvarez (reconocido por su memorable participación en magnos eventos como el Mundial del 94 y el comercial de ‘Listo papito, si es ya es ya’) y los no tan recordados pero si reconocidos Gali Galeano y Jean Carlos Centeno, protagonizando piezas publicitarias donde le atribuyen su fortuna a la milagrosa crucecita. 

Es más, de no ser porque la regulación estatal obliga a que las empresas que venden sus productos de esta forma tengan sucursales físicas en el país, podríamos decir que incluso gozan del mismo estatus tributario que el de las iglesias. ¿O es que cuando los vendedores sienten que ellos son empresarios de sí mismos, el que se ahorra una plata no es la empresa que está dejando de pagar impuestos? Los multiniveles son empresas virtuales. La gente trabaja para ellas sin conocerlas. Para seguir con las analogías religiosas, son como el Espíritu Santo.

Hace un tiempo salió del mercado por publicidad engañosa un producto cuyo único beneficio era abiertamente mágico-religioso: La cruz de Gólgota. Si buscan en Internet, encontrarán a celebridades criollas como Leonel Álvarez (reconocido por su memorable participación en magnos eventos como el Mundial del 94 y el comercial de ‘Listo papito, si es ya es ya’) y los no tan recordados pero si reconocidos Gali Galeano y Jean Carlos Centeno, protagonizando piezas publicitarias donde le atribuyen su fortuna a la milagrosa crucecita. Algo tan inverosímil como creer que Iniesta se mantiene tranquilo al hacer pases gracias a su desodorante. Era un producto cuya única promesa era hacer milagros. Y resultó que ni hacía milagros ni era de Gólgota. Lo chistoso del caso fue que pasó mucho tiempo para que Superindustria se manifestara diciendo que había detectado que “no era cierto que la cruz tuviera las propiedades descritas”. En suma, el crecimiento económico en empaques de auto convencimiento y crecimiento personal que ofrecen los multinivel puede llegar a ser tan dudoso como los milagros de la cruz de Gólgota.

¿No deberían regularse más las transacciones de tiempo y dinero a cambio de fe para que no sean negocios injustos? Así la promesa inicial de estos negocios sea en plata, la mayoría de veces se queda en corrección espiritual, en valores adquiridos que no sirven para comer ni para tener un seguro medico decente. La ganancia de unos no le transfiere posibilidades iguales a los que vienen detrás. Al contrario, se las limita, y por lo menos hay que saberlo: el reino de los cielos, el nirvana, no es para todos.

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