Gracias Dios por el ultra metal paisa

Medellín capital del metal, del infierno Oslo la sucursal.

Julio 27 de 2016

En una época en que a Medellín se le relaciona más con el reggaetón, la historia de su movimiento musical más catártico salta de nuevo a la vista. Sin el “ultra metal” paisa, el rock colombiano –y de Noruega– serían otros.

@chuckygarcia

En 2017 se cumplirán 30 años exactos de Sacrilegio, un disco que de hecho se grabó cuando la banda que lo acuñó ya estaba desintegrada. Como hasta ahora. Tener a Parabellum de regreso es el sueño de muchos; de haber seguido activa sin duda sería la banda colombiana más importante en el mapamundi del rock duro. Y no es un pajazo mental. En un mundo sin internet ni redes y en donde el intercambio de discos entre fanáticos se hacía por correo postal, las canciones de esta agrupación paisa saltaron el Atlántico y se instalaron en Oslo en la segunda mitad de los 80, justo entre quienes tuvieron que ver con la fundación del black metal noruego y de las bandas que todos enumeran cuando rebobinan la cinta de este movimiento: uno de los más incendiarios, escandalosos y estéticos venidos de Europa desde entonces.

La legendaria banda Mayhem, por ejemplo, comenzó actividades al mismo tiempo que Parabellum, hacia 1984, y en su música terminó incidiendo este grupo nacional y otro imprescindible del llamado “ultra metal” paisa como lo es Reencarnación. Durante años, el mito de la influencia del ultra metal colombiano en el Black Metal noruego fue tratado en algunos medios especializados, blogs o charlas entre adeptos y músicos que de un modo u otro estuvieron involucrados; pero de forma reciente un documento audiovisual a dos partes lo volvió un hecho real con el testimonio en persona de Kjetil Manheim, baterista y cofundador de Mayhem.

Se trata de Parabellum: el diablo nació en Medellín, dos episodios de la serie Trasescena de Noisey Colombia. En una época en que a Medellín se le relaciona más con el reggaetón, la historia de su movimiento musical más catártico salta de nuevo a la vista, y a lo hecho por Noisey hay que sumar otras iniciativas que en los últimos años han aportado algunas miradas al ultra metal.

La reedición del vinilo de la banda sonora de la película colombiana Rodrigo D No Futuro, por ejemplo, es una. En 2015 y 25 años después de su aparición original el sello español Munster Records lo puso a circular de nuevo en el mercado para que propios y extraños tuvieran entre sus manos un repertorio que en uno de sus lados está dedicado a este particular sonido; y a la escena que desde 1985 y de su mano comenzó a crecer entre las comunas y barrios populares de Medellín, para entonar con total crudeza y visceralidad lo que significaba vivir entre una sociedad excluyente, conservadora y narcotraficante a la vez.

No era una apología a la violencia. Justamente fue lo contrario: el ultra metal señalaba a los violentos, y para hacerlo no se conformaba con ponerlo en palabras. Hacía uso de los sonidos más distorsionados y subterráneos; más cavernosos o rápidos.

Y aún lo hace. Rock al Parque en 2015 y 2016 incluyó dentro de su cartel a las bandas antioqueñas Morbid Macabre y Blasfemia, ambas activas. La primera con el liderazgo de Álex Oquendo y la segunda de Ramón Restrepo: el primero también fundó a Masacre y el segundo es uno de los miembros originales de Parabellum. En 2014, el festival también trajo a Bogotá a toda una nómina de músicos paisas para realizar un tributo al metal de Medellín (en cuyo repertorio, brillaron canciones insignes del ultra metal); y en 2016 proyectó el documental Blackhearts, que explora la relación del Black Metal noruego con Colombia, Oriente Medio y el resto de Europa.

“25 años atrás el Black Metal noruego llegó a los titulares de mundo por el satanismo, la quema de iglesias y los asesinatos”, enuncia este documental firmado por Fredrik Horn Akselsen y Christian Falch; y en la actualidad muchos seguidores de esta tendencia y bandas realizan una peregrinación a Noruega que los dos realizadores retrataron, recogiendo además la experiencia y la relación entre el metal extremo de ese país y el nuestro a través de Luciferian, una agrupación nacida en el Eje Cafetero.

Lo narrado en Blackhearts complementa lo que se ve en Parabellum: el diablo nació en Medellín y amplía el contexto de lo que viene a significar Sacrilegio, un vinilo de 45 RPM que irónicamente fue prensado y lanzado en 1987 por el que posiblemente fue el más histórico y locuaz sello de música tropical del mundo: Discos Fuentes. Con su portada de una Virgen María cadavérica en cuyo alrededor aparecen dos ángeles con aspecto demoníaco y algunos devotos que claman piedad mientras se flagelan a sí mismos,  Sacrilegio traía impresa la frase “Metal hecho en Medellín”, quizás sin saber que más que un eslogan de autenticidad se convertiría en un capítulo perenne de nuestra música y un hallazgo del cual aún quedan muchas cosas por sacar a la luz.

Por: 

Celulitis Popular