Se encuentra usted aquí

Bradley Cooper, el galán taquillero de Hollywood

Por
Redacción Shock
Con un carisma propio de una persona de Filadelfia, ciudad donde nació el 5 de enero de 1975, antes de dedicarse a la actuación Cooper estudió en la universidad de Georgetown, en Washington, de donde se graduó en 1997 de la carrera de artes liberales para trasladarse luego a Nueva York con el plan de hacer un posgrado en la misma materia. Allí incursionó en la pantalla, consiguió papeles diversos en series de televisión como Sex and the City y Alias, para luego debutar en cine en una película independiente llamada Wet Hot American Summer en 2001, que a pesar de ser un absoluto fracaso en su momento alcanzaría estatus de culto más adelante al ser una típica película sobre las aventuras salvajes de algunos gringos adolescentes en un campo de verano.

El mundo comenzó a familiarizarse con su nombre gracias a su primera aparición de peso en Los rompebodas (Wedding Crashers) en 2005, comedia americana sobre unos amigos cachondos que dedican sus días a ligar chicas en bodas, protagonizada por Vince Vaugh y Owen Wilson; pero, sobre todo, por su papel estelar en las dos entregas de ¿Qué pasó ayer? (The Hangover), filmes todos sobre las aventuras de algunos hombres que, a pesar de su edad, se niegan a madurar. Más allá de lo común de sus argumentos, no dejan de provocar unas buenas carcajadas.

Su llegada al bar del hotel Four Seasons en Los Ángeles fue tan efusiva que pareció un encuentro con un viejo amigo del colegio que no había visto hace rato. Esa forma de ser suya, simpática, emotiva e informal, fue suficiente para romper el hielo rápidamente y para que la conversación fluyera de manera abierta, franca y sin tanto protocolo como sucede de vez en cuando al llegar la hora de entrevistarse con un personaje de Hollywood, sobre todo con alguien de su categoría en el momento más prometedor de su carrera.

Hace poco, Cooper recibió la nominación al Oscar por su actuación en Los juegos del destino (Silver Linings Playbook, su título original), una fina comedia romántica sobre el amor en los tiempos de la bipolaridad, en la que figuró junto a la mejor actriz del momento según los jurados de la Academia: Jennifer Lawrence.

Bradley, cuando alguien decide entrar en la actuación, suele haber un factor decisivo para hacerlo. ¿Cuál fue su inspiración para tomar dicha decisión?

Siempre quise ser actor, porque desde que era un niño acompañaba a mi padre a cine. Él era un gran cinéfilo y siempre que podía llevarme a ver una película apta para mí en esa época, lo hacía. Y eso fue algo bueno de vivir en una casa que quedaba literalmente a una calle de la sala de cine del barrio.

¿Sus padres lo apoyaron en la idea de seguir esta carrera?

Aunque siempre supe que quería ser actor, mis padres no es que estuvieran muy animados con la idea, tal vez viniendo de cierto nivel socioeconómico, en una ciudad como Filadelfia, que además no es que esté tan ligada a la industria como Nue va York, por ejemplo; sintieron miedo de que no lo pudiera lograr. Pero todo eso cambió en la escuela cuando me vieron actuar en un par de obras de teatro. Se pusieron muy efusivos al ver que podía hacerlo, y todo esto incluso antes de que lograra mi primer papel pago. Desde entonces han sido un gran apoyo en todo lo que he querido proponerme hacer en la vida.

Popularidad, fama y trabajo no le faltan. ¿Hay alguna cosa que le moleste y de la cual siente que quisiera escapar de vez en cuando?

No realmente. Mi filosofía está basada en vivir el momento y pasarla bien, sin dejar de ser responsable. Mi forma de escape de las cosas que me puedan estresar es una buena comida. La italiana, por ejemplo, es mi favorita, y suena cursi, pero de verdad cuando me siento estresado, en lugar de buscar relajarme con un trago o irme a algún lugar, prefiero distraerme comiendo algo bueno. Menos mal que no me estreso mucho por ello, ¡o estaría pesando 300 libras!

No es secreto que su carrera tomó un ascenso importante tras rodar las dos primeras entregas de ¿Qué pasó ayer?. ¿Cómo sintió la transición hacia la fama?

Bueno, ciertamente sentí el cambio. Cuando se hace parte de un proyecto tan lucrativo como este, todos los involucrados nos beneficiamos, incluyéndome. Y claro, se me abrieron muchísimas más puertas, me comenzaron a llegar más guiones para elegir... en fin. Pero es un proceso complicado en el que se necesitan varias manos para llegar al balance. Y nada de esto quiere decir que no me toque ir a las audiciones para conseguir un trabajo. Si uno se queda dormido se lo comen los tiburones.

¿Tuvo que luchar por años para lograr esa oportunidad de oro?

En verdad, no he sentido la diferencia en ese aspecto. He contado con una gran suerte desde que me gradué de la universidad. Desde que comencé con ese papel en Sex and the City siempre he tenido algo de trabajo. Digo que “he contado con suerte”, pero es un decir, porque en este negocio igual hay que trabajar mucho para mantenerse vigente y conseguir trabajo, porque existe una tremenda cantidad de rechazo ante muchos papeles y la competencia en las audiciones es tremenda. No es fácil mantenerse a flote.

Pero su confianza como actor ha aumentado, supongo...

Por supuesto. Recuerdo que cuando rodé Los rompebodas y estaba actuando al lado de Vince Vaughn, me impresionó la forma en que él asumía el oficio, realmente le importaba un comino si fallaba en una toma o si se veía estúpido... Él me decía que si para cumplir con el papel tenía que verme como un desgraciado con las mujeres y pisotear mi imagen de buena gente, pues que tenía que hacerlo. Para él, no importaba verse como un tonto, su autoestima era tan grande que sabía que lo que iba a pasar tenía que pasar. Con el tiempo he logrado sentirme con esa confianza, cuando desarrollo un personaje trato de meterme de lleno para hacerlo creíble, aun si el rol implica ridiculizarme a mí mismo. Y eso es parte de tratar de ser buen actor, es un proceso constante.

¿Cómo forma su carrera de un papel a otro?

Para mí la mejor manera de formar una carrera es muy simple: buscar una buena historia y tratar de trabajar con gente que sabe lo que hace, buenos directores y colegas entregados para lograr un buen producto que además sea lucrativo como negocio.

¿Con cuáles directores o colegas quisiera trabajar?

Se me vienen a la cabeza nombres como Jonathan Glazer, Paul Thomas Anderson, Daniel Day-Lewis, Quentin Tarantino...

Hablemos de Los juegos del destino. Es la segunda vez que actúa junto a Robert De Niro. ¿Qué le llama la atención de este ícono del cine?

En realidad él me impacta mucho más como persona que como ícono del cine, lo cual hace que su misticismo como actor se mantenga en un nivel aún más elevado para mí, porque realmente es un ser humano integral. Después de haber tenido la oportunidad de conocerlo realmente, lo admiro mucho más por quien es que por la ilusión de lo que muestra en una película. Es un conversador innato del que siempre se aprende algo nuevo con cada charla. Es increíble.

¿Qué tanto funcionó la química en el set con Jennifer Lawrence?

La experiencia de trabajo que tuvimos fue muy divertida. A pesar de interpretar papeles casi antagónicos, nos sentimos siempre muy cómodos en el set de grabación. Ella es ferozmente talentosa e inteligente, más que cualquier chica promedio de 22 años de edad; y lo realmente atractivo de su personalidad es que no se toma nada muy en serio, lo cual fue vital para lograr una buena energía en cada una de las escenas que rodamos. Es, además, una actriz que está abierta a la constante exploración de su papel. Con ella me saqué la lotería.