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Capítulo II: Medicamentos para festejar

Por
Redacción Shock

Dealers universitarios

El uso y la venta ilegal de psicofármacos ha aumentado en los últimos años de manera dramática, posicionándonos como el país con la tasa más alta de abuso de toda América Latina. Shock habló con sus expendedores y consumidores.

En el oficio de servir en bandeja variedad de medicinas con fines totalmente opuestos a los terapéuticos, la historia es casi la misma, con proveedores diferentes. Jóvenes de todos los estratos las encuentran a la mano y a precios bajos en varias zonas de la ciudad. La consigna latente parece ser: “asalte un botiquín y vámonos de rumba”.

'El Gato' se ufana de trajinar a diario con un catálogo que, de acuerdo con su apreciación, “puede suavizar un poco la cosa para alguien aburrido o enrumbado”. En su morral, además de libros y cuadernos, puede haber perico, pepas, ganja, opio, etc. Todo depende de lo que sus compañeros de casa le traigan desde Medellín. Es estudiante de una universidad privada bogotana y comercia con drogas hace un año. Sus roommates le llevan dos años de ventaja en el negocio. El inventario de su maleta también incluye psicofármacos que, según dice, a diferencia de los demás productos, son conseguidos por sus amigos en el centro de Bogotá.

“Las pastillas se venden más en las universidades públicas. En las privadas muy poco porque a la gente le da miedo. Allí, cuando los estudiantes preguntan qué es eso, y les digo que es droga psiquiátrica se asustan, porque creen que esas pastillas son para locos. Algunos piensan que les estoy dando cosas raras o, en el peor de los casos, que los estoy tumbando”, asegura.

Los jóvenes le tienen pavor a la presentación de los medicamentos, afirma 'El Gato', por eso, con calculada cosmética, les cambia la cara. No los adultera. Los saca de su envoltorio original y los empaca en bolsitas de ziploc que los hacen ver inofensivos. Como buen comerciante -aunque aclara que no se les gana mucho-, tiene su top de las tabletas más vendidas. “La primera es el Rivotril” y en su lista siguen la Fluoxetina y otras cinco más, pertenecientes a la familia de las benzodiacepinas. No vende Flunitrazepam, pues esta pastilla tiene un estatus más bajo, asegura, "como el basuco, ya es para muy chirris”.

“La venta de la droga depende del cliente. Si es novato, se le puede dar cualquiera de las tres que tienen más acogida. Algunos prueban y se siguen apuntando a la movida. Hay quienes ya conocen la variedad y piden una específica. Y están los más curtidos, tan expertos que hasta discriminan las pastillas por su concentración. Eso sí, los que compran pastillas siempre las toman con alcohol”.

'El Gato' también hace uso del coctel. “Cuando se toman esas pastillas con trago uno se pasma. Es como estar borracho y al mismo tiempo no estarlo. Se siente muy relajado, a veces medio embobado. Da mucha hambre, pero cuando se está comiendo, se va la sensación de querer comer”. A 'El Gato' le gusta la farra y consume de lo que ofrece. No vive de vender drogas. Sus papás le mandan plata, “esto es adicional”, afirma.

Notas de prensa:

Vanguardia Liberal, Colombia. 4 de mayo de 2008.
“La nueva ‘rumba’ de los jóvenes, una pastilla de doble filo. El Fondo Rotatorio de Estupefacientes, expidió un formulario especial para la venta de Rivotril, que los psiquiatras deben llenar en su consultorio y que impide la adquisición de estos fármacos sin fórmula médica. ‘Tiene fama de tranquilizante y suele usarse antes de los exámenes y para acceder sexualmente a las personas, mezclado con alcohol’. El Defensor General del Pueblo, Vólmar Pérez Ortiz, explicó en un informe sobre el abuso de psicofármacos, que los jóvenes mostraban cuadros de ansiedad después de consumir el Rivotril, así como ausencia de temor. ‘Estamos hablando de jóvenes entre los 14 y 18 años sin ninguna conexión entre sí, lo que nos lleva a pensar que es un fenómeno que está tomando fuerza en la juventud en general’”.

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