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El Festival Contrapedal en Uruguay con Velandia y la Tigra en el cartel

Por
Redacción Shock
Edson Velandia vistiendo una chaqueta llena de alfileres y su guitarra calzada al hombro, ya está preparado para salir a escena. 

Este, su tercer show luego del regreso de su banda, tiene ese gusto especial que le da el fútbol. “La principal emoción que embarga es estar en la ciudad donde se jugó el primer mundial de fútbol. Eso me tiene muy emocionado”, dijo Velandia a Shock. 

Previo a su show en el Fest, Velandia fue al mítico Estadio Centenario a ver el partido entre Peñarol y El Tanque Sisley. “Jugaron muy mal, pero no me importa. Yo iba a visitar al Estadio Centenario, quería estar allí adentro, escuchar a la gente. Y me gustó ver que la gente disfruta el fútbol de manera más amable de la que vivimos en Colombia. Aquí se apoya al equipo en las buenas y en las malas”, explicó el músico.

Más allá de lo deportivo, Velandia destacó la calidad musical de Dani Umpi, quien, si todo sale como esperado, estará participando en el próximo disco de Velandia y La Tigra. “Lo admiro mucho, creo que es uno de los grandes artistas que hay en Latinoamérica”, afirmó. Próximamente el grupo viajará a Buenos Aires a terminar su álbum, donde grabarán improvisaciones con amigos, “a ver qué sale”.

A minutos de salir a escena, Velandia afirmó que este show sería muy importante. “Creo que va a ser el mejor concierto. Es en el que vamos a estar más seguros porque venimos de volver poco a poco”.

Ya sobre el escenario, Velandia dio el puntapié inicial, dando cabida a una introducción con la máscara de burro como protagonista. Su histrionismo capturó la atención de la audiencia y la música desembocó en El profesor Miguernica.

El ritmo irregular de Cuña hizo mezclar los pies de varios, pero para Sietemanes la audiencia ya estaba bailando. La narrativa caliente de Naranjas detuvo los pasos, pero mantuvo en vilo y provocó varios gritos desde el público. 

Mientras algunos bailaban al son, otros miraban con atención al grupo, como queriendo develar su secreto. Pero quedaba poco tiempo, y entre Chulo y Chuvak debieron acortar la presentación. La Guarapera sonó con fuerza, destilando las últimas notas. Pero el público quedó con ganas. A gritos pidieron otra, pero ya rozando la medianoche este partido había concluido. 
 
Estados Unidos de Iberoamérica

Por un fin de semana Montevideo se transformó en la capital de un continente musical, formado por un enorme crisol de géneros, distorsiones, chirridos de trompetas y voces etéreas.

Este año el sello y productora Contrapedal decidió superarse a sí misma y transformar a su festival insignia, el Fest Contrapedal, en un lugar de encuentro para muchas propuestas emergentes y vanguardistas, trayendo lo mejor o lo más interesante de varios países de Iberoamérica.

Bajo la consigna de “festival boutique”, el Fest propuso una serie de eventos. Desde el viernes las actividades incluyeron charlas y talleres, mientras que en la noche se llevó a cabo el “baratón”: una maratón de bares.

Para el fin de semana la música fue la protagonista, pero había mucho más para ver. Emplazado en el Museo de las Migraciones (MUMI), dos escenarios lindaron con restos de la antigua muralla que supo fortificar a Montevideo durante su época colonial. Hacia el fondo del predio se ubicó un espacio de arte urbano, que con restos encontrados en la basura construyeron una atípica y bella zona de descanso. Más atípico fue encontrarse entre el pasto matas de menta, que con el tránsito constante de los asistentes liberaron su aroma fresco sobre este lugar.

Pero como decía había mucho para ver y los shows comenzaban temprano. En total 41 artistas circularon entre los dos escenarios y una carpa (tal vez demasiado pequeña) destinada a los shows electrónicos.

El sábado los locales Max Capote, con su irreverente rock electrizante y Dani Umpi y su pop despreocupado y desprejuiciado, fueron los más convocatorios de la noche. Desde México, Enjambre dio a conocer su indie rock frente a un público ávido de conocer músicas nuevas, mientras que Vetusta Morla de España llegó por primera vez a conocer un gran número de fans. 

El domingo no hizo que la gente se quedara en sus casas y la asistencia no mermó. Gepe de Chile, con su two-men-show conquistó al público con su fusión de pop y ritmos folkóricos; pero antes, Apanhador Só, en su primer show fuera de Brasil, hizo lo mismo pero a fuerza de distorsiones e instrumentos inesperados, como un encendedor y una rueda de bicicleta. 

Los ya conocidos argentinos El mató a un policía motorizado, brillaron con la intensa interpretación de varias canciones de su más reciente disco, La dinastía scorpio. Y hacia el cierre, un cambio en la grilla hizo que el local Franny Glass –que al igual que Max Capote, viene de tocar en el SXSW y el Vive Latino-, apropiadamente le diera el broche final a un evento que incansablemente dio vuelta al continente.