Se encuentra usted aquí

Falcao, el artillero de la selección

Por
Redacción Shock

El sendero del tigre

Un futbolista se define a partir de momentos clave, gestos deportivos que dejan claro quién es el hombre que se oculta debajo de la camiseta. El de Diego Maradona, un genio que se lanzaba de frente contra cualquier rival y se crecía soberbio ante las adversidades, fue el gol que le marcó a Inglaterra en el Mundial de México 1986 dejando regado en el camino con gambetas a medio equipo británico. El de René Higuita, un intrépido arquero que usaba los pies más que las manos y era el rey de lo inesperado, también sucedió contra los ingleses. En 1995, en medio de un amistoso jugado en la catedral del fútbol, Wembley, rechazó con sus talones un disparo de Jamie Redknapp con un acrobático salto inmortalizado como “El Escorpión”.

Aunque es muy pronto para escoger la estampa del futbolista colombiano más importante de la actualidad, Radamel Falcao García Zárate, ya se pueden poner sobre la mesa varias opciones. Las más frescas son sus hazañas de la temporada pasada con su actual club, el Porto, de Portugal, en la UEFA Europa League, en la que anotó cuatro goles en un mismo partido en la semifinal contra el Villareal, o ese único gol de la final que le dio el título a su equipo. De su pasado con River Plate podrían postularse el primer gol que le marcó a Boca Juniors o el épico triplete que hizo contra Botafogo en unos cuartos de final de la Copa Suramericana del 2007. Increíbles hazañas deportivas, sin duda, que hablan muy bien de sus habilidades como delantero. Sin embargo, si se quiere ver más allá de redes y balones, hay otro momento que vale la pena describir para entender al hombre apodado como “El Tigre”.

En el 2008, River Plate recibía a San Lorenzo por el campeonato local. Un aburrido empate sin goles hubiera quedado en el olvido si no fuera porque en el último minuto de juego una peligrosa falta congeló el partido. El arquero Ojeda de River despejó desde su arco, el balón se elevó por los aires, cruzó la media cancha y llegó hasta la posición del colombiano, quien lo esperaba de espaldas al arco. Detrás de él corría una calva fiera del equipo rival llamada Sebastián Méndez, quien, como Falcao, también saltó por el balón, pero en vez de buscar ganar el cabezazo clavó con brutalidad la suela de su guayo en el riñón derecho del delantero. Era su manera de cobrar una zancadilla que el colombiano le había propinado en el torneo anterior. Falcao cayó al piso y luego de unos pocos segundos se levantó con calma, sin mirar a su agresor, y siguió caminando tranquilamente. Méndez fue expulsado y el partido terminó. Las declaraciones póstumas de Falcao: “Pensé que me habían empujado, fue como un rasguño. Como esa jugada hay miles. No creo que Méndez haya jugado con mala intención”.

Si aquella enseñanza cristiana sobre el valor de poner la otra mejilla necesitara una postal, esta sería la ganadora.

...

La biografía de Radamel Falcao carece de picos dramáticos. En esta no hay oscuros rincones, coqueteos con drogas o mujeres, ni mucho menos delitos. Es difícil encontrar a alguien que hable mal de él. Será difícil verlo montado en un caballo y disparando tiros al aire en una feria, increpando a rivales y árbitros, o teniendo líos judiciales por evasión de impuestos o vínculos con el narcotráfico. En sus declaraciones es amable y respetuoso y siempre destaca el trabajo de sus colegas. Su mayor excentricidad es no ser excéntrico. La suya no es la típica historia de una batalla contra la más harapienta pobreza ni la de un niño rico que se ganó su puesto a punta de influencias como los hijos de Gadafi en la Juventus de Turín. Lo de Falcao siempre ha sido puro fútbol. Desde antes de su nacimiento en Santa Marta, en 1986, su historia se ha definido por el deporte. Desde su misma firma, Radamel estaba predestinado a ser una gloria del gol: por una parte, su nombre viene del volante Paulo Roberto Falcao, una de las leyendas del fútbol carioca de los años 70 y 80, y por otra, de su padre: un recio defensor de clubes de Colombia y Venezuela llamado Radamel García. Es como si a un futuro astronauta lo bautizaran Neil, o si una promesa de pintor recibiera el nombre de Salvador.

Patricia Zárate, su tía, recuerda que desde que el bebé estaba en la barriga de Carmenza, su madre (quien dejó a un lado su título como economista y sus dos posgrados para cuidar a su primogénito), Radamel padre, un hombre que siempre había querido tener un hijo varón, decía que el niño iba a ser futbolista. Cuando el pequeño Falcaíto apenas daba sus primeros pasos, su padre ya lo llevaba a la playa para que pateara balones profesionales. Más adelante, cuando su tía y su mamá se descuidaban, se quitaba la ropa y salía en calzoncillos a jugar fútbol en la calle con niños que duplicaban su tamaño. Ya en el colegio, Falcao tomaba prestados los uniformes del Unión Magdalena del clóset de su padre y así se iba vestido a clase.

Por la profesión de su padre, Falcao tuvo una infancia nómada. Es el mayor de tres hijos. Tiene dos hermanas: Melanie Grecia (16) y Michelle Andrea (14). Es cristiano ferviente, formado al interior de una de las iglesias cristianas más resonantes de Colombia: Casa Sobre La Roca, un lugar donde aprendió, más que a repetir de memoria versículos y oraciones, a seguir el ejemplo de vida de Jesucristo. Cuando el pasado 18 de mayo quedó campeón de la Europa League con el Porto mostró orgulloso una camiseta que decía “With Jesus you’ll never be alone” (“Con Jesús nunca estarás solo”). La religión le permitió además la posibilidad de conocer a su actual esposa, Lorelei Tarón, una rubia cantante argentina que asistía a la misma iglesia que él. Luego de nueve meses de noviazgo, se casaron el 12 de diciembre de 2007 (ella tenía 19), y se fueron de luna de miel a Disney.

En 1996, cuando la familia García Zárate ya residía en el interior del país, Falcao entró a octavo grado en el Nuevo Gimnasio Cristiano, un colegio que la Casa Sobre La Roca tiene en Cota. Por su vida viajera ya estaba acostumbrado a arrancar de cero, a hacer nuevos amigos y a que cuando en los recreos se repartieran los equipos a través del pica-pala siempre fuera el último en ser escogido. En las canchas del colegio, el nuevo alumno impresionó a sus compañeros demostrándoles que, con apenas diez años, era capaz de saltar y alcanzar el travesaño superior de la portería, casi el doble de su estatura (él mismo dice que puede saltar 1.20 m). También llamaba la atención porque era capaz de jugar en todas las posiciones del campo, porque estando en octavo no le daba miedo jugar contra los de once, porque superaba a sus compañeros en competencias de quién podía tomarse más vasos de jugo seguidos (Falcao establecía la marca con nueve unidades), por sus superiores condiciones para las pruebas atléticas y, también, por su capacidad para sacar adelante las materias a pesar de tener que faltar a clase por sus compromisos deportivos. Camilo García, uno de sus amigos de infancia que entró al Gimnasio al tiempo que Falcao, recuerda que el Tigre era muy apasionado por el fútbol, pero que por sus compromisos con la Liga de Bogotá tuvo que mesurarse en los partidos colegiales para evitar una lesión. Deleitaba a sus compañeros con chilenas, cabezazos y, sobre todo, con su manera de cobrar los tiros libres. Maicol Buitrago, otro de sus amigos de colegio, fue testigo de la manera como Falcao se había acostumbrado a entrenar: descalzo y usando balones duros, El Tigre se convertía en un excelso pateador dueño de una potente pegada.

Esa temprana pasión por el fútbol hizo que Falcao se privara de muchas cosas normales en la vida de un niño promedio. Madrugaba mucho, entrenaba por las tardes y salía poco a fiestas. Buen bailarín de salsa y vallenato, la primera vez que estuvo en una discoteca fue en Argentina cuando ya hacía parte del River Plate a comienzos de la década del 2000. A pesar de llamar la atención por su atlética figura, al goleador se le conocieron pocas novias. Incluso en alguna ocasión le pidió a Maicol Buitrago consejos sobre cómo besar a una mujer, ante lo que su amigo lo envió a practicar con un Bon Bon Bum.

La carrera deportiva de Falcao en Colombia tuvo bajo perfil. Solo se supo de él cuando llegaron las noticias de que un joven colombiano que apenas superaba la mayoría de edad entrenaba en River Plate de Argentina. Antes de eso, era figura de las divisiones inferiores de los clubes venezolanos en los que jugaba su padre (incluso estuvo a punto de ser convocado a una selección de menores de ese país), de las inferiores de Millonarios, y de un club de la Primera B entrenado por el argentino Silvano Espíndola, quien estableció los contactos para que en el 2001, cuando el jugador apenas tenía catorce años, se fuera solo a jugar al mítico club bonaerense. Tres años antes, Falcao había tenido la posibilidad de ir a jugar al Ajax de Amsterdam, pero sus papás consideraron que aún estaba muy pequeño para dar ese salto.

Ir a River no solo representaba el reto de entrenar en uno de los equipos más grandes del mundo, sino también ingresar a un ambiente hostil, lleno de celos y envidias, o donde debía cargar con el peso de no poder ver a su familia los fines de semana a diferencia del resto de los canteranos; sin embargo, a nadie le contó sobre las dificultades por las que atravesaba. El sueño de llegar a ser profesional estaba fijado en su mente y no se podía dar el lujo de demostrar debilidad en esa etapa. Finalmente estaba en un país que había sido una buena plataforma para los jugadores colombianos. Aún se recuerda la era dorada del trío de Boca Juniors conformado por Óscar Córdoba, Jorge Bermúdez y Mauricio “Chicho” Serna. De ahí saltaron Iván Ramiro Córdoba, Mario Yepes, Juan Pablo Ángel, o sus compañeros del Porto, Freddy Guarín y James Rodríguez, al fútbol europeo. Triunfar en Argentina era estar un paso más cerca de la gloria.

Desde la octava división escaló hasta el primer equipo y debutó en primera división en el 2005. Pronto se ganó la titularidad y el cariño de los hinchas, y además alcanzó a estudiar un semestre de Periodismo deportivo en la Universidad de Palermo. Por su trabajo en River –siete goles en siete partidos en su temporada debut–, fue pieza fija de las selecciones Colombia Sub-17 y Sub-20 y parte del equipo campeón del Suramericano Sub-20 que se hizo en el Eje Cafetero en el 2005. Su carrera siempre ha estado en ascenso. Tres años después fue campeón del Torneo Clausura en Argentina y en el 2009 aterrizó en el Porto (Oporto para los hispanoparlantes): el club más ganador a nivel internacional de Portugal. El equipo de una ciudad portuaria de 200 mil habitantes, célebre por sus puentes, su vino, y con gran influencia inglesa. Llegaba a un equipo que buscaba reemplazar a su anterior ídolo, el argentino Lisandro López, y donde paradójicamente los jugadores portugueses eran minoría ante la gran cantidad de argentinos, brasileros, uruguayos y, actualmente, colombianos. Con los “dragones azules” comenzó a hacer historia muy pronto. En su primera temporada fue goleador de la Copa y segundo máximo anotador de la Liga, y marcó épicos tantos en su primera UEFA. En su segunda y más reciente temporada ganó todo lo que jugó con el club (Liga y Copa de Portugal), y quedó campeón y máximo anotador de la UEFA con 17 tantos. Es innegable: hoy día, Falcao corona la élite del fútbol europeo. Es el goleador de uno de los clubes más importantes del mundo en la actualidad. Por eso, cuando levantó la copa europea, hasta Juan Manuel Santos llamó a felicitarlo y contarle que él y “los muchachos” estuvieron pendientes del partido.

...

El puesto de delantero es un puesto vistoso. En él se centran las esperanzas del éxito y la victoria. Por más que los demás se luzcan, es el hombre del gol el que se lleva la gloria, el reconocimiento, los aplausos, el nombre que los niños se disputan cuando en los patios colegiales escogen el rol ideal. El 9 que Falcao porta en su espalda y con el que marca su activa cuenta de Twitter, @R9FALCAO, no es fortuito. Tal vez sea intrascendente para muchos y tenga la misma relevancia que numerarse con el 1 o con el 1.000, pero en el deporte, en este deporte, ese número es complemento de la mística. En el fútbol, así como a un jugador con el 10 se le atribuye la responsabilidad de ser la cabeza creativa del equipo, al 2 de ser el padre defensor o al 7 el recio mediocampista recuperador, el 9 se ofrece a sí mismo como la punta de lanza, el primero en ir al frente de batalla. En la camiseta han portado ese numerito grandes como Ronaldo, Eto’o, Batistuta, Van Basten. Su misión es una sola, pero no por eso más sencilla. Es, nada más y nada menos, que la promesa de gol: la razón de ser del deporte. Portar el número 9 es garantizar el espectáculo. Ser el administrador final de la esperanza. Es prometerle al hincha que su tiempo y su dinero no son en vano. Y a eso es a lo que se le mide Falcao. Por eso, a los de su puesto es a los que más les cobran las derrotas y los lánguidos empates sin goles.

Hoy, Falcao disputa la Copa América con una Selección Colombia incierta, que acumula más decepciones que alegrías y que, a pesar de su gran defensa, carece de lo más importante: el gol.

Todos se lo preguntan, ¿será Radamel Falcao nuestra salvación?

Pero son preguntas necias.

Este no es el lugar para jugar al ajedrez deportivo que tanto les gusta a los colombianos, sobre todo a los periodistas deportivos. La verdad es que Falcao, que ya acumula más de treinta partidos con el equipo nacional, viene en su mejor momento y buscando hacer realidad el sueño que siempre ha tenido: llevar a lo más alto a su Selección. En cuanto al futuro, también depara un cambio de club: ¿Inter de Milán? ¿Arsenal de Londres? Cualquiera que sea su destino, será su entrada triunfal al G8 del fútbol mundial y en adelante no le quedara a dónde más escalar... ¿o sí?

Falcao está en la cima del fútbol.

Solo le falta hacer su sueño realidad.

 ***

Cara a cara con Falcao García

¿Cuál es el primer contacto que recuerda haber tenido con el fútbol?
Creo que habrá sido algún partido de mi padre. Yo lo acompañaba siempre a entrenar y a los partidos. De ahí vendrá mi primer recuerdo con el fútbol, de algún partido oficial que habrá jugado y al que yo asistí. Tendría 4 o 5 años. Son recuerdos fugaces, nada muy claro. Pero sí tengo algunas imágenes que me pasan por la cabeza estando adentro del campo o a los alrededores de la cancha, viéndolo a él jugar. Tengo muy presente esa imagen de cuando el equipo sale del camerino a la cancha ¿sabes?, y yo ahí, justo al lado de él y acompañando al equipo.

¿Desde niño, siempre fue tan buen para el fútbol o tenía otros talentos?
La primera cualidad o talento que yo descubrí que tenía fue la del fútbol. Era mi pasión y a medida que fui creciendo pude darme cuenta de que me gustaba lo suficiente como para dedicarle mi vida. No tuve ninguna duda de eso nunca.

¿Recuerda quién le dio sus primeros guayos?
Habrá sido mi papá… ¿o no? fue mi mamá. Me parece que los fui a comprar con ella porque mi papá estaba viajando. Eran de una marca cualquiera, normalitos, muy básicos, blancos con negro, como los guayos de la época, pero para mí eran lo máximo porque eran los primeros y porque tenerlos me hacía sentir como un profesional, como un jugador en serio. Al principio trataba de cuidarlos lo que más podía, que no se rayaran, pero bueno ya después de un par de partidos no había nada que hacer. Pero para mi los guayos eran como un objeto único, el más preciado y los cuidaba como si fueran un tesoro.

El fútbol exige mucha disciplina. Siendo niño, ¿qué fue lo que a usted más le costó?
Dedicarle todas las tardes a los entrenamientos y sacrificar lo que a un niño de mi edad normalmente le gusta hacer fuera de lo deportivo. Me encantaba jugar al fútbol pero no me gustaba hacerlo tan seriamente, como una obligación o imposición, de manera tan rigurosa y disciplinada. Con un profesor diciéndome qué era lo que tenía que hacer. Me hacía falta poder  pasar ratos con mis amigos en la calle.

Salir del camerino y encontrarse con un estadio a reventar con 70 mil personas en el lugar, ¿qué sensación le produce?
El problema real es cuando ese estadio no está lleno, porque la motivación tiene que ser la misma y la búsqueda de los objetivos no puede disminuir porque no hay público. Cuando sales a la cancha y el estadio está lleno, cuando se trata de un partido importante, la adrenalina es tremenda, ver tanta gente te motiva y es más fácil estar alerta. Pero la motivación tiene que estar siempre, con o sin público. Muchas veces en los partidos que son relativamente fáciles,  uno no está tan alerta y por ahí es cuando no salen tan bien.

¿Cuál es su conexión actual con River Plate?
Trato, en la medida que pueda hacerlo, de mantenerme lo más enterado de la actualidad del club. Porque River era mi casa, significó demasiado para mi y es parte fundamental de mi vida, de lo que soy hoy. Viví cuatro años dentro de las instalaciones, dormía ahí, comía ahí, entrenaba ahí, mis amigos estaban ahí. Era mi hogar. Cada vez que voy a Argentina, visitar el Club siempre es una de mis prioridades en la lista de cosas para hacer.

¿Cómo es la relación actual con su familia?
Definitivamente la familia es el polo a tierra. El tema es que alguien como yo llega a tener un ritmo de vida en el que muchas cosas terminan saliéndose de control. Es un huracán de situaciones y de compromisos que debes cumplir. El tiempo vuela y no puedes estar con ellos cuanto quisieras.  Para mi, muchas veces es más fácil pedirles que vayan a donde yo estoy que venir a Colombia porque acá, ya lo has visto, no me queda tiempo para nada. Tienes que ir de un lado a otro y terminas haciendo nada, y a medida que las responsabilidades aumentan la cosa se pone mucho peor y el tiempo con el que puedes contar para dedicarle a tu vida personal disminuye muchísimo.

¿Lee prensa deportiva?
Muy poco la verdad. Leo los titulares, miro las fotos y ya está. La prensa deportiva a veces no es muy objetiva, especula mucho y dicen cosas de mi que lo dan por ciertas y que no son tal. Hay cosas que hasta me dan risa,  pero a veces ni leo porque prefiero no hacerme mala sangre.

¿Cuál es su banda favorita?
Me gustan Coldplay, U2, Oasis también.

Hoy usted es ídolo de muchos en el mundo. ¿Quiénes son los suyos?
Hay muchas personas que admiro o respeto en lo futbolístico y en la vida en general. Pero ellos no necesariamente son mis ídolos porque no está bien idolatrar a alguien. Todos los seres humanos somos imperfectos, cometemos errores y nos equivocamos. El único digno de poder recibir toda mi adoración y respeto es Jesucristo. Dios solamente, y trato aún con mis limitaciones de parecerme a Él. A veces me olvido de las cosas simples e importantes y que tienen verdadero valor en la vida, pero trato siempre de volver, de rebobinar y dar gracias.

¿Cuáles son sus miedos?
Solo la gente que está a mi alrededor puede entender al verdadero Falcao. Aquellos que realmente conocen mis problemas, las situaciones difíciles a las que me enfrento y que la gente no tiene por qué conocer. Tienes que dejarlas de lado, saberlas sobrellevar y dar la cara ante miles de personas que esperan verte sonreír. Creo que todos los seres humanos luchamos constantemente con muchas inseguridades. Lo que yo trato de hacer siempre es proyectar mi vida de manera positiva y confiar en lo que Jesús me dice que ésta deba ser. Tengo muchas miradas encima, una responsabilidad y una presión muy fuertes todos los días. Además, no puedo agradar a todo el mundo. Es algo que va más allá de lo futbolístico. Te juzgan porque un día tuviste un problema y no sonreíste, o justo estabas distraído y no saludaste a alguien entonces te tachan de agrandado. Es bien difícil de manejar. No te imaginas cuánto.

En la cancha, la presión siempre será mucho más fuerte para un delantero. ¿O me equivoco?
Este es un deporte de equipo, de trabajo colectivo, donde todos tenemos responsabilidades muy importantes para conseguir el resultado final. Pero sabes, yo por ahí sufro más con las cosas que me pasan fuera de la cancha, con lo cotidiano. Porque en el fútbol en últimas, un día puede pegar la pelota en el palo y luego entrar y otro día pegar en el palo y salir. Me afecta más lo que me pasa en la vida diaria por lo que te decía, porque la gente a veces juzga sin saber.

Hablemos de redes sociales, de su Twitter, su Facebook y su página falcao.com.co…
Manejar redes sociales es un poco delicado y exige responsabilidad. Qué tanto les transmito a quienes me siguen o quieren saber de mi y qué tanto reciben. Además, ahí te encuentras con gente a la que le agradas y le gusta cómo eres, como con el que te tira mala onda y da opiniones a veces un poco fuera de lugar. Pero al mismo tiempo es una manera increíble que tienes para poder acercarte a la gente y  mostrarle algo diferente y positivo. Yo siempre trato de transmitir alegrías y cosas buenas. La página también es muy importante para mostrar todo lo que está pasando conmigo. Intento estar muy conectado pero a veces por un tema de tiempo, no puedo estar contestando todo.

Tampoco se puede vivir así. Hay un equipo de gente que me apoya en ese sentido.

¿Cuál cree usted que es el aporte más grande que puede hacerle el fútbol a un país como Colombia?
Bueno, la alegría que sientes cuando tu Selección o tu equipo gana. Eso es lo primero. Pero en un país como el nuestro, con tantos problemas que puede llegar a tener, el fútbol puede ser no sólo una forma de escapar, sino que también puede unir gente que tiene diferencias, políticas o sociales. A un país como Colombia el fútbol le da la alegría que necesita. Y a los niños y jóvenes les permite también poder ocupar su tiempo en el deporte, en algo útil y sano.

¿Se maneja el fútbol en Colombia de la misma manera que en otros países?
Yo me fui muy joven de Colombia, así que no lo he vivido tan de cerca ni lo conocí tanto profesionalmente. La verdad es que estuve muy poco tiempo. A veces escucho cosas buenas, otras malas. Pero está claro que en Europa son mucho más organizados y en Argentina también. Lo bueno es que acá hemos empezado a darle más importancia, y hemos empezado a tener más logros a nivel juvenil. Eso es muy importante para los jugadores y para el deporte en sí.

Pero aquí siempre tendemos a endiosar y catapultar a la fama antes de tiempo a más de uno… ¿Qué piensa de eso?
Yo creo que ese es un grave error que cometemos los colombianos. Esa tendencia a ser tan exitistas y a sentirnos ganadores antes de que haya sido así. De levantar a alguien hasta tal punto que ya es exagerado y cuando las cosas no van bien, enterrarlo dos metros bajo tierra. Y creo que a diferencia de otros países, no se valora y no se cuida a los talentos que tenemos. En otros países como Argentina o Portugal por ejemplo, cuando tienen un producto bueno para mostrar al mundo, lo cuidan, lo benefician con los comentarios, tratan de guardarlo y de no exponerlo. En Colombia desafortunadamente eso no pasa. Tendemos a destruir a alguien cuando falla y por eso, tal vez en otros lugares les resulte más fácil vender las cualidades de la gente que tienen. Nosotros a veces hablamos muy mal de lo nuestro, y de los nuestros.

Sin duda su parte espiritual y su conexión con Dios es fundamental en el hecho de que sea tan disciplinado, tan centrado y se mantenga alejado de un mundo de excesos, vicios e historias oscuras tan característicos en el fútbol. De usted nunca se escucha un escándalo o algo negativo de su vida personal.
Me ayuda mucho tener un estilo de vida muy claro y que trato de poner en práctica basado en La Palabra. Obviamente me equivoco como cualquier ser humano, pero Dios me ha dado la oportunidad de entender que soy muy afortunado de tener este talento, que puedo disfrutar de él y que es un instrumento con el que también puedo ayudar o inspirar a la gente que está a mi alrededor. Gracias a Jesús pude orientar mi vida. En este medio se ofrecen tantas cosas fáciles que no es complicado descarriarse y perder la cabeza. Sí, he tenido que esforzarme al máximo y sacrificar muchas cosas pero los frutos de lo que he sembrado los estoy empezando a recoger ahora.

Publicidad