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QR Codes. El mundo en un pixel

Por
Redacción Shock

Una canción de Aphex Twin o Flying Lotus sonaba en los parlantes de una oficina en la que un parche de orientales geeks, jalándose el pelo, traían a colación sus referentes de Blade Runner, Space Invader y Gátaca, para crear un pequeño cuadrado, que parece el zoom de un pixel, que  transformará  los modos de identificación e interactividad en esta época de wireless y flujos  excesivos.

Los QR Codes (Quick Response Barcode), son los primos ricos y poderosos del código de barras. Creados ya hace un buen tiempo, 1994, por la compañía japonesa Denso-Wave, estos cuadrados, en los que se desata un caos controlado, son una matriz de puntos, un código bidimensional que almacena datos. Para que le quede más fácil, un dibujo con un código encriptado que libera información a una velocidad impresionante.

Estos códigos, que tiene la apariencia de un laberinto de un juego de atari de los 80, se han convertido en la forma preferida de transmisión y almacenamiento de datos para los orientales y poco a poco comienzan a desbordar sus límites para entablar relaciones divertidas y visualmente impactantes con el arte, el marketing, la publicidad y por supuesto la música.

Como es propio de estos tiempos, el mundo retorcido que se produce en el país del sol naciente contagia a los occidentales y poco tiempo después de su creación, los QR estaban adornando uno que otro edificio en las calles de Amsterdam o puestos en alguna valla gigante en medio de una autopista de una ciudad europea.

Pensados en un principio, como la última locura de un publicista o un juego óptico, los transeúntes de  las grandes ciudades del mundo no entendían que lo que estaba antes sus ojos era un monstruo informático repleto de información. Sólo fue hasta que algún nerdy o un junkie informático se paró ante los grandes códigos, y como rindiéndoles culto a una divinidad, se posó ante ellos a tomarles foto con su celular, que el mundo occidental entendió de que se trataba. A través un software instalado en los aparatos celulares  que desencripta los QR codes, las personas podrían acceder a la información puesta en estos  enchulados códigos de barras.

Una vez entendido el modo de operación de los QR, una explosión del recurso tuvo lugar en todo el mundo. Organizaciones bancarias, colectivos artísticos, músicos e incluso personas del común los comienzan a utilizar a su antojo.

La BBC, Mini Cooper, Polo y otras reconocidas marcas de diferentes productos y servicios integraron estos códigos en sus anuncios publicitarios, los cuales al ser desencriptados daban informaciones adicionales, otorgaban premios o informaban de ventajosas promociones. Algunas personas del común, reemplazaron sus tarjetas de presentación por una pegatina con un QR code que contenía todos sus datos personales.

El arte y la música, enganchados a estas innovaciones tecnológicas, no se quedaron atrás e hicieron de los QR, la fórmula visual de muchos proyectos que profetizan un modo de vida cyberpunk. Algunos de estos proyectos incluían las obras del subvertor escritor Lewis Carroll, como, La Morsa y el Carpintero que encapsuladas en estos simétricos y cibernéticos hoyos negros y las apuestas musicales y visuales de bandas como Nine Inch Nails y The Pet Shop Boys. Estas agrupaciones utilizaron estas encriptaciones para hacer que, a través de sus páginas web, sus fans ganaran entradas a conciertos y pudieran descargar con anticipación tracks de sus producciones musicales.

En el 2007 el dúo británico- Pet Shop Boys-  incluyó en el artwork y en el videoclip de su single descargable Integral Qr Codes, los cuales, descifrados de la manera correcta, conducían a sus seguidores al sitio web de la banda donde podían obtener distintos premios de la misma.

Estos códigos y sus estrechas relaciones con diferentes estructuras sociales y culturales son una nueva muestra de cómo el mundo se encoge cada vez más, de cómo el minimalismo se convierte en la consigna, lo cibernético en el medio y la conectividad y la interacción virtual en la contraseña de estos tiempos.