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Sabrosura de la pura

Por
Redacción Shock

No es ninguna novedad que en Colombia impera el huepajé. Que así seamos rockeros o  hiphoperos, de alguna manera se nos sale el “barranquillero que baila arrebatao” y nos gusta que nos cuenten con tambores “un pedacito de la historia negra, de la historia nuestra, caballero”.

Bajo las consignas del vacile, por este tiempo una oleada de agrupaciones hirvientes ataca con sabor el interior del país y alza sus brazos invocando entre sus musas a Joe Arroyo, La Niña Emilia, Tony Allen o Fela Kuti. Sus producciones hacen arder el piso exprimiendo ritmos de la negrura nacional como la cumbia, la champeta, el bullerengue o la música de gaita, y raptando sonidos del hip hop, el rock y  la electrónica.

Systema Solar, Colombiáfrica, La Mákina del Karibe, Radio Cumbia y, por supuesto, Bomba Estéreo, entre otras, hoy les meten candela a los oídos de los rumberos a punta de champeta criolla, electrocumbé, cumbia psicodélica, folclor progresivo o berbenáutica, algunos rótulos achacados a la música de estos grupos, para los que la palabra mágica es “sabrosura”. Los involucrados en la movida sueltan la lengua y las caderas para esta publicación.

Súper bailables
Los nuevos gurús de la rumba acuden a la riqueza musical de las costas colombianas y la adornan con atavíos modernos, creando su estilo propio. Sin paranoia pueden vestir las sonoridades de los Corraleros de Majagual o de  Paíto con trajes discotequeros. Esta fiesta actual y fresca recluta a público joven que hace un tiempo se habría espantado con una canción del Burro Mocho infiltrada en sus celebraciones. 

Y aunque los protagonistas de la ola hoy hacen brotar la alegría en dosis de canciones  agarradas de lazos tropicales, tales experimentos no son tan nuevos. Desde hace cierto tiempo arreglistas parranderos se apersonaron de argumentos de músicos raizales y los mezclaron con las fortalezas de lo electrónico, del reggae y el hip hop.

Al respecto José Fernando Perilla, experto en nueva música colombiana y realizador de la franja Sonidos Colombianos en la Radio Nacional, comenta: “Un movimiento que arrancó con Sidestepper en los 90 y siguió con Pernett and the Caribbean Ravers, marca el estilo de algunos proyectos actuales. Las agrupaciones de esta movida moldean sonidos tradicionales, los tornan vigentes y les dan nueva vitalidad. Citando un ejemplo, antes la champeta en la capital se consideraba de pueblo, ahora, con tales proyectos, se ha vuelto muy play”.

La fructífera simbiosis musical estalla en discos publicados por sellos independientes, promocionados vía web, en shows y ausentes en la programación de la radio comercial. Bomba Estéreo, con su álbum Estalla, y Radio Cumbia, con el disco De mente caliente, salieron al mercado bajo Polen Records. El álbum de Colombiáfrica, Voodoo Love Inna Champeta Land (que se distribuyó en Europa y se editará próximamente en Colombia), hace parte del catálogo de Palenque Records. El trabajo de La Mákina del Karibe, Súper Sencillito y Kariñoso Nº 1, se publicó con su sello Mi Kasa No Es Tu Kasa, y Systema Solar lanzó una producción homónima con su ONG Intermundo.

Bomba Estéreo motiva al público a corear la suerte de una Niña rica: “No comen aceite, no comen harinas, tienen 20 años y 30 cirugías”. La Mákina del Karibe le pone música al pregón de ventas buseteras: “Uno en 200, tres en 500”, en su canción El vendedor; y Systema Solar, además de hacerle una composición porro-capitalina al firewire y traducirlo al lenguaje coloquial como La Fayaguaya, incluye en el tema ¿Crees que soy sexy? un trozo de una versión cumbia de Do You Think I´m Sexy? (clásico famoso en la voz de Rod Stewart) hecho por La Cumbia Moderna de Soledad de Pedro Ramayá en los años 70.

El vacile efectivo
Esta movida, además de recrear la cumbia o el porro, hace que el volumen picotero suba cada vez más en el interior del país. Mientras Systema Solar o Bomba Estéreo asaltan picós y desgranan en sus máquinas sonoridades champeteras con resultados certeros, la agrupación Colombiáfrica resalta el poderío verdadero de la champeta poseída también por ritmos como el afrobeat o el soukous del Congo.

Esta agrupación compuesta por cartageneros, bajo la batuta del cantante Luis Towers (originario de San Basilio de Palenque) grabó su disco entre Cartagena y Bogotá maniobrando con una lista de invitados que incluye a músicos africanos como Bopol Mansiamina, GuyBilong y Diblo Dibala (guitarrista del Congo y figura del World Music). Sobre el enganche con los africanos, Luis Towers asegura: “Fuimos a tocar a París a una discoteca, y Diblo Dibala estaba entre el público. Se subió a la tarima, le quitó la guitarra a uno de mis compañeros y sorpresivamente tocó con nosotros. Ese fue el inicio con Diblo. En París también reclutamos a los demás africanos. Guitarristas, animadores, bateristas y coristas. Los trajimos a dictar unos talleres de percusión y de armonía en Cartagena, y a grabar el álbum de Colombiáfrica”.

Pero el frío capitalino no sólo se arropa con champeta made in Cartagena. Entre los  propagadores del jolgorio de este ritmo en Bogotá, un combo de cachacos y costeños, piloteados por el percusionista Richard Arnedo, armaron en la capital su Champetesburgo: ellos son La Mákina del Karibe. En sus grabaciones emiten desde Radio Gozambique, trasladan la audiencia a “la kaseta sabrosa, el que no entra no goza”, y tienen en el grupo a un guitarrista-superhéroe, que le da nombre a una de las canciones más conocidas del grupo: El Makimán.

La gozadera en vivo
Sin importar que los grupos tengan vibraciones diferentes, todos avanzan en la misma corriente de un río que suena y lleva piedras que golpean fuerte apuntando a cabezas y caderas inquietas. Los conciertos son puntos de alto impacto en este circuito. Ahí se bombardean canciones, se atrapan adeptos y se venden discos. Las descargas musicales producen acaloramiento y delirio en la audiencia, que en los shows de bandas como Systema Solar se encuentra con electrónica, scratching, instrumentos en vivo y un experto manejo de video. Sus cortes masacran bailadores y amantes del watio. Una Babel de géneros forma el expediente de la agrupación conformada por hijos de la electrónica, del hip hop y del rock.

En sus filas están: el productor Juan Carlos Pellegrino (quien, entre otras cosas, trabajó en París como ingeniero en el estudio Crydamoure, propiedad de Guy Homem-Christo, uno de los Daftpunk) y el bailarín Índigo MC. Los hiphoperos cartageneros John Primera y Dj Corpas. Walter, curtido entre el hip hop bogotano. Daniboom, reconocido en los circuitos electrónicos. Bathory en los rockeros, y Quique en los pachangueros, músicos recreados por las imágenes de la Vj Vanessa Pata de Perro. Un engranaje que funciona hurgando en las entrañas del sonido, y botando todo el calibre fiestero.

Su debut en vivo fue en Medellín; han tocado en Barranquilla, Cartagena, Taganga y recientemente en Bogotá. “En nuestro público hay de todo: techneros, champeteros, hiphoperos, cumbiamberos. En las presentaciones montamos un sistema de sonido y también decoramos haciendo alusión al picó (que tiene bafles con rejas). En el Festival El Pixelazo en Medellín contratamos un picó de Cartagena. La gente se volvió loca”, asegura Daniboom.

Calentura de exportación

Esta música es como el carnaval: quien la vive es quien la goza. El sabor contagia escenarios internacionales con tales estilos que son un apetitoso plato bajo los focos para audiencias extranjeras. Desentumecer nórdicos y hacer bailar a gringos han sido virtudes de algunos de los grupos. Colombiáfrica aparece entre los lidiadores de tarimas en otros territorios: han hecho destilar sudores europeos tocando en  España, Holanda, Bélgica, Francia y, de este lado, en México, donde tocaron en los festivales Afrocaribeño de Veracruz y el Ollinkan. “Los conciertos fuera son cuestión de contactos.

 A veces trasladar seis o más músicos es difícil. Para tanta gente se va mucho dinero en pasajes y en impuestos, por eso si se viaja a otro continente es mejor tener más de una presentación”, asegura Luis Towers, cantante de la banda. Bomba Estéreo también ha aprovechado su reputación sonora para botar fuego en varios países: en el 2008 tocaron en el Reino Unido; el pasado mes de abril estuvieron en el South by South West en Austin, Texas; recientemente en el LAMC (Latin Alternative Music Conference) en Los Ángeles; los primeros días de julio engrosaron el cartel del Roskilde Festival en Dinamarca y continúan en su gira europea.

La temperatura sube y sube para todas las bandas sabrosas. Hoy aumenta el impacto de una avalancha que pone las agujas en rojo y que va hacia altos peldaños del imperio de la rumba, porque como dice Velandia: “No hay peor pobre que el que no sabe bailar”.

Los Veteranos
Maestros consagrados siguen reinando cual tímidos pontífices. Entre ellos, Gualajo, veterano mago de la marimba, ícono del folclor del Pacífico al que le pululan los súbditos como Sóyame La Marimba (un grupo que tiene integrantes de Bogotá y de Sibaté). La más reciente producción del marimbero se llama El pianista de la selva.

Reafirmando la sabrosura, hace un par de meses volvió al disco la presencia subyugadora de Totó La Momposina con su nueva placa titulada La bodega. Y para aumentar la descarga, acaban de salir al mercado La flor de melón, el nuevo álbum de los grandes de la gaita Sixto Silgado, Paíto y Los Gaiteros de Punta Brava, y la tercera producción de Martina Camargo, Canto, palo y cuero.