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Sonido Psicoactivo

Por
Redacción Shock

Los músicos que integran lo mejor de sus estilos hacen parte de esta obra que se construye al ritmo de lo imprevisto, sin libretos y con alas para despegar en directo. La puesta en escena se convierte en una alternativa más para quienes olvidan que el teatro es la combinación de señas, discursos, luces y notas musicales.

Por esa razón, las notas puras de una guitarra, fusionadas con las distorsiones de interfaces digitales, tienen su propia voz. En las manos de Daniel Broderick (Danny Boom) dj y productor, se mezcla lo mejor del estilo electrónico con las notas rockeras que Francisco Nieto, reconocido músico y guitarrista de la vieja guardia del país, desliza con sus dedos sobre las tablas.

Sin haber compartido tarima antes, estos dos músicos destacan lo mejor de su talento cuando el ensayo y el error empiezan a mostrarles el rumbo de sus composiciones. Su apuesta por los sonidos puros, que emergen bajo el efecto propio de un escenario, pone a prueba su destreza como verdaderos maestros de la experimentación.

Es así como se toma el riesgo de salir de los clichés del teatro: probando con nuevas resonancias, produciendo armonía. “La música no es la típica que usted escucha en un teatro, esa que simula alguna clase de ruido como el scrash de un vidrio o algo similar. En esta obra nosotros somos un par de actores que se dejan ver a través de las melodías”, asegura Francisco.

La música deja de ser incidental y entra a formar parte de las escenas del Trainspotting colombiano, una paleta de sonidos que permite crear en el instante toda una atmósfera de sueños y viajes en medio de la urbe que consume las mentes de unos jóvenes sin rostro para la sociedad. “El fogueo ante el público es indispensable. La gente merece probar a través de otros sentidos las sensaciones que el actor quiere mostrar, y la música logra despertar ese viaje en los espectadores. En Colombia, quienes hacen teatro deben aprender que la música es el complemento ideal para la puesta en escena del actor”, afirma Broderick.

La tretas imperfectas que logran los “virtuosos” del rock nacional empiezan a notarse por la falta de evolución musical. Aunque la electrónica se mira con desprecio en nuestro país, Francisco reconoce que la composición de los sonidos en software y consolas no son trabajo fácil, pues no se trata de empatar melodías, sino de formar los mejores acordes con los sonidos digitales y los instrumentos reales, así como lo intenta con su guitarra.

Con una influencia marcada por las tendencias de los noventa, esta historia transportada al 2009 se convierte en el retrato de lo que se repliega y reproduce alrededor del planeta. Una realidad hiriente, profunda y a la vez sincera, sin tapujos ni máscaras, que descubre una cara de este inmenso escenario llamado vida, y que se relata desde la intención de los acordes locales a través de sus mejores intérpretes.