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Un regreso fabuloso

Por
Redacción Shock
La luz de un nuevo día en la historia de Los Fabulosos Cadillacs despuntó en México con cinco noches y ante cientos de miles de personas. En el comienzo del “Satánico Pop Tour”, su gira de regreso -uno más entre tantos otros pero al fin y al cabo uno único-; la banda argentina abrió con su clásico hit “El León” y no paró durante las dos horas y media que duraron los cinco shows, con sus grandes clásicos reversionados (“Carnaval toda la vida”, “Mal bicho”, “Gitana”, “Demasiada presión”, “Vasos vacíos” y “El Satánico Doctor Cadillac”) y la presencia del substancial invitado de su último disco, Pablo Lescano, príncipe de la cumbia villera y líder de la agrupación Damas Gratis. Lescano coprodujo e interpreta “Padre Nuestro”, primer single promocional del nuevo álbum de Fabulosos y un tema cuya versión original fue publicada en “Rey Azúcar”, CD de los Cadillacs de 1995.

La nueva versión de “Padre Nuestro” es tan solo una de las novedades de “La luz del ritmo”, el nuevo álbum de Los Fabulosos Cadillacs, lanzado a finales de octubre y que en sólo 11 días se convirtió en el disco más vendido en Argentina. Aunque la banda de Vicentico (voz), Flavio Cianciarulo (bajo), Sergio Rotman (saxo), Mario Siperman (teclados), Fernando Ricciardi (batería) y Daniel Lozano (trompeta) se reunió hace dos años para grabar en el disco homenaje a Andrés Calamaro, “La luz del ritmo” es el primer material nuevo que han grabado desde el 2000, año en el que grabaron su concierto en el Estadio Obras Sanitarias (publicado posteriormente como álbum doble: “Hola” y “Chau”).

Con cinco nuevas canciones (“La luz del ritmo”, “Flores”, “Hoy”, “Nosotros egoístas” y “El fin del amor”), seis clásicos renovados y dos covers de otros artistas (“Should I Stay Or Should I Go” de The Clash y “Wake Up And Make Love With Me” de Ian Dury), el reciente y doceavo LP de estudio “La luz del ritmo” se constituye en uno de los pilares fundamentales del “Satánico Pop Tour”, con medio centenar de shows en Centro y Suramérica, Estados Unidos y España. En Argentina, los principales diarios dijeron que en “La luz del ritmo” la banda “no se corre de la estética que la proyectó a la cumbre de América” (El Clarín).

En Buenos Aires, Shock habló con la banda, que cuenta con 20 años de trayectoria, tres millones de discos vendidos y un millar de shows alrededor del mundo.

Shock: Su música ya pasó por el jazz, el ska, el reggae y otros ritmos afines. Este es un gran momento para sus fanáticos que se preguntan, cómo no, ¿hacia dónde va el sonido de la banda, después de una pausa tan larga?
LFC: Cuando uno incursiona en diferentes estilos, en realidad no está haciendo ninguno en particular. Es como individualizarnos, una sumatoria, una cuestión multiestilística que termina desembocando en un estilo propio. Y en esos aspectos continuamos, independientemente de que un tema suene a un soul o a un ska o a un bolero. Evidentemente tenemos en la paleta un montón de colores rítmicos y el ‘desprejuicio’: lo que nos gusta va, lo que no nos gusta, no.

Entonces, eso auguraría continuidad en lo que ya escuchamos de los Cadillacs…
Puede que sí, como puede que no. El ‘desprejuicio’ puede venir, según la canción, puede venir cualquier cosa o simplemente el filtro sea lo que nos gusta y lo que no nos gusta. También estamos en un proceso que empezó hace relativamente poco. Estamos ensayando juntos desde el 7 de abril, que no es mucho tiempo para un disco normal nuestro. Entonces, lo interesante es que ya estamos dentro del sí o sí, ¡qué carajo! Lo que sobra es arte, eso es seguro. No hemos encontrado un estilo en las canciones, como para decirles que estamos más pa’ca que allá. Creo que estamos en los cuatro puntos cardinales (risas).

¿Qué tanto le aportó al reencuentro sus proyectos en solitario?
Muchísimo. Primero que nada, el saber que somos Fabulosos desde hace 19 años. Éramos muy ‘guachines’ cuando empezamos y continuamos siéndolo, incluso como hombres grandes. Pero queríamos ver qué pasaba fuera de los Cadillacs. Era una necesidad imperiosa inclusive para revalorizar a la banda y extrañarnos. Paramos de tocar (porque en realidad nunca nos separamos, simplemente dejamos de tocar), pero nos mantuvimos juntos. Íbamos al programa de radio de Flavio, grabamos juntos estando separados, y hasta nos juntamos para grabar el homenaje a Andrés Calamaro, para tocar un acústico improvisado. Los proyectos de cada uno desarrolló aisladamente sí han nutrido y fortalecido el vínculo... pero había que descansar un rato y probar,  probar la vida fuera de los Cadillacs.

¿Les molesta la comparación que se les hace con el regreso el año anterior de Soda Stereo?
En lo absoluto. Es una analogía inevitable por una cuestión cronológica, si se quiere, y hay muchos aspectos que son comunes, y otros que no. Cada banda es un universo propio. Mientras se juntaba Soda Stereo, nosotros ya sabíamos internamente que en un momento nos íbamos a juntar también. Bendita sea la tendencia. Tampoco nos vamos a hacer los negados. Es la gente en definitiva la que te determina. No podríamos haber hecho nada más, podríamos haber dicho: ‘Che, qué buenos eran los Cadillacs, los felicito por lo que fueron’.

¿Qué está sucediendo en el actual panorama musical argentino para que los sonidos que se hicieron grandes en los noventas estén regresando?
Bueno, hay tendencias inevitables, es una cuestión temporal. Son diferentes los tiempos en los que tocabas a los 19 años, a los 35 te peleaste y ¿qué vas a hacer a los 45? Es cíclico, es parabólico, nosotros comenzamos a una edad, después paramos de tocar, y volver es la cosa más normal y lógica y no tiene segundas lecturas. Después de 17 años somos como hermanos ya, hay un cimiento muy sólido de relación. Los Cadillacs nos configuramos como banda de amigos, somos familia.

¿Se sienten cómodos al ser catalogados como una banda más madura?
No vamos a esconder la edad (risas); lo importante es madurar rockeando. Ya pasamos los 40, pero es genial rockear así como a los 20. Cuando hicimos “El León” estábamos más maduros y ahora estamos viejos, que es lo peor (risas). Contrariamente a esa cuestión de ‘vejestorios’, seguimos con un vértigo adentro, con una frescura, una renovación que la sentimos así: típica del viejo que está a punto de morir (risas).

¿Qué público se han encontrado en esta nueva etapa? ¿Siguen siendo los fieles seguidores de hace unos años o tienen a su favor a una nueva generación?
¡Los jóvenes son una bendición! Gente que nos ha escrito a los diferentes sitios de Internet que tenemos nos dice: ‘Yo nunca vi a los Cadillacs, por favor júntense’. El que un chico de 17 años te escriba eso… ¡wow! Estamos muy agradecidos porque esto sucede a partir de la gente.

En sus canciones, los Cadillacs siempre han tratado el tema de la libertad. ¿Cómo creen que afectan la censura y otras situaciones del mundo actual a la música latinoamericana?

¡Está todo para el orto! La situación del mundo afecta a la música directamente. Flavio lo escribe en sus blogs: el mundo se ha convertido en un lugar caótico, pero eso también potencia la música y la valoriza por encima del mensaje. Hubo un momento en el que el mensaje superaba la música, fácilmente te ponías una camiseta de El Che y ya está.

¿Qué recuerdan de Colombia?

Es un sueño, en realidad se lo pasa uno muy bien allí (risas). Es curioso, siempre que hemos ido la hemos pasado tan bien, ¡que no nos acordamos de un carajo! (risas). Qué buena onda, porque este país pasa por malos momentos por su historia y nadie merece eso… no saben lo cool que resulta hablar con colombianos de la música colombiana.

¿Con qué grupos de la escena colombiana les gustaría alternar?

Con El Binomio de Oro (risas). Lo más increíble es el folclor y la música popular. La cumbia colombiana nos emociona mucho, nos pone la piel de gallina.