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Viñetas de redención

Por
Redacción Shock

Persépolis, Vals con Bashir, Gorazde y Palestine, entre otros, tratan de excavar profundo y craquear con fuerza la psique de los involucrados, de las víctimas y los victimarios, poniendo sobre el papel, literalmente, el hecho de que cuando se trata de una guerra, no hay culpables ni dolientes.

“Alrededor del mundo, artistas-escritores ambiciosos han descubierto que los cómics se han convertido en el medio perfecto para explorar la conciencia, el atajo ideal -a través de la ironía y el humor mortificante- para rastrear caminos de introspección hasta llegar a hacer un gran barrido histórico. Un gran ejemplo de ello es Persépolis, el cual combina historia política y memoria, un retrato de los trastornos de un país a través de la historia de una familia”, señaló The New York Times en un artículo a propósito de la adaptación de la novela gráfica de la iraní Marjane Satrapi al cine.

En Persépolis, Marjane crea un mundo en blanco y negro donde la intolerancia religiosa y las diferencias políticas en Irán se hacen visibles a través de los ojos de una niña que quiere convertirse en el próximo profeta islámico y que conversa con un ser supremo que tiene un poco de Jesús y un tanto de Karl Marx. Este relato autobiográfico es una bofetada profunda y altanera para quienes tienen el imaginario de lo iraní como un grupo de señores con turbantes que encarnan la maldad del mundo. Un viaje inteligente y estéticamente poderoso que deja en ridículo las representaciones superfluas que hacen Bush, Borat o Eminem de los modos y problemas de los países del Medio Oriente.

“Marjane espera que la gente aprenda a mirar su país desde una óptica ajena a lo que dicen los periódicos o a lo que transmite la televisión”, dice Vincent Paronnaud, director de la adaptación de Persépolis. “Esta es una obra acerca del amor que siento por mi familia. Sin embargo, si las audiencias occidentales aprenden a ver a los iraníes como seres humanos y no como nociones abstractas del tipo ‘fundamentalistas islámicos’, ‘terroristas’ o ‘el eje del mal’, entonces sentiré que he cumplido con mi misión”, agrega Marjane.

Y en la línea de aquellas transiciones que se hacen entre el papel y la pantalla, estalla sobre los ojos del mundo una película que se convertiría posteriormente en cómic. Vals con Bashir asesta un golpe sobre la moral y cuenta la historia en primera persona de Ari Folman, director del filme, quien también fue soldado durante la guerra que se llevó a cabo en 1992 en el Líbano, donde escuadrones israelitas masacraron a cientos de palestinos refugiados.

Veintiséis perros arriados por un ánimo asesino que persiguen a uno de los personajes, un vals que se baila con una metralleta y otras escenas cargadas de violencia, belleza y alucinación cuentan la masacre de Sabra y Chatila, una acción aterradora sobre la cual no se tiene una clara consciencia. “Y luego, cuando la luz de la mañana aparece, ves la destrucción que has causado, sin saber siquiera dónde estás”, dice Carmi Cna’an, amigo de Ari y compañero suyo en aquella infame incursión del 82. Vals con Bashir se desempeña como un diario en el que la pregunta esencial es: ¿cómo llegamos a ser capaces de tal atrocidad? Una que tiene el mismo tufo a sangre y remordimiento que tuvieron los alemanes después del Holocausto. Una pregunta aún sin respuesta que, en 87 minutos de película y en 128 páginas de su cómic, cuenta una historia sin ánimo de apostar en la ruleta por el bien o por el mal. Es tan sólo una historia.

Cuando las páginas rebuscan y sacuden las historias de las víctimas,  entre el polvo y el recuerdo, se avista el particular sello de la mirada actual. Una mirada que, según Santiago Naranjo, “hace un zoom sobre la defensa de los derechos humanos y el establecimiento de países democráticos en el Medio Oriente. Estamos hablando de una situación política que tiene unos intereses claros, y de cierta manera Vals con Bashir le ofrece a la gente lo que quiere ver de las situaciones de guerra, un discurso perfectamente moral y justificado”.