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Y se llamó Rafael Orozco

Por
Redacción Shock

Fueron 70 emisiones de Yo me llamo, el concurso musical que logró batir récords en audiencia y que se convirtió en un fenómeno en las redes sociales. Los concursantes se metieron en cuerpo y alma al doble que representaban, y noche tras noche lograron conmover a un público que vibró con sus presentaciones y los apoyó en toda su evolución.

Al final, Colombia decidió que el duelo de estrellas sería entre Nino Bravo (Luis Eduardo Correa) y Rafael Orozco (Jorge Martínez), dos artistas que en la vida real apagaron sus voces trágicamente. Pero en el programa sus imitadores se encargaron de revivir el espíritu de estos dos grandes cantantes. Desde el principio, Correa encantó a sus compañeros por su buena onda, por su disposición y encantó al público y a los jurados por su carisma y alegría.

Sin embargo, el ganador del concurso fue Jorge Martínez, quien llegó a conocer a Rafael Orozco en el Festival de la Paletilla, en Becerril (Cesar), justo donde nació el integrante del Binomio de Oro. Lo que siempre reconocieron los jurados en Martínez fue su naturalidad para meterse en la piel de Orozco. Su evolución, más que en la voz y el tono que le salían por derecha, fue el manejo del escenario, el baile que tanto le costó afinar, quitarse las múltiples sonrisas que le salían al entonar las parrandas (el verdadero era más serio) y ese subir de cejas tan característico de Orozco. Martínez, originario de San Roque, Cesar, antes de clasificar en Yo me llamo, estuvo trabajando con su grupo vallenato en Bucaramanga y también viajó a Valledupar para contactarse con los músicos y productores de vallenato para sacar su primer disco. Al preguntarle hace unos días sobre lo que haría con el premio, respondió: “Pagaría unas deudas que tengo. Les daría a mis dos hijos lo que no les he podido dar, una casa a mis padres y un disco bien bonito que recupere la línea de Rafa Orozco”.

La velada comenzó con vallenato. La canción seleccionada por el imitador de Orozco para esta jornada fue Qué será de mí, un tema emblemático del Binomio de Oro. A esta canción le siguió la interpretación de Un beso y una flor, a cargo de Nino Bravo, con la que el público asistente al Teatro Ástor Plaza lo acogió con un apabullante aplauso.

La otra parte de la gala tuvo en Fonseca a un invitado de honor. Con el colombiano, ambos imitadores hicieron dúos. Hace tiempo fue cantada con Orozco, mientras que El arroyito tuvo la segunda voz de Nino Bravo. El programa también fue el marco perfecto para que a Fonseca le entregaran cuatro discos de platino por las ventas de Ilusión, su registro más reciente.

A las 10 en punto de la noche se cerraron las votaciones y se determinó que la diferencia entre un porcentaje y otro era de 4%. El resultado final dio a Rafael Orozco como rotundo ganador, con un 54,83%, y $500 millones, mientras que Nino Bravo se quedó con un premio de $100 millones.