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Game of Thrones: en defensa de Sansa Stark

¿A qué se debe el odio que durante tanto tiempo se proclamó contra Sansa Stark?
Game of Thrones HBO
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Por
Julián Ramírez

¡Pobre Sansa Stark! A lo largo de siete temporadas de Game of Thrones ha sufrido torturas, secuestros, humillaciones y violaciones. Ha sido tratada como una pieza en un tablero de ajedrez y manipulada una y otra vez por maquiavélicos personajes que la usan para su beneficio. Por si fuera poco, la mayoría de fanáticos de la serie solían detestarla a muerte. Tras cada episodio, era común ver cientos de mensajes que mencionaban lo mucho que la odiaban y deseaban que muriera. Algunas de sus escenas incluso eran abucheadas. Algo que comenzó a cambiar hace muy poco, cuando el personaje sufrió grandes cambios.

Por: Julián Ramírez // @Sir_Laguna

Sansa Stark es uno de los personajes más interesantes de Game of Thrones. La revista Rolling Stone la seleccionó como el cuarto mejor personaje de la serie y en los análisis y críticas que se hacen siempre resaltan su importancia en los eventos de Westeros. Sophie Turner, la actriz que la interpreta, se ha hecho merecedora de múltiples nominaciones por su trabajo como la hija mayor de los Stark. Entonces, ¿a qué se debe el odio que durante tanto tiempo se proclamó contra ella?

La razón es una mezcla de las expectativas que tenemos en las historias de ‘fantasía medieval’, ciertos clichés literarios y hasta un poco de sexismo. Ahora, vamos a explorar este personaje para entender lo que la hizo tan genial y repudiada a la vez.

La primera impresión que tenemos de Sansa, tanto en la serie como en los libros, creó una idea clara sobre ella. Sansa es presentada en oposición a su hermana Arya. No podrían ser más diferentes una de la otra. Sansa es una princesa de cuentos de hadas, una niña que sueña con un príncipe azul, bailes en palacios y amor cortesano. En un mundo que ya se nos ha presentado con violencia extrema y amoralidad, se nos instruye a ver esta clase de aspiraciones como ridículas e ilusas. En contraste, Arya es una niña que sueña con un mundo de espadas y duelos, de guerras y gloria. Sansa trata con desprecio las aspiraciones de su hermana menor, pues van en contra de todo lo que su septa le ha enseñado que debe ser una dama.

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Obviamente, esta narrativa busca ponernos de lado de Arya y en contra de Sansa. Arya también es un excelente personaje, pero es notable que una de las razones por la que tanto gusta al público es su persecución de actividades que son descritas como ‘masculinas’. Por su parte, los sueños románticos de su hermana son definitivamente ‘femeninos’. Como suele ocurrir en muchas historias de aventura y acción, ‘lo femenino’ termina convertido en algo indeseable.

Sansa es duramente castigada por sus aspiraciones. Lo que parecía ser una fantasía de Disney hecha realidad —se convierte en la prometida del heredero del trono— pronto se vuelve una pesadilla. El chico que se convertirá en su marido resulta ser un psicópata que disfruta con el sufrimiento de los demás. No solo eso, sino que da la orden de que degüellen a Ned Stark, el padre de Sansa, en frente de ella. Para agregar sal a la herida, esta muerte se debió en parte a que ella reveló los planes de su padre a sus enemigos, guiada por una equivocada lealtad hacia la familia de su futuro esposo.

Los lectores de los libros y la audiencia de la serie de televisión no le perdonarían fácilmente este error. Desde ese momento en adelante, todas las torturas y sufrimientos que padecería a causa de su posición como prometida del Rey y su prisionera, eran recibidos con un “se lo merece”. No importaba que fuera solo una niña (11 años en el libro, 13 en la serie) que estaba actuando de acuerdo a lo que se le había enseñado. Tenía que pagar.

Cuando Sansa finalmente se da cuenta que no va a ser rescatada por su familia, no se convierte en una heroína capaz de escapar por su propia cuenta. Se mantiene prisionera del arquetipo de ‘damisela en apuros’ que rara vez tiene la agencia para lograr algo por cuenta propia. No es solo que no sea una luchadora al igual Arya, Brienne, Yara, Ygritte u otros personajes femeninos que sí agradan a la audiencia. Por ejemplo: Margaery, Cersei y Catelyn son (o eran) personajes queridos por su capacidad para utilizar las herramientas que tenían y ganar el ‘juego de tronos’ a su manera mediante la seducción, manipulación, mentiras, aliados o sabiduría. Sansa no tenía nada de eso.

Lo que sí tiene Sansa, tanto en los libros como en la serie, es resistencia. Aun cuando toda esperanza está perdida, demostró ser una niña —y luego una mujer— capaz de aguantar las peores situaciones posibles. Nunca dejó que la desesperación se apoderara de ella y mantuvo la compostura siempre. Todos los horrores que vivió, las injusticias de las que fue testigo y tretas de sus enemigos, se convirtieron en lecciones que eventualmente pondría en práctica cuando finalmente se libró del yugo de sus opresores en la serie.

(Escuche aquí 'For the Throne', el álbum inspirado en Game of Thrones)

A partir de la sexta temporada de la serie, Sansa se convierte en una jugadora importante en los eventos. Ya no es la niña inocente, ilusa e insegura que abandonó Winterfell años atrás. Sabe quiénes son sus enemigos y cómo enfrentarlos, puede ver a través de sus intentos de manipulación y sabe cómo hacer que esto juegue a su favor. Con Jon como un Rey ausente, se ha convertido en la regente de facto en su tierra. Hasta la altura de la actriz juega a su favor, pues le hace lucir digna y poderosa incluso antes los personajes más importantes de todo Game of Thrones.

Puede que no porte una espada ni monte en caballo hacia la batalla, pero es una rival digna de temer. Incluso Arya, que en el pasado nunca se llevó bien con ella, ahora la considera la persona más inteligente que conoce. Cuando Tyrion menciona que todo el mundo la subestimo, no se refiere solo a los habitantes de Westeros, sino también a la audiencia.

Es entonces cuando, por fin, Sansa comenzó a gozar del apoyo de los espectadores. Tras cada episodio se veían mensajes en redes sociales declarando que “Sansa por fin sirve para algo” y que “Ahora Sansa es un buen personaje”. Eso es injusto. Sansa siempre fue un buen personaje, solo que las audiencias fueron terriblemente impacientes con su arco narrativo, despreciando su potencial por ser ‘demasiado femenina para una historia como esta’.

Ahora, solo nos queda esperar por la conclusión de su historia en la octava temporada que acaba de comenzar. Hay algunos que incluso se atreven a imaginar a Sansa en el Trono de Hierro. ¿Se convertirá en realidad en la soberana de Westeros? ¿Se conformará con reinar en el norte? ¿Su final no será feliz y acabará terminada en un cadáver?

Muy pronto nos daremos cuenta, pero este no es el único viaje que le queda por delante al personaje. También nos quedan los libros escritos por George R.R. Martin que dieron origen a este fenómeno. Al final de Festín de cuervos, el cuarto libro de la saga, Petyr Baelish se propone a casar a Sansa con Harrold Hardyng, heredero del valle de Arryn, y usar su ejército para retomar Winterfell. Esta podría ser otra táctica manipuladora de ‘Meñique’, pero no lo sabremos hasta que Vientos de invierno, el sexto libro de la saga, salga a la venta, algo que no sabemos cuándo va a ocurrir.

Sea como sea que terminen las historias de Sansa, en la serie y en los libros, algo es cierto: ella pasará a la historia como uno de los personajes femeninos más interesantes de la ficción.

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