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Russian Doll: la nueva serie de Netflix que nos tiene enganchados

¿Usted también empezó a verla?
Netflix
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Por
Edgar Medrano

La primera imagen de Russian Doll es de una mujer sola en un baño, mirando su reflejo. No se afanen, la verán muchas, muchas veces. 

Por Edgar Medrano 

Natasha Lyonne (Nicky Nichols en Orange is the New Black) interpreta a Nadia, una ingeniera de videojuegos que está celebrando su cumpleaños número 36. Se enfiesta con toda, se "levanta" a un tipo que resulta por accidente en su fiesta y termina atropellada por un carro mientras busca a su gato. Esto pone en marcha un ciclo de muerte y resurrección, que siempre la manda de vuelta al baño. Escuchamos Gotta Get Up de Harry Nilson junto a Nadia, una y otra vez. Por eso muchos la han comparado con El día de la marmota, la inolvidable película de Bill Murray. 

Esto obliga a Nadia a caminar sobre sus propios pasos, necesita saber qué le está sucediendo. Se vuelve una investigadora de sí misma, obsesionada por su pasado. Así empieza a destapar sus traumas y el impacto de sus preocupaciones contemporáneas.

Nadia está atrapada por experiencias pasadas, que el espectador aún desconoce. Dado que está cumpliendo 36 años, es fácil achacarlos a una crisis por la edad. Ya llegó a ese momento de la vida en que dejó atrás los años de juventud despreocupada. Ya hay que afrontar ciertos compromisos con la vida y consolidar las relaciones con los que la rodean.

Pero esas son sólo las primeras muñecas rusas, las más superficiales. Debajo se esconden otras, más pequeñas y dolorosas de alcanzar, pero que representan lo que cargamos en nuestras espaldas. El bagaje de la vida. Todo aquello que dicta nuestras acciones y crea nuestros miedos, aquello que somos, no se ve nunca a primera vista. 

Por ejemplo, en una de esas muñecas que esconde, se encuentra el peso de una infancia marcada por la locura y violencia de su madre, además un pasado marcado por la religión. Lleva un colgante en recuerdo a la muerte de sus abuelos, para Nadia esto es muy pesado. Ambas cargas le causan sentimientos de dolor y culpa, aunque ella no fue la responsable. En ocasiones nuestra mente es nuestro peor enemigo, a veces nos puede encerrar en una espiral que no avanza ni retrocede. Sólo destruye.

La serie ahonda en el espíritu autodestructivo contemporáneo, no sólo con una protagonista caótica, sino también con un obseso del control. Alan es presentado como el segundo personaje atrapado en el mismo ciclo, y que tiene más relación con Nadia de lo que parece a simple vista. Alan está obsesionado por controlar cada pequeño aspecto de su vida, desde cómo doblar las camisetas hasta los planes con su pareja. Su ciclo también comienza frente al espejo del baño, con el cepillo de dientes metido en la boca y una mosca en la pared. Suena música clásica, él se preparaba para un viaje soñado con su pareja, quien le tiene una sorpresa preparada: lo deja. Ese día se repite una y otra vez sin que pueda hacer nada al respecto. Al encontrarse con Nadia, unen fuerzas con para averiguar no sólo porque han caído presas del ciclo, sino también por qué sus muertes están conectadas.

Ambos personajes tienen comportamientos autodestructivos. Nadia es el caos absoluto, mientras Alan es la negatividad hecha hombre. Ambos comparten un mal funcionamiento interno que deben solucionar para poder vivir en paz. Una vida donde la más pequeña de las muñecas rusas que escondemos no sea un virus que nos carcoma por dentro, sino una parte más de nuestra persona. 

Adoptar un punto de vista más espiritual tiene mucho que ver con la salud mental. En un mundo donde todo es una carrera de obstáculos entre logros laborales, sueños inalcanzables y euforia consumista, parece casi obligación crear una conexión sana y abierta con nosotros mismos. Afrontar quiénes somos, enfrentarnos a la última de las muñecas, para poder crecer siendo dueños de nuestras propias decisiones. Al final, los ciclos de nuestros dos protagonistas no son más que una metáfora a las repeticiones que todos llevamos a cabo cada día, los vicios, los patrones de conducta que repetimos una y otra vez, sabiendo que nos hacen daño y no nos están ayudando a alcanzar algún tipo de paz interna.

Russian Doll nos muestra que antes de pretender ayudar a los demás, tenemos que ayudarnos a nosotros mismos. Nadia y Alan rompen el ciclo en el que estaban metidos, enfrentándose a sus propios traumas y miedos por primera vez. Nos recuerdan que tenemos la capacidad de cambiar nuestras vidas si cambiamos nuestras actitudes, comportamiento y en últimas, nuestra realidad.

 

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