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Mundo híbrido

Toda la onda glam y estilizada de los beats y secuencias roqueras de este género llegó al país como un coletazo de la onda electrónica mundial a finales del 2003. Poco a poco fue ganando y abriéndose paso entre dos mundos musicales, el de los rockeros transgénicos y el de los junkies electrónicos que buscaban mucho más que chispún. Sexy Lucy (ya extinta) y De Lux Club y Diva Gash le abrieron los ojos del país a esta onda. Mientras sus toques comenzaban a sumar gente, en los pequeños parches que se armaban en las rumbas, grupos como Peaches, Fischerspooner, Miss Kitten, Golffrapp y Ladytron hacían delirar a miles de almas en todo el mundo. El gancho de este sonido rumbero y ecléctico se debe a las posibilidades que brindan los juguetes electrónicos, que llevan a los sonidos, las mezclas y toda la dimensión sonora del rock a límites insospechados. Un portátil, con el famoso fruity loops 3.0 o Live, basta para hacer los samplers, loops y secuencias que, sumados a la fuerza de la guitarra, bajo y batería, hacen transpirar vanguardia y energía musical. Como cualquier otro género, sus ramas y tendencias se esparcen sobre toda la escena. El electro rock se caracteriza porque, aún con la inclusión de estos gadgets musicales, su inclinación es más rockera; el electro clash, por su parte, tiene un beat más denso, constante y rumbero, definitivamente un corte más electrónico, y el new wave, combinando un poco de los dos, rescata todas las raíces ochenteras de los sintetizadores y los teclados. A diferencia de otros hijos del rock, por ser el menor y el más precoz de la camada, el electro rock echa mano de todo el universo de la fotografía y del diseño gráfico, que con VJs e instalaciones audiovisuales en vivo invaden el escenario con una estética atrapante y de avanzada. Pero esto no va hasta aquí. La moda glamourosa y estilizada articula este mundo no sólo con sus músicos sino con aquellos que la entienden como un estilo de vida, convirtiendo a esta comunidad en una tendencia más ambiciosa estética y culturalmente. Gracias a esta mezcla de música, arte y moda y a la fuerza de difusión del MySpace, de lugares como Socorro, el Lirol, El Espacio, La Sala y de festivales como Bogotraxx, Gaitán Electrónico, E-pop, Damage Noize y Electro Pop, entre otros, la escena ha crecido considerablemente no sólo en Bogotá sino también en Cali y Medellín.

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Toda la onda glam y estilizada de los beats y secuencias roqueras de este género llegó al país como un coletazo de la onda electrónica mundial a finales del 2003. Poco a poco fue ganando y abriéndose paso entre dos mundos musicales, el de los rockeros transgénicos y el de los junkies electrónicos que buscaban mucho más que chispún. Sexy Lucy (ya extinta) y De Lux Club y Diva Gash le abrieron los ojos del país a esta onda. Mientras sus toques comenzaban a sumar gente, en los pequeños parches que se armaban en las rumbas, grupos como Peaches, Fischerspooner, Miss Kitten, Golffrapp y Ladytron hacían delirar a miles de almas en todo el mundo.

El gancho de este sonido rumbero y ecléctico se debe a las posibilidades que brindan los juguetes electrónicos, que llevan a los sonidos, las mezclas y toda la dimensión sonora del rock a límites insospechados. Un portátil, con el famoso fruity loops 3.0 o Live, basta para hacer los samplers, loops y secuencias que, sumados a la fuerza de la guitarra, bajo y batería, hacen transpirar vanguardia y energía musical.

Como cualquier otro género, sus ramas y tendencias se esparcen sobre toda la escena. El electro rock se caracteriza porque, aún con la inclusión de estos gadgets musicales, su inclinación es más rockera; el electro clash, por su parte, tiene un beat más denso, constante y rumbero, definitivamente un corte más electrónico, y el new wave, combinando un poco de los dos, rescata todas las raíces ochenteras de los sintetizadores y los teclados.

A diferencia de otros hijos del rock, por ser el menor y el más precoz de la camada, el electro rock echa mano de todo el universo de la fotografía y del diseño gráfico, que con VJs e instalaciones audiovisuales en vivo invaden el escenario con una estética atrapante y de avanzada. Pero esto no va hasta aquí. La moda glamourosa y estilizada articula este mundo no sólo con sus músicos sino con aquellos que la entienden como un estilo de vida, convirtiendo a esta comunidad en una tendencia más ambiciosa estética y culturalmente.

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