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Bob Dylan y el poder de la canción

El reciente Nobel de Literatura es un triunfo para la canción popular.
Por
Redacción Shock

A medio camino entre la música y la poesía, Bob Dylan encontró la perfección en la canción. Por más de seis décadas este cantautor norteamericano nos ha entregado fragmentos de finura lírica que no paramos de admirar a veces por su sencillez y otras por sus elaboradoras figuras metafóricas que componen su imaginario de amores y desamores, denuncias políticas, afiladas críticas sociales, aventuras con drogas y personajes bíblicos.

Por: Alejandra Gómez  @andragomez // Foto : Gettyimages

La canción es una de las formas más bellas de expresión popular artística pues desde hace siglos ha sido un vehículo tanto para expresar asuntos de amor como de la vida diaria privada y pública. Desde los juglares de las cortes y las plazas hasta los nómadas que iban –y van– de pueblo en pueblo llevando noticias y quereres, la canción se nos ha revelado como una forma que pareciera literatura imperfecta y música incompleta pero que al final puede ser tan universal y trascedente como cualquier otra forma de alta cultura cuando su calidad lo permite. Y eso finalmente es lo que ha reconocido la Academia Sueca al premiar a Dylan, quizás el más grande escritor de canciones de nuestro tiempo, con el Nobel de literatura por "haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción americana."

Un premio sin precedentes en la historia del Nobel que reconoce la posibilidad de la canción como género literario sin ignorar el hecho que Dylan además haya escrito magníficos libros como su autobiografía Chronicles publicada por Simon and Schuster en 2004 y su libro de poesía Tarántula publicado en 1971 por Scribner.

Parábolas, metáforas, imágenes y oraciones tan contundentes y crudas como su propia voz. La voz de un judío de Minnesota bautizado como Robert Allen Zimmerman y quien adoptara el nombre de Bob Dylan por el gran poeta romántico Dylan Thomas. Desde sus inicios Dylan estaba dejando claro de dónde venían sus influencias siendo él a su vez uno de los personajes de la cultura pop más influyentes de las últimas décadas en todo el mundo.

Su obra ha cambiado fundamentalmente esta forma de arte en todos los idiomas y por varias generaciones. La canción en español no ha sido la excepción con grandes admiradores como Joaquín Sabina, Andrés Calamaro, Franny Glass, Pablo Dacal, La Derecha y muchos otros músicos en quienes podemos evidenciar su legado.

El darle un premio de literatura tan importante como un Nobel a un artista reconocido principalmente como músico demuestra que ninguna disciplina artística está encajonada en sí misma con lineamientos incorregibles, que las diferentes artes se acompañan, se bordean y se combinan; que las fronteras de la literatura cada vez están más dispuestas a la apertura y a la mezcla con las tradiciones populares, y eso hay que celebrarlo. Aún cuando no haga falta tampoco de la validación de la Academia Sueca para entender la grandeza de Dylan tanto en las letras y la música como en el corazón de la gente esto es un bienvenido espaldarazo y guiño a la canción. Como dijo Joaquín Sabina recientemente en un artículo en El País de España, “el gesto de la Academia Sueca hace que todos los que nos dedicamos a dignificar las palabras en el pop nos sintamos premiados con él.”

¿Dónde acaba la literatura y empieza la música? En el caso de artistas como Bob Dylan, Lou Reed, Leonard Cohen, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat y otros pocos, me atrevería a decir que en todo el medio de la canción,  en las fronteras escurridizas de las letras, el ritmo y las notas. Sin embargo, si tomáramos muchas de las canciones de Dylan de su extenso catálogo y le quitáramos la música, reconoceríamos en esas letras un cuerpo literario digno de ser reconocido por lo que es: poesía.

¨No sé qué tipo de lenguaje usas” dice Dylan en su canción Red River Shore y la verdad es que nosotros tampoco sabemos claramente qué tipo de lenguaje usa él. La obra de Dylan no es tan fácil de clasificar dentro de un género o estilo, y como él mismo ha reconocido en repetidas ocasiones, los críticos le han dado palo desde el primer día. Y no es para menos pues Dylan se ha caracterizado por ser un provocador revolucionario de las formas del lenguaje y del arte mismo, reinventándose una y otra vez en las varías décadas que lleva de carrera musical. Algunos incluso sostienen que Dylan reinventó la canción de rock y cambió las reglas del pop el día que conectó su guitarra en el Newport Folk Festival de 1965 para dejar de tocar la música acústica de protesta que lo había vuelto famoso en Nueva York y entonar su ahora clásica canción Like A Rolling Stone.

Todo, desde la gran tradición de la canción estadunidense, los surrealistas europeos, los poetas malditos, los Beats, la psicodelia, y hasta la Biblia –en su no tan celebrada época de cristiano evangélico–, han sido inspiración para esta máquina de hacer canciones que con más de cinco décadas de vida musical sigue dando sopa y seco a los valientes músicos que empuñan un lápiz para narrar sus vidas en canciones. Blonde on Blonde de 1966, el disco que la secretaria permanente de los Nobel Sara Daniues recomienda para iniciarse en la obra del autor, es sin duda una obra maestra que ejemplifica su extraordinaria manera de usar las imágenes y la rima a favor de un sentimiento genuino y surreal del caos de vivir.

Esto es un triunfo para la canción popular a veces tan estigmatizada y olvidada como forma de arte por las instituciones y los cánones rígidos y anacrónicos de quienes limitan las expresiones estéticas a los museos y bibliotecas. Si bien muchas personas de los círculos literarios están indignadas porque este año un músico y no un escritor se haya llevado el Nobel, muchos otros escritores famosos y músicos celebran lo que piensan es un triunfo merecidísimo para Dylan.

Si el punto de la discordia es que Bob Dylan es finalmente un músico y no un literato, creo que esto no muestra sino limitaciones innecesarias en formas artísticas que históricamente ni siquiera tienen un conjunto de condiciones suficientes y necesarias para poder definir algo como literatura o no. Sí, por supuesto que podemos entender la literatura como prosa, poesía, novelas, etc. pero eso no significa que no haya muchos casos en los que las formas de otras disciplinas artísticas, que claramente tienen un fuerte componente lírico como la canción, puedan considerarse literatura. Después de todo sabemos que desde la antigua Grecia existen textos como los de Homero o los rapsodas que hoy día consideramos literatura y que leemos desde páginas encuadernadas cuando originalmente estaban intencionadas para ser acompañadas de música y recitadas en las plazas públicas. Algo más parecido a lo que hace Dylan en un escenario que a como los leemos nosotros en una biblioteca.

 

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