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Uno de los mejores libros colombianos llega al cine en 'Carta a una sombra'

Por
Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

Si se leyó El olvido que seremos tienen cita obligada con el documental que Miguel Salazar y Daniela Abad, hija del escritor Héctor Abad Faciolince, hicieron sobre la dolorosa historia contada en el libro. Si no se lo leyeron, la película también es incapable porque permite entender la violencia en Colombia y a la vez revivir el amor familiar.

Por: Juan Pablo Castiblanco Ricaurte // @KidCasti

En el Festival de Cine de Cartagena 2015 (FICCI) el documental Carta a una sombra tenía su premier en Colombia en el mítico Teatro Adolfo Mejía (el antiguo Heredia). Tuve la oportunidad de ir a esta y a otras premieres de películas colombianas durante el FICCI, en las que estaban presentando sus producciones actores de la talla de Angie Cepeda, Andrés Parra o Mónica Lopera, pero la de Carta a una sombra fue de lejos la que recibió la ovación más extensa, emotiva y sincera de parte del público. ¿Por qué? Porque, apoyada en el soberbio libro de Héctor Abad Faciolince El olvido que seremos, le da rostro a uno de los miles de asesinatos que han ocurrido en las últimas décadas en Colombia. Pero sobre todo, porque cava profundo en el amor familiar, recuerda los días de infancia de quien conoce la historia y se convierte en una historia universal con la que cualquiera se puede identificar. 

Para quien no ha leído el libro, un resumen para vagos: el 25 de agosto de 1987 paramilitares al mando de oscuros señores de Medellín asesinaron al médico, profesor y humanista Héctor Abad Gómez, reconocido en la ciudad por su luchar a favor de los derechos humanos. Su hijo, el escritor Héctor Abad Faciolince, exorcizó su dolor escribiendo, pero no se quedó ahí: hizo una hermosa reconstrucción de quién era el hombre que la violencia se había llevado, a través de recuerdos anclados desde su propia infancia y la de sus hermanos, de lecciones a amar la vida, a respetar al otro, a combatir la violencia con candidez y revoluciones sociales. La novela publicada en el 2006 es un manual infaltable para entender el conflicto, la violencia y la necesidad de reconciliación en Colombia. 

Hace dos años la hija de Faciolince, Daniela Abad, y Miguel Salazar comenzaron la tarea de hacer un documental basado en el material literario. Retomaron un intento fallido que había comenzado una productora holandesa interesada en el texto pero que fue inmune al valor emotivo de la historia. Tal vez una señal del destino a que la historia había que contarla como era para que calara profundo entre el público colombiano. Salazar, director de varios documentales que repasan la historia reciente de hechos violentos en el país, y Abad, recién graduada de cine en Barcelona, se encontraron para dar a luz una película dolorosa pero esperanzadora, que logra convertir a una víctima de la violencia en un retrato de la intolerancia colombiana de los últimos 50 años. Carta a una sombra es una herramienta contundente para descongelar las frías cifras de muertos de cada día saturan los medios y permite entender por qué hay que creer en la paz en tiempos de guerra.

¿Por qué abordaron la historia de este libro como un documental y no como una ficción o un proyecto artístico plástico, teniendo en cuenta que Daniela es graduada de Artes?

DANIELA ABAD: Sí se podría sacar una ficción. De hecho cuando leí el libro le pedí a mi papá que me guardara los derechos porque creía que se podía sacar una buena ficción. Pero la idea de hacer un documental tal vez funcione más, y hace que respete al libro como documento. Hacer el documental, ahora que muchos de sus personajes están vivos, tiene un valor añadido. La ficción se puede hacer de alguna manera en cualquier momento. También hay que decir que la idea de hacerlo como documental no fue ni de Miguel ni mía, sino de unos holandeses.

MIGUEL SALAZAR: Sí, fue un poco un accidente que hubiera surgido de esta manera. Por otra parte el libro es más un documental, con algunos elementos o estrategias narrativas de la ficción. Yo hice un documental en el 2011 que se llamaba “La Toma”, sobre el Palacio de Justicia, y Héctor Abad Faciolince fue el narrador de esa película. Por esa época unos holandeses querían hacer algo con El olvido que seremos, sobre la gente que seguía viva de esa historia, Héctor quería que hubiera un local que trabajara con ellos y por eso me llamó. Hicimos un pequeño rodaje pero eso no funcionó. Por esa época Daniela estaba estudiaba cine en Barcelona, quiso retomar el proyecto y así fue que lo terminamos codirigiendo.

El libro tiene muchas cosas valiosas de dónde agarrarse. Por ejemplo, tiene una frase hermosa que le dijo Héctor Abad padre a Héctor Abad hijo, donde dice que lo único que se puede hacer con los hijos es amarlos porque el mundo ya se va a encargar de darles duro. Pero también hay un crudo retrato del contexto político, y a la vez hay una historia familiar. ¿Cómo fue la lectura que hicieron del libro?

MS: Esa frase que usted nombra, que al final se quedó por fuera del documental, es una de mis favoritas: “si quieres que tu hijo sea feliz, dale amor. Si quieres que sea más feliz, dale más amor”. El libro sin duda fue la columna vertebral del documental. Nos basamos en la idea de que era la carta de un hijo a un padre que quiso mucho. Se iba a contar la vida y muerte de Héctor Abad Gómez y se abre a los demás protagonistas del libro que son las demás hijas y la esposa, Cecilia. Leí el libro muchas veces hasta hace dos años, extraje lo que me interesaba, las frases y los momentos, pero a partir de ahí me olvidé de él cuando empezamos a hacer la película porque sabía que no le iba a llegar ni a las rodilla, y que el documental debía ser una cosa totalmente independiente porque el cine tiene otra manera de narrar. Teníamos herramientas diferentes como unas cartas habladas de Héctor Abad Gómez a su nieta y fotos de archivo. 

DA: La última vez que leí el libro también fue hace dos años, pero sí volvíamos al libro mucho a pesar de que no lo leíamos de corrido, porque cuando hacíamos las entrevistas repasábamos los capítulos para preparar las preguntas. En todos los procesos siempre volvimos al libro.

Hay otro elemento presente en el libro, que genera mucha rabia cuando uno lo lee, y es el clima político que propició el asesinato de Héctor Abad Gómez a manos de paramilitares al mando de oscuros señores. ¿Cómo fue su relación con ese tema?

MS: Nos metemos con eso de manera clarísima, no se explica el contexto al detalle, pero se deja la explicación en las propias palabras de Héctor Abad Gómez sobre la alianza paramilitar de Colombia, cómo se gestó. No quisimos ahondar en la historia de los victimarios, en señalar a Carlos Castaño como el hombre que asesinó a Héctor Abad Gómez con su propia mano, porque queríamos celebrar la vida y no darle espacio a quienes quisieron acallar esta voz. 

¿Cómo recibió la familia Abad la idea de hacer un documental sobre este acontecimiento? ¿No era meter el dedo otra vez en la llaga?

DA: No, mi familia siempre ha sido muy abierta y no representó ninguna dificultad. No les mostramos el documental hasta el día de su estreno en el Festival de Cine de Cartagena y eso fue una elección acertada porque fue muy emotiva su respuesta. En cambio ellos sí leyeron “El olvido que seremos” antes que se publicara, mi papá les entregó un manuscrito y todos lo leyeron e hicieron anotaciones que mi papá utilizó en el libro.

¿Y para Miguel cómo fue entrar en una familia ajena?

MS: Fue la oportunidad de entrar a una familia que se ha convertido en referente para las víctimas de la violencia. Reforcé valores que me había enseñado mi familia, como que el amor es lo que mueve la vida, el amor por los padres. Yo me volví padre en el proceso de hacer esta película entonces estaba con los sentimientos a flor de piel. El libro es un manual de paternidad. Fue muy emocionante hacer esta película mientras uno aprende a ser padre, lo que hace que uno se cuestione si ha sido duro con sus padres. 

¿Desde la cultura se ha contado con suficiencia la violencia en este país? ¿Hay buenos relatos?

MS: Yo me he dedicado un poco a hacer eso. Soy historiador y he hecho documentales sobre problemas fundamentales del país como el Palacio de Justicia, el problema de tierras que hay con los indígenas del Cauca, el asesinato del periodista Orlando Sierra por el que acaban de condenar al excongresista Ferney Tapasco. Hace unos años contar estas historias no se podía, hoy sí y se están comenzando a hacer con más profundidad. El país cae mucho en ver el conflicto de una manera muy noticiosa, en que la tragedia de hoy borra la de ayer. Es tal la cantidad de malas noticias que a la gente se le olvida el contexto. Lo que tratan de hacer estos relatos es inscribir estas historias en la memoria histórica del país. Es momento de hacerlo, cuando estamos ad portas de la reconciliación. 

Los primeros proyectos de muchos cineastas en Colombia no terminan siendo con el que ellos sueñan, sino el que se encuentran en el camino. ¿Este es su proyecto soñado?

MS: Para mí de alguna manera es esta película porque es la posibilidad de contar la historia de un hombre bueno, de una persona que me parece es un modelo a seguir en Colombia, que se dedicó a trabajar por los demás, a tratar de hacer una mejor sociedad, que quería la vida, que quería a su familia. Yo vengo de una familia grande, numerosa y muy unida que se parece a la familia Abad, y me parece bonito poder celebrar eso, el amor de una familia en la película. Me parece un sueño poder hacer esto, pensé que en los tiempos de hoy eso no funcionaba, pero se puede rescatar. 

DA: Es maravilloso poder hacerle este regalo a mi familia. Me parece increíble. 

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