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José Ancizar: “Mientras haya hambre en el país difícilmente hay paz”

José Ancizar vivía en el caserío La Sonora. Por una macabra alianza entre paras y ejército, le tocó vivir una de las peores masacres de los últimos tiempos
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Redacción Shock

José Ancizar vivía en el caserío La Sonora. Allí, por una macabra alianza entre paras y ejército, le tocó pasar por una de las peores masacres de los últimos tiempos: la “masacre de Trujillo”. Ahora está metido de cabeza en la música. Es profesor y además tiene una larga lista de pasillos y boleros para contar lo que pasó y todavía pasa en sus tierras.

Por Fabián Páez López @Davidchaka - Foto: Fox Ph. 

José Ancizar es de Trujillo, Valle, el epicentro de un hecho recordado como “La masacre de Trujillo”. Así fue como se le conoció a una serie sistemática de desapariciones, torturas y homicidios que se extendieron a Riofrío y Bolívar entre 1986 y 1994. Durante ese tiempo murieron por lo menos 245 personas. Entre ellas el sacerdote del pueblo, el padre Tiberio de Jesús Fernández. Los ejecutores de los crímenes fueron una verdadera alianza del terror: las estructuras criminales de los narcotraficantes Diego Montoya “Don Diego” y Henry Loaiza “El Alacrán”, junto a miembros de las fuerzas de seguridad del Estado como la Policía y el Ejército.

1990 fue el punto más alto en la escala del miedo en la zona: las torturas, las mutilaciones y los muertos se dispararon. Cuando eso pasó, José Ancizar tenía 40 años. Desde hace mucho ya hacía canciones, pero fue en ese año cuando le tocó huir con su música a otros lugares.  

“Me ha gustado caracterizarme por hacer música. No sobresalí antes como artista porque lo hacíamos como cultura de nuestra vereda. Sin embargo, ahora no es lo mismo que cuando nos amanecíamos tocando, parrandeando y salíamos de una fiesta para otra. Después del conflicto ya no creíamos en nosotros mismos.

Cuando se empezaron a meter los grupos le lavaron el cerebro a la gente y ya uno no tenía confianza ni con el propio amigo porque no sabía en qué andaba metido”.

Durante un tiempo guerrillas y paras habitaron la zona y hubo fuego cruzado. 17 soldados murieron y la población civil fue la que llevó del bulto. Todos temían ser acusados de guerrilleros. José Ancizar estuvo a una apretada de gatillo de ser una víctima más.

“Primero estuvieron los elenos y después entraron los paramilitares. Pero esos [los paras] si entraron acabando hasta con el nido de la perra, desaparecían y decapitaban gente. Esa era la época que también hacían falsos positivos. A mí una vez un teniente con un fusil del ejército me tuvo una hora apuntándome. Mientras, yo solo esperaba que apretara y que sacara el balazo. Me llevé un buen susto sin tener nada que ver, porque yo he vivido dignamente y nunca he cargado un fusil. Hay gente que ha portado fusiles toda la vida y está viviendo muy bien, tiene casas y buenos negocios. A nosotros nos ha tocado más difícil, por eso yo creo que mientras haya hambre en el país difícilmente hay la paz”.

Después de eso José Ancizar dejó botadas sus tierras en La Sonora y su familia se dispersó al desplazarse. Pero ahora volvió al municipio de Trujillo y tiene un centro cultural a pocos minutos de sus antiguas tierras. En el tiempo en que estuvo por fuera se dedicó a cantar. De su repertorio dice que hasta Julio Jaramillo le robó la letra de una canción que él compuso.

“Yo sonaba con mi grupo en una emisora de Tuluá y creo que él la oyó y se pegó.  De pronto averiguó que no estaba registrada y la cogió, pero no me dio ningún crédito a mí. Yo no le dije nada porque pensé que nunca iba a grabar. Igual tengo muchas canciones. Más de veinte, entre boleros y pasillos. Mi idea es hacer memoria para recordar nuestras víctimas y visibilizar lo malo que hay en el país.

Cuando teníamos el grupo hubiera sido muy chévere poder grabar porque éramos un grupo familiar. Mi padre tocaba violín y mis hermanos guitarra. Teníamos todos los juguetes. Pero no nos preocupó seguir con eso. Por una parte fue porque el conflicto nos dividió: mi papá se fue para Cali y murió de daño moral, le tocó vender la finca e irse a la ciudad donde no sabía defenderse”.

Aunque la época de masacre ya terminó, la situación del territorio en el que vive hoy José Ancizar siempre ha sido tensa. Los paramilitares nunca se han movido de allí. Según cuenta, ahora  ocupan la cordillera occidental, donde se pelean entre bandos porque es el corredor de la droga. 

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