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La entrada triunfal de Bob Dylan a la literatura

Bob Dylan le dio en la cara a la literatura tradicional.
Por
Redacción Shock

La Academia se ha pronunciado y con el premio que le dio a Bob Dylan ha dado un paso más allá, ha ampliado las barreras que definen lo literario reconociendo que este es un valor que puede estar en otras cosas diferentes a libros, siempre y cuando la materia de trabajo sea la escritura.

Por: Edgar Blanco (librero de La Madriguera del Conejo) // www.lamadrigueradelconejo.com - Foto: Gettyimages

Pese a que lastimosamente podemos vanagloriarnos de ser el país al que ya nada sorprende, el resultado del premio Nobel de Literatura, otorgado a Bob Dylan, fue desconcertante para todos. Una vez más los libreros tuvimos que quitar de las mesas de exhibición y devolver a la estantería los libros de Philip Roth, Amos Oz, Haruki Murakami y Kadaré que desde hace más de 4 años –se supone-, encabezan la lista de postulados al premio más importante de Literatura. Después, una vez fuera los libros de la vitrina lo problemático era con qué reemplazar esos espacios, pues de Bob Dylan a lo sumo las librerías o por lo menos en La Madriguera del Conejo tenemos su proyecto de “novela” Tarántula un librito de poesía y el enorme volumen con las letras de sus canciones. Pero, ¿leer a Dylan? O mejor, ¿leerlo de la manera tradicional? Nuestra vitrina volvió a tener las novedades que había ayer. No sé si la reacción que describo se pueda generalizar, pero con la noticia del premio Nobel lo que nos entró en ganas fue escuchar algunas canciones, que después fueron discos completos y ya felices dejar que el playlist de su música se reprodujera todo el día.

Como cada año y por tan solo un día, algunas personas hablarían del premio Nobel  de Literatura con una charla iniciada por un encogimiento de hombros o la demostración erudita de algún escaso conocedor de la obra premiada. Tradición más o menos enraizada que ayer perdió su capacidad de repetición ya que la obra de Bob Dylan es conocida por el mundo entero. Tanto que algunos dirán que por primera vez han leído la obra de un premio Nobel vigente, otros que ahora sí tendrán un libro de poesía, otros sacarán a relucir con cierta ironía en redes sociales su buen gusto por atesorar en casa la “obra” literaria de un maestro, recopilada en LP y CD.  En resumidas cuentas una conexión por afinidad. El fallo de la Academia sueca es novedosísimo pues se supone que lo que debe premiar es el oficio de la escritura que realizan escritores, una labor profesional con la que se crean novelas, cuentos o poesías, todos consignados en libros impresos; categoría prejuiciosa que excluye las canciones, los guiones cinematográficos, los guiones para novela gráfica, los reportajes, y toda aquella labor que no se puede enmarcar en esa definición de “lo literario” que no sabemos muy bien quién impuso.

Pero la Academia se ha pronunciado y con esta decisión ha dado un paso más allá, ha ampliado las barreras que definen lo literario reconociendo que este es un valor que puede estar en otras cosas diferentes a libros, siempre y cuando la materia de trabajo sea la escritura. Como lector las letras de las canciones de Bob Dylan me encantan y varias de sus frases superan a los mejores momentos de muchas novelas y cuentos, por no llevar la comparación a la poesía. Sin embargo la lectura de Dylan no se puede hacer en el ejercicio íntimo y silencioso del desciframiento de lo textual, se tienen que oír las canciones, que las palabras tengan su voz, el sonido de la armónica y la guitarra, porque sin esa particular voz las palabras dejan de tener significación, son un conjunto y la canción es un género literario. ¿Que de eso no nos hablaron en la universidad? Bueno, seguro que no, pero precisamente por eso es importante que ahora sea un premio Nobel, importante porque desde hoy la Literatura ha aceptado otro tipo de obra y sacudimos esos prejuicios que teníamos sobre lo literario. Es un cambio pero además un cambio que queríamos. Recuerden o revisen la reacción de los periodistas en el anuncio del premio. No se trató de una aprobación discreta con un aplauso de cortesía y las miradas serias; fue una ovación ruidosa seguida de sonrisas aprobatorias y socarronería, un “toma esto”, dirigido no precisamente a sus contendientes, a los buenos escritores, que podrían estar postulados, sino a los que aún no saben ni para que escriben porque lo que saben es que escriben “obras literarias”.

Esta apertura de lo literario a algunos les preocupa, olvidan que una vez esta misma academia premió a un irlandés que se esforzó en acabar con la forma estructural de la novela, y aunque la apertura que unos temen se diese, a otros nos gusta, ya que no pudimos sino soñar con que en el pasado se entregara este premio a Osamu Tezuka (idea de mi mejor amigo). Ahora nos alienta a creer que al menos será un motivo para que los cantantes le pongan más empeño a lo que hacen y salgan de las veinte palabras con las que se supone cultivan la imaginación. Es posible que mañana en La Madriguera del Conejo no tengamos cómo llenar la vitrina con los libros del nuevo premio Nobel de Literatura, pero cuando un lector entre a buscar la obra de Bob Dylan la va encontrar, porque tendremos sus canciones, que sospechosamente son excelentes consejeras para elegir un buen libro.

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