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Son Palenque, los gurús de la música afrocolombiana lanzan disco

Por
Redacción Shock

Por: Jenny Cifuente @Jenny_Cifu

Ellos son los gigantes del sonido palenquero, con tres décadas en su expediente bajo la batuta de Justo Valdez,  un estilo arraigado a la tradición y  los pies en la modernidad, publican un álbum recopilatorio que recoge los mejores episodios de una carrera solventada con garra y talento, que los ha  instalado en los picos del sonido afro nacional.  

Justo Valdez originario de San Basilio de Palenque, vocalista, fiero tamborero, compositor y pionero de la champeta criolla, formó Son Palenque a inicios de los 80. Desde temprana edad, se erigió como guía musical, cargado de la herencia de un poderoso árbol genealógico: hijo de Cecilio Valdez Simanca ‘Ataole’, virtuoso percusionista y héroe sonoro de la tradición palenquera, sobrino de José Valdez Simanca, gran marimbulero miembro fundador del Sexteto Tabalá y primo del legendario tamborero Paulino Salgado ‘Batata’.

Tras vivir sus primeros años entre labores del campo y duelos de tambores, arribó  a Cartagena y empezó a trabajar como albañil y vendedor de gafas. Los tiempos de despegue fueron difíciles para él y sus futuros coequiperos quienes también habían emigrado de Palenque a la ciudad, pero el latido de la música los regía y una noche en las playas de Marbella, durante la época en que la psicodelia afro costeña brillaba y retumbaba en los picós, nació  Son Palenque con un nombre acogido del ritmo del son, que también quiere decir “ellos son de Palenque”.  

Los Trotamundos del Sabor

Piloteado por el golpe del cuero y la voz de Justo, el poderío en el tambor de ‘Ataole’, Enrique Tejedor y Luciano Torres en los coros, Tomás Valdez en el tambor alegre y Pánfilo Valdez como segunda voz líder, el grupo arrancó ensayando en un colegio en el que ‘Ataole’ trabajaba como vigilante. Su sonido se materializó y la banda debutó con dos cortes: El Palo de Mamón (única canción que grabara ‘Ataole’) y Aloito Pio, tema de Justo cantado en  lengua palenquera, que los ubica entre los precursores en registrar música en este lenguaje.  “Recién llegados a  Cartagena la gente se burlaba de nuestro acento, decía que la lengua palenquera era maluca, que usarla era símbolo de ignorancia porque no sabíamos hablar. Pero cuando nos presentábamos en tarima teníamos mucho éxito, el público pensaba que éramos un grupo africano, haitiano o jamaiquino. Hoy los tiempos han cambiado, hubo que luchar mucho para que estas transformaciones se dieran” afirma Valdez. La agrupación provocó espasmos en la audiencia nacional y de otros territorios con  voltaje apabullante y publicó  numerosas producciones que agitaron corazones y caderas.


La Universidad de la Música Palenquera

Con un sonido particular, gestado en el tambor e irradiado en canciones que lucían letras con el valor de lo simple y lo cotidiano, Son Palenque incendió los carnavales de Barranquilla, alternando con Joe Arroyo, Irene Martínez, Los Soneros de Gamero y otras figuras del momento.  Su canción El Sapo se convirtió en éxito y los discos del grupo dispararon las ventas. Su virtuosismo fue desbordado. La agrupación en la década ochentera mostró por primera vez música raizal palenquera y chalupa con arreglos modernos recreados con bajo, guitarra y saxo, además inventó varios ritmos como el  bautizado “son palenque”, golpe en la tambora característico de muchos de sus temas, y  registró en LP  folclor africanizado, pegando los hits Palenque Palenque y El Sapo incluidos en recopilaciones internacionales. 

Parlantes de la sonoridad afro colombiana se convirtieron en la universidad de la música palenquera.  A sus filas llegaron a formarse varios de los cantantes  íconos de la champeta: Charles King, Melchor Pérez y Viviano Torres quienes luego labraron sus carreras de manera independiente.  A mediados de los 90 en medio de grandes cambios del negocio musical, con el declive de la industria del acetato, y con Son Palenque sin contrato discográfico, Justo Valdez se aventó a realizar canciones como solista para el naciente mercado de la champeta criolla. En esta temporada difícil para el folclor, Valdez y sus compañeros, sin parar de tocar, retornaron a las playas de Cartagena a vender gafas a los turistas y a otros oficios para sobrevivir. La vigilia de los estudios se dio hasta 2012 cuando Son Palenque de nuevo prendió candela con el disco Kamajanes de la Música Palenquera. 

Afro-colombian Sound Modernizers

Tres décadas en las que la banda ha envuelto públicos en brasas de negritudes rítmicas se resumen en 20 canciones - en su mayoría composiciones de Justo Valdez- recopiladas por el productor Lucas Silva, cabeza del sello Palenque Records, para  el disco Son Palenque, Afro-colombian Sound Modernizers. Una placa que despliega tracks de los trabajos Los Trotamundos del Sabor (1983) y La Arepa Asá (1984), cortes de los discos  Ane Jue/Ellos Son (1985) y Afric Erotic (1986) en los que la banda inyectó nuevos bríos a la herencia sonora de Palenque y mostró ritmos tradicionales con arreglos modernos al lado de reputados  invitados como Michi Sarmiento en el saxo y el guitarrista Abelardo Carbonó,  y la  canción Adiós Batata, canto fúnebre en ritmo lumbalú, del álbum Kamajanes de la Música Palenquera (2012) que bajo la producción de Silva marcó la resurrección de la agrupación en formato folclórico.  Son Palenque, Afro-Colombian Sound Modernizers publicado por Vampisoul/Palenque Records, en doble acetato y en CD es una joya sonora que narra en canciones la historia de los titanes de la música ancestral palenquera en Colombia. 
           

 


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