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Posar de humanitario en redes: la estrategia más estúpida para levantar

“Tómame una foto así, como que soy sensible a los problemas sociales”
YouTube  SAIH Norway
YouTube SAIH Norway
Por
Fabián Páez López

En el diverso ecosistema digital que suponen las redes sociales hay varias especies de humanos que se desgañitan publicando fotos de sí mismos. A cada rato y en diferentes poses. Es una especie de autopropaganda constante que, en algunos casos, se vuelve molesta y hasta ofensiva, pero que casi siempre es puro paisaje. De hecho, todos los que participamos de la vida digital lo hacemos con mayor o menor frecuencia. No obstante, hay una tendencia que, más allá del simple exhibicionismo propio, raya con el cretinismo: el cliché del turista blanco que posa de humanitario publicando fotos con niños de alguna región pobre del mundo.

A principios de 2018 la modelo argentina Stephanie Demner publicó en su cuenta de Instagram un par de fotos de su visita a las playas de Cancún. Lo normal, sino fuera porque en las imágenes aparecía ella abrazando a un niño que llevaba en sus manos un gancho con el que, al parecer, vendía manillas tejidas.

Ella, de vacaciones y en vestido de baño; el niño, en su rutina diaria, lo que pareciera ser un caso de trabajo infantil. No hay que tener un ojo muy crítico para darse cuenta que no es muy decoroso sacarle provecho en likes (tuvo más de 65.000) a la imagen de un niño que probablemente sea una de las tantas víctimas de la economía desigual en el mundo.

Según publicó el portal de entretenimiento del diario El País, Verne, ver famosos “agarrando pueblo” para posar de sensibles y humanistas es una práctica muy común. Tanto que a finales de 2017 el proyecto Radi-Aid, del Fondo de Asistencia Internacional para Estudiantes y Académicos de Noruega, tuvo que publicar un video para luchar contra el estereotipo del turista (y #activista) que viaja a África u otros lugares del tercer mundo para hacerse fotografías en acción humanitaria y llenar sus perfiles en redes sociales. De acuerdo con su página web, “buscan evitar que personas famosas publiquen imágenes con personas en situación de pobreza o con carencias económicas y/o alimentarias con el afán de autopromocionarse”.

Entre su decálogo de buen comportamiento en redes sociales para quienes vacacionan o hacen voluntariado en países con problemas de pobreza se incluye “promover la dignidad humana, obtener consentimiento informado para las imágenes, cuestionar las intenciones de quien captura las fotografías y ayudar a derribar estereotipos sobre nacionalidades o grupos sociales en el mundo”. No se trata, desde luego, de tapar o invisibilizar algo tan real y visible como la pobreza material, sino de no espectacularizarla.

Humanitarians of Tinder

Casos extremos de este tipo son los que ha recopilado con gracia irónica el blog en Tumblr Humanitarians of Tinder, una cuenta que reúne y publica las fotos más detestables de turistas europeos o norteamericanos blancos posando junto a niños negros en África.

Si bien en Instagram este tipo de fotos son una curiosidad, verlas en Tinder es aborrecible. Para quien no ha visitado nunca la aplicación de Tinder, la cosa funciona más o menos así: el usuario crea un perfil para encontrar una cita; su carta de presentación son cinco fotos y una pequeña descripción que pueden ser modificadas siempre. Cada usuario se desliza entre el catálogo de fotos de los demás y al que le gusta le da un like. Un like mutuo es un match y abre la posibilidad para conversar en una nueva ventana de chat.

Pero volvamos a lo verdaderamente importante. ¿Qué tiene en la cabeza alguien que escoge para ofrecerse a sí mismo en una aplicación de citas una foto que muy seguramente pidió que le tomarán diciendo “tómame una foto así como si estuviera salvando el mundo”?. Por posar de pregoneros de la corrección política terminan por verse como el mosco en la sopa de las comunidades que visitan.

Las fotos con pose de humanitario abrazando a un niño africano pobre y sin ropa son tan odiosas que hacen que la sobredosis de selfies de gimnasio parezcan más aceptables. Al fin y al cabo, en una aplicación de citas que se supone garantiza un polvo rápido, es más importante exhibir el cuerpo. Lo de la pose humanitaria, en cambio, solo revela un racismo con complejo de clase.

¿Qué es lo que buscan estos sujetos que se describen a sí mismos como aventureros o viajeros en Tinder? ¿Que su posible cita piense “me voy a acostar con un personaje de espíritu altruista, sensible y descomplicado”? ...Pues, sin duda alguna, el efecto es otro: se revela una falsa empatía, un altruismo tan frágil que debe ser publicado.

En definitiva, utilizar la fotografía de un niño del tercer mundo para ligar es sodomizar la pobreza. No obstante, siempre puede ser peor. Quien lo puede llegar a sufrir más a fondo es quien se atreve a concretar una cita con un “humanitario de Tinder”. ¿Qué se puede esperar de una charla con alguno de estos sujetos? Debe ser una tortuosa letanía de narcisismo, viajes propios y reflexiones falsas sobre su interés por los problemas sociales. Posar de humanitario en Internet debería ser catálogado como un método anticonceptivo, no como una estrategia de levante. Si los ven, huyan.

 

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