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La rebeldía no se acaba, solo se transforma: 25 años de RATM

En 1992, en plena ola del llamado Rock Alternativo, el mundo recibió un disco que definitivamente dejó una huella única en el espectro musical.
Rage Against the Machine q
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Por: José "Pepe" Plata @Owai 

En 1992, en plena ola del llamado Rock Alternativo, el mundo recibió un disco que definitivamente dejó una huella única en el espectro musical.

Era el debut de Rage Against the Machine que llegaba a darle un nuevo significado a las palabras metal, hip hop, funk y al camino de la resistencia y protesta. Lo hizo a través de 52 minutos que mostraron una conjunción sonora adelantada y claramente necesaria para encontrar un nuevo camino en la década y en este siglo.

Y esto es justamente el resultado de un fino tejido humano y musical. Lo primero que hay que decir, es que fue una nueva forma de protesta musical. Anteriormente el rock, folk y hip hop sirvieron para ser un canal sonora para encauzar la rebeldía. Pero la mezcla de ellos no sucedía. Y si bien en 1986 Aerosmith y Run D.M.C: combinaron sus fuerzas musicales para hacer una versión de rap y rock con Walk this Way, esto no había avanzado más. Si acaso Faith No More con We care a lot hizo algo que uniera rock con la cadencia del hip hop. Pero Rage lo hizo de frente.

La banda comienza en los tempranos noventa, como el resultado de dos personalidades tan distintas como únicas: Zacarías “Zack” Manuel de la Rocha  y Tom Morello, El primero, hijo de una antropóloga y un artista y activista y el otro, hijo de un militar y de una activista contra la censura en el rap y el rock. A fines de los ochenta y comienzos de los noventa De la Rocha estaba en bandas con el guitarrista Tim Commeford. Solía hacer presentaciones en las que hacía frases de rapeo y denuncia social, pero esto pasaba a ser un intento leve de diferenciarse.

Tom Morello, quien se había mudado a Los Ángeles buscando mejores oportunidades para una carrera musical, tuvo la oportunidad de ver a Zack en acción y hubo un interés por hacer algo más. Ese embrión de la banda maduró para volverse el cuarteto que en pocos meses tenía un repertorio de cinco canciones y que en sus presentaciones repetía dos o tres veces esos temas, debido a la euforia que causaba.

Rage Against the Machine había nacido trayendo consigo lo que nadie pensaba: La actitud punk, la furia hip hop y la descarga sonora del metal unido con algunas bases funk. Todo esto además con una clara rabia y actitud de denuncia que el mundo necesita. Si bien la protesta en la música es algo que va de The Clash hasta Bob Dylan, desafiar las etiquetas es algo que poco hacen. Y si Rage lo hizo en los noventa, es también un herencia directa de un grupo que a fines de los setenta  y comienzos de los ochenta hizo del postpunk un camino político con el funk: Gang of Four. Este grupo es una clara influencia en bandas como Red Hot Chili Peppers. R.E.M. LCD Soundsystem y justamente, Rage.

La idea de traspasar esas fronteras sonoras y hacer de una ella canal de expresión de la inconformidad, caló rápido. Rage against the Machine ya se había hecho un nombre sin haber grabado un disco. Tocaron en la gira Lollapalooza junto a la banda Porno for Pyros y habían conseguido ya firmar un contrato con la compañía EPIC, la misma que les llevó a grabar el disco que le llegaba al mundo como un puño en la cara.

Ese contrato hizo que la banda tuviera la oportunidad de destinar los meses de abril y mayo de 1992 a grabar, mientras se preparaba una gira de verano por escenarios europeos. Rage era ya un secreto a voces, una olla a presión a punto de estallar y era un disco muy esperado.

Su aparición fue un detonante musical en aquel noviembre. El mundo tenía en mente artistas como Michael Jackson, Guns and Roses o Madonna, Nirvana, Pearl Jam, pero Rage sorprendió para bien. Los temas de este primer disco eran la respuesta a una inquietud musical que respondía a genialidades y talentos únicos; no era algo prefabricado ni tampoco forzado.

Al ser publicado, no se sabía cómo clasificarlo. ¿Metal? ¿Hip Hop? ¿Rock? ¿Funk? En Francia, se lanzó con una etiqueta que decía: Le group parfait. Entre les Red Hot (croisée funk-rock), les Beasties Boys (rap orienté garage-punk), Sonic Youth (le fureur de bruit), voire Nirvana (le son). (El grupo perfecto. Entre la mezcla de funk rock de Red Hot, los Beastie Boys y su rap orientado hacia el garage-punk, Sonic Youth y su aprecio por el ruido, y mira al sonido de Nirvana.)

Lo cierto es este sonido era único y desafiante. Las reseñas positivas abundaron, pero también los registros de ventas. El daño estaba hecho; la música que vendría después tendría algo que ver con este disco o con este estilo. Prueba de ello es la obra de artistas tan diversos como Limp Bizkit, Linkin Park, Ultrágeno, Odio a Botero, Resorte, entre otras.

Hoy el disco suena fresco y las luchas y consignas que promulga permanecen. Prueba de ello es la frase combativa de su canción: Killing in the name, que dice:  Fuck you, I won't do what you tell me (Jódete, no haré lo que me digas).

Queda así una prueba de cómo en medio de una sociedad postglobalizada, este disco sigue sonando de esta manera:

 

  1. Bombtrack: Comienza como funk, sigue como hip hop y mientras tanto, se reconoce una densidad metalera.
  2. Killing in the Name: La más famosa de todas, el clásico detonante del pogo. La misma que popularmente es conocida como: A que te chupo la chocha.
  3. Take the Power Back: Un fuerte juego de bajo y batería con un freestyle de Zack acerca de las luchas contra la injusticia.
  4. Settle for Nothing: Entre lo rápido y lo calmado, una canción en la cual se reflexiona sobre la libertad, pero también sobre la condena de la vida.
  5. Bullet in the Head: Lo más sorprendente es el juego de la guitarra que es algo como un funk psicodélico sobre el cual dependen los demás instrumentos.
  6. Know Your Enemy: Un poderoso funk que bien parece una sesión de improvisación. En él, De la Rocha parece estar completamente influenciado por los héroes del funk que nunca callaron lo que sintieron.
  7. Wake Up: Una canción épica, otro de los himnos de la banda, un llamado de atención frente a la situación.
  8. Fistful of Steel. Un despliegue de rimas acompañado por una guitarra única, y en ella escuchamos a de la Rocha cantar sobre todo aquello que significa usar la voz como un puño de acero de combate.
  9. Township Rebellion: Antes de terminar, esta canción tiene elementos de latinidad, de funk y más guitarra fuerte, haciendo un llamado a la unión civil para combatir la injusticia.
  10. Freedom: Cierra todo el disco con esta obra que también tiene su furia: Una muestra necesaria del poder musical que sobrevive. Pero también de la inconformidad latente.

Hoy, con menos pelo, pero con la madurez propia del paso del tiempo, ver este video, es dar un salto cuántico para sentir que uno de los motores básicos de la humanidad es el deseo de salir de la inconformidad.

 

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