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¿Por qué ver a Deftones, la banda sonora de lo sombrío?

La banda californiana que nació en las raíces del metal alternativo vuelve a Colombia este 24 de mayo. Bienvenida la oscuridad.
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Muchas bandas pueden posar de ser un grupo unido y de eterna amistad, pero la historia de Deftones es la de una serie divisiones y tensiones entre sus integrantes. ¿Cómo han logrado sobrellevar sus abismos y por qué siguen vigentes tras 30 años de experimentación musical?  

Por: William Martínez // @MartinezWill77

Cuando son radicales, las diferencias musicales y conceptuales suelen cavar la tumba de una banda. En el caso de Deftones, esas diferencias han servido para mantener vivo el espíritu durante 30 años. Una de las principales fuentes de conflicto del grupo californiano ha sido las influencias dispares de sus miembros fundadores: mientras el vocalista Camilo “Chino” Moreno se formó con The Cure y The Smiths (esas texturas y metáforas oscuras), Stephen Carpenter, guitarrista principal, creció escuchando Slayer y Meshuggah (acordes metaleros cargados de densidad y distorsión).

De ahí que el proceso de composición de su álbum homónimo Deftones (2003) y de Saturday Night Wrist (2006) haya estado marcado por la falta de sincronización. Por diferencias conceptuales, la comunicación entre los integrantes de la banda se descompuso y decidieron armar sus partes por separado. Moreno fue el encargado de recoger los fragmentos y convertirlos en temas. Fue quizá la etapa más complicada de la banda y eso produjo un apagón en su popularidad.

Sin embargo, la tensión no fue una etapa de Deftones, sino que es un rasgo de su personalidad. Su manera de enfrentar la creación.  Esto lo confirma su más reciente álbum, Gore (2016), del que Carpenter declaró: “cuando escribíamos las canciones, no me interesé demasiado. No era el sonido ni el estilo que esperaba”. Moreno, por su parte, le dijo al periódico británico The Independent que los fundamentos de este disco —cuidadas atmósferas sombrías, voz y melodías sutiles— fueron puestos por él, por Vega (bajista) y por Cunningham (baterista), pero que al final el sello de Carpenter no fue decorativo, y es cierto: el sonido grueso de sus sietes cuerdas está presente.

Así fue el proceso de composición de Gore y de sus álbumes más populares: a pesar de que alguno de los integrantes no se sintiera pleno con la ruta trazada por sus compañeros, se comprometía a imprimir su huella. Deftones aprendió a convivir con la tensión de sus miembros. Trabajó al filo de la pasión creativa, sin que ésta llegara a un punto de ebullición. Comprendió que su manera de hacer música es orgánica: reaccionar a lo que el otro hace. Domó los dogmas individuales, pero no los destruyó: sin esos dogmas no habría dicotomía, y sin dicotomía no existiría Deftones.  
 

Su sonido, una tensión entre la adrenalina y la sutileza, es marca registrada. La guitarra principal lleva la distorsión, un sonido espeso que no llega al estruendo. La segunda guitarra lleva melodías que cazan perfectamente con la voz de Moreno: un susurro, un secreto, un lamento que de pronto estalla. Los beats de la batería no aflojan, martillan, sin someterse al pasaje de la canción. Los samplers, a cargo de Frank Delgado, construyen una multitud de capas. Así se ensambla Deftones, esa banda sonora de lo sombrío.  

Su sonido ha tenido una mutación evidente, pero no ha perdido peso ni identidad. Mientras sus primeros álbumes canalizan la emoción con riffs distorsionados, sus entregas recientes concentran la atención en segmentos melódicos, con aires de shoegaze. También redujo los gritos y amplió los matices de su voz armónica. Deftones perdió rabia, pero ganó fluidez. Expandió su sonido por una razón: no tenía sentido repetir lo hecho en Adrenaline (1995) y White Pony (2000), obras que los catapultó a la fama en los noventa y, de paso, los enclaustró en el nu metal, un género del que tumbaron el techo hace más de una década.

 

Con sus cambios de sonido, los californianos cosecharon dos públicos: los seguidores del metal alternativo de los 90 y los seguidores del rock experimental contemporáneo. En los conciertos suelen repasar sus raíces con la misma relevancia que repasan su fase madura. Al final, todo apunta a lo mismo: diseccionar el desencanto.



¿Por qué ver a Deftones en Bogotá este jueves 24 de mayo en Chamorro City Hall?

-Tras 11 años de ausencia, los californianos regresarán a Colombia. Después de su primera visita, grabaron tres álbumes: Diamond eyes (2010), Koi No Yokan (2012) y Gore (2016), así que habrá bastante material nuevo y fresco.

-El hecho de que Deftones toque con las agrupaciones Quicksand (Nueva York) y Deadly Apples (Montreal) hace que no sea sólo un concierto de los californianos, sino un festival de rock pesado, algo que no sucede con mucha frecuencia en el país. 

-A nivel técnico, Deftones pidió equipos similares a Korn. Por ejemplo, una línea de bajos de hip hop que ofrecerá un sonido potente.

 

 

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