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¿Qué tanto le comen las marcas a la música?

A propósito del regreso de la Pizza Nostra (la marca que hizo que muchos conocieran a Soda Stereo en los 80) a Bogotá…
Foto: Gettyimages
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Por
Chucky García

Actualmente, existe la sensación de que no son tantas las marcas involucradas en auspiciar la música en vivo en Colombia o en incidir en que la gente conozca a la nueva generación de bandas locales y del continente; sí las hay en todo caso y en la agenda de los próximos días y meses los casos saltan a la vista. ¿Pero las marcas le comen a la música como antes?

Por: Chucky García // @chuckygarcia

“Dinero, aléjate, consigue un trabajo mejor pago y estarás bien”. Esta frase hace parte de la letra de la canción Money, que Pink Floyd publicó hace ya 45 años en su álbum The Dark Side of the Moon y que Roger Waters interpreta en los shows de la gira US + Them, que arribará a Colombia el 21 de noviembre.

“Dinero, aléjate, consigue un trabajo mejor pago y estarás bien” no es una frase complaciente, por el contrario: es una burla al establecimiento, al sistema que rige nuestras vidas y, si se quiere, es perfecta para lo que hoy llamarían por redes un eslogan “castrochavista”.

Una frase mordaz, por donde se le mire, con una situación aún más irónica: una de las organizaciones bancarias más conocidas y con más plata en Colombia es la marca que patrocina el show de US + Them en Bogotá. Como ya es habitual, incluso sus tarjetahabientes fueron los primeros en tener la posibilidad de adquirir las boletas antes que los demás.

Sin este patrocinador, sin embargo, muy seguramente traer de nuevo a Waters al país no hubiera sido viable, el retorno de la inversión de un espectáculo de esta magnitud y de esta calidad (porque lo es) no es posible solo a punta de venta de entradas y si lo fuera entonces la boleta más económica valdría un ojo de la cara y la más costosa pues casi lo mismo que un mes de arriendo y servicios en un barrio hipster.

En una entrevista para La República, en marzo de este año, Gabriel García de Páramo (organizadores del Festival Estéreo Picnic) aseguraba que “para todos los eventos que hacemos los patrocinios representan entre 25% y 35% de los ingresos (…) En Colombia tenemos unos factores que hacen que el precio de la boletería suba (…) y otro punto que pesa mucho es la asistencia”, aunque en la última edición del Picnic repuntó bien y fue superior a la del 2017. Según datos del propio García, durante los tres días del evento asistieron unas 85 mil personas y la inversión que ellos hicieron en artistas fue de unos 3 millones de dólares.

Itzel González, una mexicana que lleva más de diez años haciendo festivales y conciertos en su país y quien actualmente es la programadora artística del Festival Vive Latino (que este año al igual que el Estéreo Picnic contó con Gorillaz), me dice que sin patrocinios allá no van para ningún Pereira. “Acá (en México) el tema de patrocinios es el que aporta muchísimo”, en cuanto a la inversión en artistas, “la verdad es que el Vive o cualquier festival de por acá anda en una media de 3.5 millones de dólares, lo que nos salva es los patrocinios, especialmente las cerveceras. Porque con taquilla nunca sales”. Es decir, a punta de boletas no recuperan la inversión, y eso que el Vive Latino este año llevó en total 160.000 personas en sus dos días de programación.

Itzel añade que en México, en cuanto a conciertos y festivales, “la cerveza y el alcohol pagan todo”, y por “todo” se refiere a que el dinero que invierten para patrocinar los eventos de música incluso llegan a cubrir los gastos de producción que tienen las empresas organizadoras, que son altos. “Una productora independiente te saca adelante un festival con unos 500 mil dólares”, pero una como Ocesa –que es la que organiza el Vive Latino– necesita mucho más dinero para realizarlo y dejarlo a punto.

En España, mientras tanto, un estudio del Observatorio de Patrocinio de Marcas en Festivales concluyó que el 89% de las personas percibe como “auténticas” a las marcas que tienen presencia en los festivales y que el 36% de las personas que asisten “tienden a comprar productos de marcas patrocinadoras”. En España sucede y México también es la prueba de ello, en los festivales y conciertos patrocinados por las cerveceras se llegan a consumir hasta 7 litros de pola por persona, así que el retorno de la inversión para la marca es casi garantizado.

“Las marcas que patrocinan festivales se perciben como modernas y jóvenes”, dice el estudio del Observatorio, y agrega que los festivales de música son “una oportunidad para las marcas de conectar con sus públicos y generar una relación más allá de lo comercial”. Además, “el 80% del público de festivales es tendente a compartir propuestas de marcas atractivas en sus redes sociales” y “el 74% del público tiene memoria de las marcas que han estado presentes en festivales”.

Hablando de memoria, justamente, es que en este texto encaja el regreso de la Pizza Nostra a Bogotá, el restaurante que cobró fama en los 80 y que tras cerrar en los 90 se atrincheró en Boyacá a la espera de una nueva oportunidad de negocios.

Pues bien, más allá de que su regreso puso a muchos a compartir por redes sociales los recuerdos vividos en sus locales, la Pizza Nostra pertenece a una generación de marcas colombianas que 30 o 20 años atrás apoyaban la música y no solo en cuanto a promoción y venta de entradas sino apoyando giras y conciertos que de otra forma no habría sido viable financiar.

Hoy, en un mundo gobernado por el streaming quizás hablar de esto último no signifique nada, pero gracias a los volúmenes 1, 2 y 3 del Superdisco La Pizza Nostra, una recopilación en vinilos de 7 pulgadas, fue que muchos conocieron a Soda Stereo, Andrés Calamaro o Los Prisioneros; algo que fue ratificado por el Disco Afiche de Postobon, que con sus diez volúmenes dio a conocer a Pasaporte, Los Toreros Muertos,  Miguel Mateos, Joaquín Sabina o Caifanes (el vinilo de esta serie más cotizado entre los coleccionistas, llegando a alcanzar un precio de hasta 250 mil pesos colombianos).

Las bebidas gaseosas, por cierto, eran las que permitían que viéramos en vivo grandes figuras o combinaciones nunca antes vistas como Elton John y Sheryl Crow (1995); Inner Circle, Caifanes y Rubén Blades (1994); Bon Jovi (1995); Dr. Alban, Franco de Vita y Aleks Sintek (1994); Ricky Martin, Alejandro Martínez, Ekhymosis y Aterciopelados (1996); Robi Draco Rosa o la inolvidable gira de Carlos Vives y La Provincia, también conocida como el Concierto por los buenos tiempos (1998).

Las cervezas también se dejaban ver, como Costeñita, que patrocinó el tour 94 de los Pet Shop Boys (en Bogotá se presentaron junto a Ex3 y Los Pericos); como Águila en el caso del tour entre Aterciopelados y Caifanes en 1995; o como Costeña en el caso del concierto de Carlos Santana junto a Soda Stereo en el estadio El Campín en 1996.

Ahora que Shakira anunció que regresa a Colombia en noviembre con El Dorado World Tour, incluso vale rescatar una perla de 1996, cuando ella compartió cartel con Café Tacvba y Miguel Mateos en Bogotá y los patrocinadores eran la crema dental Kolynos y la desaparecida marca de gaseosas Konga.

Actualmente, existe la sensación de que no son tantas las marcas involucradas en auspiciar la música en vivo en Colombia o en incidir en que la gente conozca a la nueva generación de bandas locales y del continente; sí las hay en todo caso y en la agenda de los próximos días y meses los casos saltan a la vista. ¿Pero las marcas le comen a la música como antes? ¿O es que en todo caso antes no eran tan protagónicas como suponemos?

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