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El hangover femenino: una noche de copas, una noche loca

Por
Carmenza Zá

Todas nos hemos despertado, por lo menos una vez en la vida, en medio de una escena tipo Hangover: abrimos los ojos y vemos un techo desconocido. Mierda, ¿Qué pasó ayer?

Por: Carmenza Zá @zacarmenza // Foto: iStock

¿Esos que están en el piso, son… mis calzones? ¡Mierda! ¿Qué hora es? Tengo que irme, ¿tengo que irme? ¿Dónde estoy? ¿Me servirá Transmilenio desde aquí?¿Sí tengo para el pasaje? ¿yo por qué estoy en bola? ¿A QUIÉN TENGO AL LADO? ¡Mierdaaaaaaaa!

No estamos en Las Vegas, no hay un tigre en el armario y tampoco un bebé desconocido en la bañera. Es más, con suerte no amanecimos nosotras en esa bañera, con hielo en lugar de agua o en líos con la mafia China. Estamos vivas y podemos preocuparnos por lo verdaderamente importante: ¿Me comí a este tipo anoche? ¿Yo quería? ¿Me gustó?

Con suerte veremos al personaje y le daremos gracias a San Antonio ya sea porque está buenísimo, porque es el que toda la vida nos ha gustado, porque no es nuestro primer polvo con él (Después de todo, más vale malo conocido, que bueno por conocer) o, simplemente, porque pudo haber sido peor.

En el peor de los casos tendremos al tipo más insufrible al lado, en una situación de la que provoca salir huyendo sin que él se dé cuenta, negarlo toda la vida y terminar la relación con nuestra mejor amiga por haber permitido que eso ocurriera. ¡Maldita! ¿Tan difícil era haberme besado, inventar que eras mi novia y defender mi honor?

En cualquiera de las dos situaciones, hay que asegurarse de saber qué ocurrió y encargarnos de que no quede ningún rastro posible; eso incluye fotos en Facebook, testimonios de los presentes en la noche anterior, del vigilante del edificio en que amanecimos ¿sí es un edificio? del trabajador de la farmacia que nos vendió los condones y MOMENTO ¿sí usamos condón?  

Mandarse la mano a la entrepierna a ver qué revelación nos entrega esa área; la que ayer era el Monte de Venus y hoy es nada más una laguna mental, llenita de guayabo moral, para comprobar que no, que efectivamente no usamos condón y que es mejor pararse y caminar despacito hacia el baño ¿dónde queda el baño? no sólo para no despertar al tipo sino, además, para no hacer ningún reguero escandaloso.

¿Me tomé la pastilla anoche? ¿Sí me puse la inyección este mes?  ¡Mierda, por eso todos en Hangover son hombres! ¡La parte divertida les toca a ellos! ¿Y un postday? ¿Si me alcanzará para el postday y el transmilenio?

Aquí es donde suena María Conchita Alonso con Noche de copas y el guayabo moral llega con pequeñas imágenes de la noche anterior que, al parecer, no estuvo tan mal…. Y esa es la historia. 

Pdta: El pasado  10 de noviembre se realizó en el Congreso, el #ForoAborto que nuevamente abrió el debate sobre el derecho y las condiciones bajo las cuales las mujeres pueden interrumpir voluntariamente un embarazo (IVE). El Fiscal Montealegre anunció la posibilidad de legalizar, en su totalidad, la IVE y una de las razones más frecuentes para estar en contra de esta posibilidad, se argumenta acudiendo a la responsabilidad que tienen las mujeres sobre sus acciones y cómo “deben asumir” la consecuencia de su “irresponsabilidad” que, en este caso, es un embarazo.

Quien escribe esta columna, quiere señalar que la IVE es un procedimiento médico y es, tal vez, el único que pretenda negarse por el cómo se llegó a dicha situación.  Nadie que vaya, por ejemplo, en un automóvil y sufra un accidente ha tenido que encontrarse con una negativa para su atención médica; nadie le dice “quién lo manda” “no lo vamos a atender porque usted se metió en eso solito” o “asuma la responsabilidad de lo que hace”, la atención médica es obligatoria, porque la salud es un derecho, en su dimensión integral.

“Una noche de copas, una noche loca” es también una de las situaciones recurrentes para los embarazos no deseados. A nadie se le debe negar un servicio médico, teniendo como premisa que se trata de una irresponsabilidad, simplemente porque las irresponsabilidades se corrigen educando a la gente para ser responsable, no obligándola a vivir el resto de su vida en condiciones que no desean.  Luego, a las mujeres y a los hombres hay que educarlos en la sexualidad sana y responsable, no condenarlos a vivir el resto de su vida o, los próximos nueve meses, con las ”consecuencias de sus actos”.

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