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A ponerle condón a la Paz porque se vino sin avisar, gracias Nacho Vidal

Por
Carmenza Zá

Por: Carmenza Zá @zacarmenza. Nacho Vidal es el responsable de mi fetiche con los españoles; gran parte de mi adolescencia la pasé soñando con que un tipo de esos me hablara al oído, diciéndome cuánto quería meter su polla en mi coño. Nada más eso. Podía no meterme nada, en ningún lado, pero solamente con imaginarme el habladito ya me ponía caliente; con esa voz y con ese acento, yo le iba a decir que sí, a todo.

Nacho nunca me la puso difícil, nunca me pidió nada que yo no quisiera cumplir; a través de la pantalla, viéndolo en acción, debajo de las sábanas y con la mano entre los calzones, le obedecía cada cosa que le pidiera a la afortunada que estuviera grabando con él. Varias veces me imaginé cogiéndomelo, mientras me culeaba a otro y, cuando finalmente tuve la oportunidad de estar con un español, preferí rechazarlo por puro miedo a que no llenara mis expectativas y no le llegara, como la verga, siquiera a las rodillas a Nacho. ¡De cuánto me habré perdido!

El 14 de este mes, Nacho bajó su arma y anunció su retiro del cine porno para, días después, volverse viral con sólo la voz.  Sí, la voz. Esa que siempre fue mi debilidad y que obligaba a mi yo adolescente a meterse la mano entre los cuquitos y obedecerle cuanta obscenidad se le ocurriera. Así, con la mano entre las piernas, me dispuse a ver el manifiesto que anunciaba su despedida de la industria que lo hizo tan grande como su polla. Pero esta vez, traicionando un poco mis expectativas, Nacho se hizo viral por un manifiesto en el que invitaba a la humanidad a dejar de matarse y a follar, follar, y follar…

Pocos días después, en medio de los diálogos de paz en La Habana-Cuba, el presidente Santos y el jefe del Estado Mayor Central de las Farc, Timoleón Jiménez, anunciaban un acuerdo en términos de justicia y le decían al país que, en un plazo máximo de 6 meses, habría un acuerdo final de Paz.

Debo decir que nunca, ni Santos ni Timoleón se han metido entre mis sábanas y diosmiobendito jamás han sido los causantes de un sueño húmedo o del alzamiento de un vibrador en mi cuarto. Y eso que, en tiempos de guerra, todo hueco es trinchera. Tampoco sé si Nacho inspiró a ese par a algo, como me inspiró a mí a tantas cosas, tantas noches; pero de pronto sí y de pronto el presidente y el guerrillero también son groupies de Nacho y el manifiesto los conmovió tanto como a mí.

También, debo reconocer con vergüenza que no me vi completo el anuncio de La Habana, porque hay un nivel de predictibilidad que sólo me aguanto en el porno y nada más porque puedo adelantarlo a la parte en la que alguno se culea al otro. Y aunque, al parecer, esta vez nadie se culeó a nadie y a mi Nacho nunca me puso a esperar seis meses por algo,  puedo asegurar que, más que nunca, me siento obligada a meterme la mano entre los cucos, obedecerlo y follar, follar, follar…

A empezar el camino para dejar de hacernos daño; dejar de matarnos los unos a los otros, entre hermanos, vecinos y amigos; dejar de cometer atentados; cambiar los misiles por consoladores; practicar el bondage y la dominación, en lugar de esclavizar nuestros niños y hacerlo desde ya, sin excusas.

A ponerle condón a la Paz, porque se vino sin avisar.

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