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La liberación sexual es una trampa para bobos

Muy pronto la pornografía será un legítimo oráculo y los burdeles una especie de templo sagrado donde encontraremos guías espirituales new age.
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Por
Andrés Felipe Ramírez Rodríguez

Vuelve nuestro poeta sexual visceral con una confesión del susto que le da esta sociedad, porque la lista de las prácticas sexuales deseables y liberadoras, solo han dejado soledad y tristeza profunda.

Por: Andrés Felipe Ramírez Rodríguez

Veo a mi alrededor las promesas de liberación sexual y pienso que es una trampa para bobos en la cual caí. Y más que hacerme sentir libre, me sumió en un hueco profundo de desesperanza e insatisfacción constante. Después de haber vivido el infierno de una adicción sexual pienso que debería considerarse en la lista de las drogas duras y que los nuevos avances nos llevan en picada a un juego muy peligroso.

Años de descontrol sexual al parecer me han iluminado y debería ser un prestigioso terapeuta sexual. Con las promesas insulsas de apertura sexual, muy pronto la pornografía será un legítimo oráculo; los burdeles una especie de templo sagrado donde encontraremos guías espirituales new age, que en su infinita experiencia revelarán secretos ocultos del sexo y el tabú, donde a través de las prácticas cada vez más fuertes y contraculturales encontraremos por fin la tierra prometida. Una tierra donde podremos gritar de placer incontenido, tirar en la primera cita y meterlo en uno y otro lado sin restricción, descubriendo hoyos inimaginables hasta mamarnos y empalagados salir por fin de la puta fantasía mercantil y preguntarnos por cuestiones importantes. Poner los pies en la realidad, descubrir que ese deseo imaginario nos controla, que la libertad no está en la película porno y que en últimas esa “liberación” lo único que genera es un desasosiego profundo, desconexión desesperante y el encuentro mortal con la deshumanización, pegados de las paredes de los baños gritando de ardor al orinar.

Leo con curiosidad los discursos sexuales de los prominentes sexólogos prescribiendo el sexo, la profanación mercantil de filosofías orientales que de forma banal se venden con cuestiones como si eyacular o no está bien, el tamaño de un pipi, o si está bien tirar en la primera cita. Leo las columnas de sujetos que creen que la apertura de un país se da en el número de bares swinger, que la pornografía es el lugar de encuentro con uno mismo. Oigo los gritos furibundos de redención de cuerpos fríos, bloqueados y sin vida; y me asusto de esta sociedad porque si hiciera una lista de las prometedoras prácticas aparentemente deseables y liberadoras, gran número están chuleadas en mi vida, aunque lo único que he logrado es la soledad, la tristeza profunda, la desconexión con el mundo, el apodo de “Rasputin” y el despertar sin ganas de vivir.

Vi mucho en bares con colores y olores diversos: cocaína en tetas grandes, pequeñas y medianas con personas de todos los estratos sociales y en variadas situaciones; ascensores, baños públicos, bares, disfraces, fantasías. Conocí el Santa Fé desde La Piscina, Las Paisas, hasta Las Divinas de la 19, el bar tarzánico, o la tienda de maricas del Gordo. Dejé huellas en cada una de las cuadras del 7 de Agosto e hice amigos y amigas entre la 103 y 106 con 15 después de las 12 de la noche. Algunas veces intercambié encuentros eróticos en el gran parque de la 106 entre los árboles en medio de una luz tenue, o en el parqueadero del Militar en la 104, dentro del carro, afuera del carro y en el cuarto inmundo que valía más.

Pagué mucho dinero por cuerpos mecánicos repletos de algunas extrañas texturas, y mucho menos en las enjauladas de rejas color pastel. Viejas, jóvenes, gordas, trozudas, apretaditas, flaquitas, culonas sin tetas, tetonas sin culo, extrañas culonas sin piernas y con poca cadera, tetas suavecitas de pezones cálidos y oscuros, o rellenas de aceite de cocina y con pipi. Culos naturales y con vida e inertes inyectados a la fuerza. Mujeres con cicatrices en el culo, en la espalda, en la barriga, y tatuajes, y piercings extraños pero prometedores a la fantasía. Olores finos y baratos, “trippeado” una hora, dos horas, rato a 5000 o amanecida a 15000. Chicas, show, mamis, semivirgenes, sin compromiso una y otra vez, hiperestimulantes sexuales a todo nivel y con todos los sentidos, a base de peligro, en las esquinas oscuras esperando que me cortaran el pipi con el cuchillo que asomaba de la cartera, mientras me lo mamaban, me rociaran gas pimienta; o peor aún, que me llevaran preso por escarnio público.

Vi toda clase de prácticas como un hombre envuelto en cinta de peligro y una fila a la espera de meterle la mano por el ano, que por su nombre en inglés se ha vuelto una práctica deseable y de moda. Ruedas de sexo entre espuma, popper, coca, alcohol, putas, travestis, maricas y cuartos oscuros donde importaba meterlo sin saber por dónde ni a quién y si se encontraba un exosto caliente salía agradecido. Fantasías interminables y descargas de placer engañoso con prostitutas que venden fantasías porque no se quieren acostar con uno en realidad, y que buscan a cualquier costo sacar dinero, gritando histrionismo con los ojos clavados en la billetera.

Bares swinger llenos de ansiosos que no tienen  ninguna función creativa en la vida y se escudan en culturas chimbas para ocultar su incapacidad de sentir; fatídicos tríos, servicios de todas las lluvias hasta celestiales, de todos los colores y tonos existentes doradas, blancas, cambio de roles, reseteada entre otros. Personas enjauladas y amarradas siendo folladas por cuanto extraño pasara, o una fila interminable de tipos esperando para clavarse un travesti fumando marihuana, tirado contra una mesa en cuatro con los calzones abajo y la falda embolatada. Los deprimentes lugares de películas xxx donde si se está de buenas por poca plata alguna persona que no se sabe bien que es, le puede ayudar a sacar lo que viene a sacar con sus manos en el mejor de los casos con la boca. O los cubículos solitarios tipo supermercado con toda una gama de películas y prácticas para lograr el encuentro contigo mismo.

Y salir de ahí, completamente vacío de alma y bolsillo, levantarse triste sin energía y sin otra opción aparente que volver una y otra vez a calmar la angustia de vivir. Vacío, porque la hiperestimulación va haciendo perder la sensación y el absoluto abandono de lo sutil. La nueva liberación es como un Dólex para dolores profundos, aliviando síntomas, pero sin comprender la profundidad de la manifestación, que no se sana catando pipis y después rasgarnos las vestiduras porque dos niños de 8 años intentan copiar lo que ven en un video porno.

Ve donde tu terapeuta que te prescribe por donde te lo meten para que te sientas libre. Caemos en picada en la sofisticación sexual, con banalidades que no nos dejan oler por nuestra propia nariz y no hablo de cocaína. Me recuerda a una amiga que siendo niña le enseñaron cómo era el ritual para besar un niño, tres veces a la derecha con la lengua y tres a la izquierda, el famoso beso maestro. Ella terminó sintiendo que besar era un asco por un buen tiempo.

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