¿Por qué fue tan importante el concierto de los Rolling Stones en Cuba?

Lo de los Stones en Cuba puede volverse tan significativo como las imágenes de la destrucción del muro de Berlín.

Septiembre 16 de 2016

No fue gratis que le dedicaran tanto despliegue y que convirtieran el concierto en un documental que se estrena internacionalmente el 23 de septiembre: Havanna Moon. Lo de los Stones en Cuba puede volverse tan significativo como las imágenes de la destrucción del muro de Berlín. 

Por: Fabián Páez López @Davidchaka

El 25 de marzo de 2016 medio mundo giró alrededor de un acontecimiento musical. Sus majestades satánicas llevaron el ‘América Latina Olé Tour’ a Cuba por la caridad del abogado Gregory Elías de Curazao. Los Stones ya la habían toteado en el sur, pero este show, especialmente, propició un alboroto descomunal. Todo porque, en el fondo, era un espectáculo político de magnas proporciones.

Acá también somos el tercer mundo y acá también vinieron los Stones, pero lo que pasaba en Cuba era diferente. No solo porque era un evento gratuito, sino porque se volvió un símbolo de la inminente reconstrucción de la política cubana. Que la banda más longeva y más rica del rock tocara en la Cuba comunista, antecedida por la visita del presidente Obama, le robó protagonismo al show que dieron en tarima. En el futuro, los libros de historia recordarán este evento como la puerta de entrada de un nuevo régimen a la isla.

Ese día, en un español un poco atropellado, Mick Jagger le dijo a la interminable turbamulta de gente que llegó a la Ciudad Deportiva de La Habana: "Sabemos que años atrás era muy difícil escuchar nuestra música aquí en Cuba, pero aquí estamos: tocando para ustedes. Definitivamente los tiempos están cambiando".

Recordemos que en Cuba, como en muchos otros regímenes en Latinoamérica, de izquierda o de derecha, el rock fue declarado abiertamente enemigo del gobierno. Las juntas militares en Argentina se fueron contra la música de los jóvenes entre 1976 y 1983. Augusto Pinochet, en Chile, también obligó a una larga lista de músicos a vivir en la clandestinidad. En Cuba, entre los 60 y los 80, escuchar a los Stones podría terminar con una condena en la cárcel o con una fuerte carga de censura social. Más recientemente, quedó retratado en un tremendo documental el caso de Los Aldeanos, un dúo de Hip Hop al que no se le permitió cantar hasta hace muy poco, y que cuando fueron invitados a cantar junto a calle 13 en un evento masivo, fueron retenidos por la policía. 

Ahora con la música es a otro precio. Si los tiempos están cambiando como dijo Mick Jagger, qué pasará después con los espectáculos en tierras cubanas. ¿Llegará el momento en el que los cubanos no puedan ingresar a los conciertos porque no tendrán con qué pagar? Como acá. ¿Convertirán a Cuba en una parada festivalera para extranjeros? Son preguntas que quedan en el aire.

Pero además de eso, hay que reconocer que Cuba produce una fascinación extraña. Tiene mística y encierra una nostalgia paradójica. Esa que hace que miles de turistas aterricen en la isla en actitud veraniega a mirar de lejos a los cubanos, para luego volver a sus casas a hablar de lo lindas que son las viejas construcciones y los autos antiguos; de la sensación de viajar al pasado; de lo rico de su cultura, la brujería y el son cubano. Todo para, al mismo tiempo, lamentarse de la pobreza generalizada y las restricciones a las que están sometidos sus habitantes.

Justo así empieza Havana Moon, la película-documental que registró ese momento histórico: con Charlie Watts hablando de los viejos autos y edificios carcomidos, y de la importancia de la figura de Fidel. No le dedican muchas palabras al asunto, pero entre las imágenes del público y lo que dijo Jagger sobre el escenario, queda resumido el poderío de haber visto un show de primera calidad ante casi medio millón de personas.

Cuba se está integrando al mercado global de la cultura. Después de años tratando de hacer resistir un modelo económico fallido y abriéndole grietas a 50 años de una economía de guerra, producto del criminal bloqueo de Washington.

Lo que estaba pasando no era bueno, pero lo que se viene puede que tampoco. 

Por: 

Fabián Páez López