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Cristiano, Messi y la dictadura 
extraterrestre del Balón de Oro

Los dos mejores del mundo, que no son tan distintos, siguen compartiéndose el trono del fútbol.
Por
Álvaro Castellanos

El sistema político más popular de occidente es la democracia. Las personas eligen a los ladrones que los gobiernan y aunque es un modelo torpe (porque prima la voz de las mayorías y las mayorías siempre se equivocan), es tal vez el menos peor que existe. Y una de las características de la democracia (casi siempre) son las transiciones en el poder. Visto así, el Balón de oro suele ser democrático porque premia por medio de unas votaciones al mejor futbolista del mundo (en 2016 lo eligen 193 periodistas). Y aunque durante mucho tiempo el premio cayó en diferentes manos, la alternancia democrática se vino abajo en 2008 porque llegaron Messi y Cristiano a convertir al Balón de oro en una “dictadura compartida”.

Por Álvaro Castellanos | @alvaro_caste / Foto: Getty

“Dictadura compartida” suena contradictorio, pero explica el reinado de ambos extraterrestres en la última década. Además porque Messi y Cristiano no son tan  diferentes como los pintan. Los dos mejores futbolistas de este tiempo generan máxima idolatría, juegan asquerosamente bien, son estrellas pop y hasta evaden impuestos con la misma efectividad con la que hacen goles. Eso sí, por lo bien que juegan merecen levantar todos los trofeos que existen y merecidamente han escriturado los máximos reconocimientos futboleros que existen.

Si Cristiano Ronaldo y Lionel Messi no existieran, en 2016 el Balón de Oro sería tan democrático que podría ganarlo Antoine Griezmann. El francés, casi un desconocido para los hinchas de ocasión que aplauden cuando ven un saque de banda, es un súper crack y lo demostró en el último año como goleador de Atlético Madrid y su selección. De igual forma, en los últimos años el Balón de oro lo habría ganado Ribéry, Neuer, Neymar, Xavi e Iniesta dos veces, y hasta el niño Torres, que llegó a jugar muy bien, pero por momentos pudo reforzar la banca de cualquier equipo colombiano. 

La mentalidad hollywoodense del “bueno” y el “malo” ha hecho que pongamos a Messi y a Cristiano en esquinas opuestas. Dividen más que la pizza hawaiana. Uno es un muchacho introvertido, suramericano, solidario, que representa al Barcelona y supera la ficción cada tres días con sus jugadas y sus golazos. Y el otro, un atleta ultra-competitivo, europeo, prepotente, que representa al Real Madrid y el único capaz de hacerle sombra a Messi en su pedestal de extraterrestre. Futbolísticamente, Messi le da sopa y seco a Cristiano. A Cris lo comparan con Leo, pero a Leo lo comparan con Maradona y Pelé. Sin embargo, en cuestión de actitudes, ni el argentino es tan bueno como lo pintan, ni el portugués es tan malo. Son más los personajes que han construido en torno a ellos. Al final, Cristiano y Messi son tan diferentes que terminan pareciéndose.

El ganador del Balón de Oro este año será Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro. Indiscutiblemente. El portugués ganó la Champions League y la Eurocopa con Portugal, en contraste con un año en que Messi perdió la final de la Copa América Centenario y hasta tuvo que “renunciar” por unos meses a la selección para cambiar críticas por ruegos de que volviera. De todos modos, el rosarino sigue rompiéndola cada tercer día con el Barcelona e incluso con su selección. Cuantitativamente, este año estuvo detrás que Cristiano, pero muy por encima de los demás. Resulta muy fácil para los 193 periodistas que eligen al Balón de Oro poner en el 1-2 a Messi sobre Cristiano, o viceversa, y no hay que ser Juan Pablo Varsky para llegar a esa conclusión.

Jorge Valdano, un tipo muy cercano al Real Madrid, dijo alguna vez que “El mejor del mundo es Messi y el segundo, Messi lesionado”. Según Fabio Capello, que dirigió a los merengues, “Cristiano sabe inglés, Messi, fútbol”. “Messi es un jugador de Play Station. Las cosas que son imposibles, él las hace posibles”, declaró Arsenne Wenger, entrenador del Arsenal. Incluso Karl-Heinz Rummenigge, exgoleador alemán, va un poco más allá: “Nunca vi a nadie tan maravilloso. Ni Pelé ni Maradona”. Pero justo por eso Cristiano Ronaldo es tan crack. Porque ha evitado que Messi gane 9 balones de oro seguidos y ya le arrebató 4.

Sin embargo, por más que ambos sean futbolistas increíbles, en un mundo tan desigual es cuando menos insultante que valgan tanta plata. Con su renovación hace unas semanas, CR7 ganará 26,3 millones de euros libres hasta 2021. Es decir, 118 millones para asegurar la vida hasta de sus tataranietos. Eso, sin contar que la mayoría de sus ganancias vienen de contratos publicitarios y derechos de imagen. Sobre Messi, en tanto, dicen que se está haciendo el difícil para renovar, y que el Inter y el PSG están al acecho, pero es casi seguro que extienda su contrato hasta 2022 con un aumentico de sueldo que esté bien por encima de los 34,9 millones de euros anuales que gana en este momento.

La plata que están ganando los mejores futbolistas del mundo es una locura, pero no tanta si la comparamos con los fichajes de Pogba (110 millones) e Higuaín (95 millones). Esa cantidad de plata no tiene presentación. Y ahora, para seguir exprimiendo las ganancias, el nuevo Presidente de la FIFA quiere hacer un Mundial de 48 equipos con 16 grupos de tres selecciones. ¿Qué tipo de idiotez es esa? De razón el fútbol es una religión, porque de sentido común, tiene poco y nada.

La codicia parece ser la constante del fútbol en el presente. Las vacas sagradas de la FIFA han sido retirados de sus cargos, llevados a prisión  y otros están de soplones para bajar sus condenas (como Luis Bedoya expresidente de la Colfútbol). Y mientras tanto, se volvió costumbre que los mejores futbolistas del mundo evadan impuestos. Messi y Cristiano encabezan esta lista. La contabilidad creativa de quienes manejan al argentino ha provocado una defraudación de más de 4 millones de euros a la hacienda pública española. Por esto, la Fiscalía de delitos económicos de Barcelona pide para Jorge Messi (su padre) una pena de 18 meses en la cárcel. Y sobre Ronaldo, las acusaciones de desfalco son recientes por haber desviado a las Islas Vírgenes (léase, paraíso fiscal) al menos 150 millones de euros para ocultar ingresos por derechos de imagen. Lo dicho. No son tan diferentes.

Cris y Leo son noticia todos los días. Se convirtieron en ídolos pop. Messi, menos mediático que su rival, se pinta las mechas de amarillo o se tatúa una pierna y los medios del mundo salen a documentarlo como si se tratara de la llegada del hombre a Júpiter. Por eso, sale uno a un parque, ve a un grupo de niños jugando y ninguno quiere ser Orlando Berrío o Ayron del Valle. Algunos emulan a James o Falcao por asuntos geográficos, y otro más hipster, a Luis Suárez o Zlatan, pero Messi y Cristiano son el ideal de casi todos. Y al menos por los próximos cinco o seis años la tendencia parece que será la misma, aunque con razón. Afortunados nosotros, los futboleros de esta época, quienes pudimos ver en plenitud a este par de extraterrestres que protagonizan la dictadura más democrática jamás vista en la historia del fútbol.

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