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P.A.R.C.E. bienvenido de vuelta

Por
Redacción Shock

Tal y como lo hizo hace una década cuando decidió abandonar Ekhymosis, el músico paisa hoy cierra un ciclo en su carrera. El lenguaje Juanes cobra con P.A.R.C.E. un nuevo significado. #pongaleplay al nuevo disco de Juan Esteban Aristizábal y entenderá de lo que le estamos hablando. Regreso a lo básico, a lo simple y a lo esencial que transmite la música cuando se hace de manera natural. Ésta, una conversación que tuvimos con él en el showroom de Gibson en Miami, semanas previas al lanzamiento del álbum.

Shock: En este nuevo disco hay una canción que está dedicada a los amigos. De hecho, tiene su tumbao serenatero por ahí metido. ¿Hay en este momento de su vida un poco de nostalgia por el pasado?
Juanes: Definitivamente este disco marca el fin de un ciclo musical y el comienzo de otro. Estos años que pasaron fueron maravillosos, gracias a Dios, pero ahora mi música va para otro lado. P.A.R.C.E. es algo así como una transición entre dos momentos. Y siempre que ese tipo de rupturas se dan, es normal que haya nostalgia. Los amigos son tan importantes y tan poquitos en últimas. Los parceros del colegio, de la universidad… esos a los que uno llama siempre. Quise dedicarles un espacio en este disco a esas personas que me han acompañado durante todo este tiempo. La canción (Amigos) tiene su parte bohemia, un poco de folclor, y por supuesto, también, algo de rockera.

Ya que empezamos hablando de los amigos y de la nostalgia, ¿hoy, qué es lo que más extraña de Ekhymosis?
¡Huy, parce!, los ensayos. Cuando nos juntábamos a tocar y a componer en equipo. Era muy bacano, y es una época que extraño muchísimo. Espero algún día poder parcharme en un lugar y tocar con Ekhymosis otra vez, de puro soye. Me encantaría. De todas maneras, esta época de solista ha sido muy buena porque me ha permitido darle rienda suelta a la imaginación y hacer la música que a mí me gusta.

¿Qué fue eso que si no hubiera pasado, no lo hubiera motivado a lanzarse como solista?
Al final en Ekhymosis estábamos cansados. No pasaba nada con la banda y cada uno jalaba para un lado diferente, musicalmente hablando. Ekhymosis terminó siendo un experimento. Empezamos tocando metal y luego fuimos buscando el sonido con el que cada uno se sentía a gusto. Entonces decidimos seguir nuestros propios caminos.

Sin duda, P.A.R.C.E. es un disco muy distinto a La vida es un ratico y a los que lo precedieron. Muchos esperaban una onda yerbatera en el resto del álbum pero, definitivamente, las demás canciones van por otro lado. Producir el disco en Londres tuvo que influir mucho en el sonido que tiene. ¿O no?
Sí. Total. El tiempo que precedió a este disco fue  muy duro para mí. Crítico. Tenía que tomar decisiones radicales. De alguna forma sentí como que me lancé al abismo, y en un momento hasta dije “¡jueputa!, ¿y ahora qué hago?. O me lanzo de una como lo hice hace 10 años, o me quedo en el confort”. Lo pensé muy muy bien y al final dije “¡no, la chimba! Si quiero que mi carrera siga, necesito que haya una ruptura”.

Y para que esa ruptura se diera, ¿también era necesario un cambio de productor?
Gustavo Santaolalla y yo somos muy amigos. Con Aníbal Kerpel también tenemos una excelente relación. Ellos entendieron perfectamente de qué se trataba todo esto. Sabían que yo estaba buscando maneras de reinventarme y de encontrar sonidos distintos. Me fui para Londres, conocí a varias personas, y entre ellas me conecté con Stephen Lipson (Rolling Stones, Annie Lennox, Jeff Beck).  Un man que no tiene idea del español. Y nada es nada, parce. Nos conectamos a través de la música y yo le iba explicando lo que significaba cada canción. Nos encerramos a trabajar en un cuarto lleno de guitarras y de amplificadores. Pero no era uno de esos estudios a los que yo estoy acostumbrado. Aquí todo era mucho más orgánico, más rock & roll. Esto era como “cogé la guitarra, Juanes, y cantá”. “¿Cómo? Pero si no he calentado la voz”. Y el man me decía “No importa”.

Muy experimental.

Eso es. Muy experimental. Y me gustó mucho. Si te pillás bien el disco, eso le dio profundidad. Cuando escuchás una canción encontrás que tiene la reverberación, los ‘delays’, y un viaje mucho más profundo. Mis discos anteriores eran como ¡ta!, todo en la cara, en seco, porque a mí me gustaba que fuera así. No quería nada que lo ensuciara el sonido. Pero necesitaba meterle otro viaje a mi música.

¿Y se siente a gusto con el resultado?
Sí. Quería otra onda, otras texturas, que las guitarras sonaran diferente, que mi voz sonara diferente. Otras cosas que, claro, nacieron de la fricción de haber trabajado con Lipson.

¿Entonces Yerbatero no salió de ese estudio? ¿O si?
Yerbatero también salió ahí. Pero digamos que esa es la canción que se despide de toda una onda. De un lenguaje ya creado que estuvo presente también en La camisa negra, en La paga, en A Dios le pido. Pero esa etapa llegó a su fin. En algún momento hasta Gustavo (Santaolalla) me lo dijo: “Vos tenés mucho más que hacer ahí”. Y sus palabras me quedaron dando vueltas en la cabeza.

Pensar en esa ruptura, ¿no le generó cierta angustia, ansiedad, inseguridad, o como quiera llamarlo? Significa dejar atrás un lenguaje, el lenguaje Juanes, que en últimas lo ha llevado a dónde está hoy.
Claro que es asustador, pero también era como que “¡ah!, me lanzo o no me lanzo”, y yo, definitivamente prefiero lanzarme. Me he lanzado ya varias veces en mi carrera, y me lanzo otra vez, porque tengo la necesidad de hacerlo.

Alguna vez, hace tiempo ya, hablamos de esa ansiedad que sentía cada vez que se subía a un escenario. Ya son más de 20 años de carrera, Juan, ¿eso sigue estando ahí, o se ha perdido un poco?
Hace un par de semanas, justamente, estaba en Guadalajara porque nos invitaron a participar en un festival. Me pidieron que lo hiciéramos en playback. Cosa que detesto. No quiero más playbacks en mi vida. Entonces les dije “déjenme hacerlo en vivo, así sea con dos o tres músicos”. Por supuesto, no había ni guitar tech. Nos fuimos a la guerra, a la guerra con toda, y fue una nota porque ese día, cuando me agaché a coger el cable de la guitarra para conectarla, dije “¡Jueputa, no puedo creer esta mierda! Yo llevo 20 años haciendo esto y todavía me emociono”. Fue como “¡Hey, qué bien, esto es!”. Poder conectar tu guitarra aunque sea con un tarro de la basura que amplifique y tocar tus canciones. Celebré muchísimo ese momento y me dio una gran alegría lo que sentí.

Varias canciones del disco se refieren a procesos de reconciliación. Hablan de encontrar cosas perdidas, de analizar momentos de la vida, de recuperar la familia…
En algún momento sentí que había perdido a mi familia, que no había vuelta atrás y casi me muero, hermana. A veces, como ser humano, uno inevitablemente comete errores y se equivoca. Afortunadamente también aprendés a entender qué es lo que realmente tiene valor en la vida. Yo pasé por eso. La familia, los amigos y Dios, especialmente, tienen un valor muy importante para mí. Los hijos, ¡juepucha!, ni hablar, al igual que la música. Son las prioridades en mi vida, y este disco está dedicado a todo eso.

Desnudó completamente todo lo que sentía.
Pero me gusta, ¿sabés? Me gusta muchísimo hablar del amor, en todas sus expresiones. Es medio hippie y medio fumado, pero el amor siempre será la respuesta a todos los problemas que uno tiene.

Esa canción que habla de la masacre de Segovia tiene un sonido muy particular. Hablemos de ese track del disco.
Cuando empecé a componer esa canción, visualicé la cantina del pueblo. El sonidito de la guitarra que tiene esa canción te remite al lugar. Quise, a través de la música, describir un evento que fue monstruoso, como muchos otros que han ocurrido en el país. Un libro sobre el exterminio de la UP (Unión Patriótica) llegó a mis manos y me inspiró para hacer la canción.

¿Es consciente de que a través de canciones como esa, está haciendo memoria histórica?
Eso es lo más importante. Cuando yo hablo de eso, hay gente que se ríe y hasta dirá, “¡ah, este pendejo por qué es tan hippie!” Pero no me importa. Yo no sé si es que es gente que no entiende la importancia de esto o qué, pero para mí es una necesidad. Cuando vos vas a un museo y ves una exposición sobre la violencia en Colombia, te volvés loco porque es muy duro pero, a pesar de lo fuerte, como que decís, “es bueno no olvidar esto”. No olvidarlo para no volver a caer ahí. Y también es bueno denunciarlo a través de la música. Aunque la melodía de Segovia sea muy suave y el coro sea hasta alegre, es un homenaje a las víctimas.

¿Ha pensado si en el futuro querrá dejar la viajadera, las giras y la promoción, e irse a una finquita a las afueras de Medellín y dedicarse a ordeñar vacas?
(Risas). ¡No, no, no! Yo puro rock & roll. Quiero quedarme hasta el final. A lo Rolling Stones. Ojalá pueda y que el público me permita hacerlo, que la creatividad me dure hasta que llegue a los 70. Hace un par de semanas toqué con Herbie Hancock. Tiene 70 años ese man. Eso es lo que yo quiero. Estar ahí, tocando mi guitarra, feliz de la vida y con la gente disfrutando mi música. Como lo hacen Juan Luis, Charly, Mick

Jagger, Caetano Veloso y un Silvio Rodríguez, que tiene sesenta y tantos años y sigue tocando. Espero poder hacerlo yo también.

¿Cómo le explica usted lo que es un yerbatero a un surafricano o a un japonés?
La barrera del idioma es muy tenaz, parce. Me pasó en Alemania con A Dios le pido. Muchos pensaban que “le pido” era una persona, y que yo me estaba despidiendo de ella: “Adiós, Lepido. Adiós”. Y ¡jueputa, eso sí que era frustrante! Pero luego decidí no pelear más con eso. No, qué va. Lo que importa es que cada quien entienda la cosa como quiera, o que ni la entienda. Que a la gente le guste la canción porque algo le transmite. No importa lo que sea.

@juanes ya casi llega a los dos millones de followers y usted hasta ha sido considerado uno de los 10 grandes twitteros de Latinoamérica.
Lo que me parece más teso del Twitter es que puedo comunicarme directamente con cada persona que me sigue. Que escucha mi música, que me comenta algo, que me insulta o que me dice cualquier cosa. Me gusta porque ese contacto sin barreras con la gente es real, sin intermediarios. Y yo puedo decirles si estoy puto o si estoy feliz, mostrarles a mi familia... no sé. A través de Twitter uno puede compartir muchas cosas. Y a pesar de que estás usando la tecnología al 100%, es todo muy humano. Twitter es una herramienta tremenda.

Cambiando un poco de tema, todos vemos al Juanes líder humanitario, al que ha vendido más de 12 millones de discos y ha recibido todos los premios, al que es capaz de convocar a millones de personas para el Concierto Paz sin Fronteras, ¿pero cuál ha sido ese momento de su carrera en el que se ha sentido más vulnerable?
Un par de meses atrás. Justo mientras estaba grabando este disco en Londres. Entré en crisis y me dieron unas depresiones muy tesas. Cuando uno está haciendo un álbum nuevo siempre está inseguro, parce, y ningún artista puede negar eso. El momento creativo es muy duro. Te juro que cualquier artista se mete a grabar y empieza a preguntarse “¿ahora para dónde voy?, ¿qué estoy haciendo?, ¿será que sí, será que no?”. Pero momentos duros también recuerdo los que pasé en Los Ángeles cuando comencé como solista, antes de que grabara el primer álbum, Fíjate bien. Fue durísimo. De comer mierda heavy, hijueputa, de almorzar agua de la canilla con arroz. A veces me compraba un sándwich de esos de Subway, que los venden en dos partes, y me comía un pedazo al almuerzo y el otro por la noche. Desayunaba con un tinto, hermana, porque lo regalaban en el lobby del motel ese donde yo vivía. Pero siempre dije: “vamos, vamos pa´lante, porque si uno ama la música se aguanta todos los tiestazos que le quieran meter”. El momento de Cuba también fue muy duro. Ver esa avalancha de odio tan teso con el que se vinieron sobre mí, las cosas que decían. ¡Uff, parce! Personas que vos pensás que son tus amigos, atancándote de frente. Pero hubo mucho aprendizaje ahí. Hoy en día miro para atrás y, ¡qué va!, agradezco todas esas cosas, porque eso me ha servido para tener más claro quién soy y para dónde voy.

¿Cuál fue la última canción que entró en el disco?
La razón. Que es, de hecho, de mis preferidas. Curioso porque terminamos la sesión de grabación y faltaba meterle la voz, pero no había letra y yo con esa angustia tan hijuemadre. Stephen me dijo “llevate la canción y dentro de 20 días que volvás, hablamos”. Me fui para Medellín, le di vueltas a la letra y al final quedé muy feliz con ella.

Hablemos un poco de cómo es el proceso creativo en la grabación de un disco de Juanes.
Yo siempre llego a grabar con la mitad de las letras. Pero en general, al comienzo es un desorden mental. Una colcha de retazos de ideas, de textos, de melodías, de sentimientos, de cosas que quiero contar. El proceso creativo siempre será caótico. Debe ser muy parecido a cuando vos escribís un artículo. Que tenés las ideas y las frases, pero no sabés cómo comenzar, cómo ordenar todo para que tenga coherencia. Es como el man que está haciendo el cuadro y después, cuando lo termina, lo ve desde lejos, desde cerca, lo ve al otro día, y ¡aghh! le parece una mierda, lo bota y empieza otro. A mí me pasa lo mismo. Me siento en la computadora con la sesión de protools ahí al frente y no tengo nada. Estoy en blanco. A veces salen cosas, y otras, no pasa nada.

Hablábamos de que esta vez quiso hacer un disco mucho más orgánico. ¿Cómo fue entonces el proceso?
Quise alejarme de la computadora y coger la guitarra otra vez. Que todo fuera mucho más natural,  como lo hacía al comienzo, cuando no había protools ni logic ni ninguna de esas herramientas. Porque cuando comenzás a ser víctima de la máquina, te metés en el protools y lo que hacés es puro copy paste, copy paste y entonces los sonidos se vuelven todos muy parecidos. La máquina también puede matarte la creatividad. Y, lo confieso, a mí me ha pasado.

Ya casi llega a los 40. ¿Será por eso que ha empezado a ser más nostálgico y a mirar hacia atrás?
No puedo negarte que los años van llegando y uno como que dice “¡Huy, jueputa! ¿A qué horas? Pero la verdad es que estoy disfrutando más que nunca cantar y tocar la guitarra. Cuando uno está más pelado piensa en mucha güevonada y se olvida de eso simple y sencillo de la vida que tanto valor tiene. Estoy disfrutando mucho la vida, hermana. Y, casi llegando a los 40, todavía me siento peladito. (Risas).