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Biografías musicales: ¿la nueva gallina de los huevos de oro del cine?

¿Es la biografía musical la “nueva” superheroína de Hollywood?
Bohemian Rhapsody - Poster Fox Movies
Bohemian Rhapsody - Poster Fox Movies
Por
Mauro Rivera

Al éxito taquillero de la oscarizada Bohemian Rhapsody, se han ido sumando cada vez más películas biográficas sobre otras estrellas musicales como Rocketman (inspirada en la vida de Elton John) y The Dirt (sobre Mötley Crüe), y ante el anuncio en pasados días de una adaptación cinematográfica de la vida del británico Boy George, no sobra preguntarse: ¿son los biopics musicales la nueva gran tendencia del cine de Hollywood?

Por Mauro L. Rivera Muñoz // @cinesfuerzoblog

Aún no sabemos si el gran boom de los superhéroes finalizó con Avengers Endgame, pero sí podemos afirmar que la gran industria del cine está en la búsqueda de la siguiente tendencia que siga representando el gran flujo financiero que en esta década representaron las adaptaciones cinematográficas de los cómics. Y todo parece indicar que el biopic o película biográfica musical es la nueva tendencia, pues aparte de las mencionadas, películas de ficción como A Star is Born, Vox Lux y Teen Spirit (que se estrenará el 4 de julio en Colombia) también siguen al mismo patrón narrativo que estamos analizando, y otras inspiradas en Boy George, Marvin Gaye, Prince y Janis Joplin están en preproducción.

Este subgénero no es un fenómeno nuevo, y responde realmente a la fascinación de la audiencia por los retratos de personajes públicos y al prestigio y dinero que prometen éstos tanto para los productores como para los actores, quienes vienen siendo los más beneficiados al interpretar un personaje reconocido que ya posee una conexión con gran parte del público y, lo más importante, porque es la perfecta carnada para ganar Premios Óscar.

Ocho de los diez últimos ganadores al Óscar a Mejor Actor han sido por interpretar personajes de la vida real y dos de ellos por interpretar a músicos (Rami Malek por Bohemian Rhapsody y Jeff Bridges por Crazy Heart). De hecho, para los Óscar 2020 ya se están barajando los nombres de Renée Zellweger por su caracterización de la trajinada cantante y actriz de los años 40-60 Judy Garland en Judy, y también Elisabeth Moss por su interpretación de una estrella de rock en Her Smell.

Otra favorecida con este boom es la industria musical: el año pasado durante la campaña de mercadeo y el posterior estreno del biopic de la banda británica Queen, la canción Bohemian Rhapsody se convirtió en la más reproducida del siglo XX en las plataformas de streaming, un triunfo comercial y cultural que permite que antiguos artistas lleguen a nuevas audiencias. En consecuencia, Queen registró ventas récord de los álbumes físicos y digitales, así como también fue el caso de la ya mencionada Mötley Crüe luego de la película de Netflix The Dirt. En el pasado reciente también sucedió con los biopics Straight Outta Compton (2015) sobre el grupo de rap N.W.A., I Saw the Light (2015) sobre el cantante de country Hank Williams, e incluso el documental británico Amy (2015) sobre Amy Winehouse dirigido por Asif Kapadia.

No obstante, ninguno sería el boom si ninguna audiencia estuviera dispuesta a recibirla. El éxito de estas producciones se debe a la identificación surgida por una mezcla de sentimientos de nostalgia, amor por la música y ganas de revalidar esas ideas sobre el trabajo duro, la amistad, la fama y la lealtad que tiene el público. Adicionalmente, estas películas repiten el patrón de los realities musicales como La Voz, Factor X o America’s Got Talent en los que se le permite a la audiencia ser testigo del nacimiento y ascenso de una estrella, algo que genera ilusión por ser parte de estas historias de triunfo y fama.

Tal vez la “novedad”, aunque bastante tímida y a todas luces guiada por la corrección política, ha sido la inclusión de una agenda LGBTI, tendencia que de cierta forma inició Steven Soderbergh con Behind the Candelabra (2013) sobre el famoso pianista Liberace. Sin embargo, esta elección no ha sido tan bien recibida por todo el mundo, pues para la proyección en países como China, todo lo que sugiriera las inclinaciones homosexuales de Freddie Mercury fue eliminado de Bohemian Rhapsody.

Al examinar en detalle, la mayoría de estas películas tienen prácticamente la misma receta narrativa: orígenes humildes, desarrollo del talento, llegada de la fama, decadencia y una apertura a un presente/últimos días en el que se evitan los juicios de valor para centrarse en el legado. Decisiones más perceptibles recientemente, pues películas como Bohemian Rhapsody y Rocketman tienen entre sus productores a los mismos músicos que retratan, convirtiendo los largometrajes en algo así como biografías autorizadas, donde terminan autocensurando algunos de los capítulos que enriquecen más el relato humano de estas estrellas mundiales.

Desde luego, hay varios biopics musicales que se han salido de estos moldes y ofrecen un memorable retrato de artistas que quizás nunca hayamos escuchado, pero que por la calidad del audiovisual seguramente nos acercarán a su obra, como sucede con 20.000 days on Earth (2014) sobre el músico australiano Nick Cave, Searching for Sugar Man (2012) sobre un desconocido cantante de folk rock llamado Rodriguez, el acercamiento casi ensayístico del director Todd Haynes a la vida de Bob Dylan con I’m Not There (2007) o la aclamada 24 Hour Party People (2002) sobre Factory Records, empresa discográfica que representó a Joy Division, Happy Mondays y promovió el inicio de la escena rave en Manchester.

Por ahora, la taquilla y los premios siguen favoreciendo esta tendencia, y eso indica que la tendremos muy presente para la siguiente década. Pero, ¿habrá tanto artista que genere el mismo interés internacional que Bohemian Rhapsody? Amanecerá y veremos.

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