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Lo que usted no se puede perder de 'X 500'

Se estrena una de las películas colombianas más interesantes del año.
Imagen de "X 500"
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Por
Chucky García

Se estrena una de las películas colombianas más interesantes del año. Tres historias sobre migrantes y las identidades que deben asumir para sobrevivir y encontrar su camino. Su título no dice mucho, X 500, pero lo que narra llena toda la pantalla con la vida –y la música– de tres jóvenes que comparten una misma realidad a pesar de vivir en Buenaventura, Ciudad de México y Montreal.

Por: Chucky García 

Juan Andrés Arango no luce como un cineasta o un realizador de cine. No es novedad, en todo caso, pues casi la mayoría de los directores de cine en Colombia no ofrecen en su pinta ningún indicio del oficio al que dedican la mayor parte de sus vidas. Arango, que de hecho ya tiene dos largometrajes en su haber y en los cuales no solo ha sido director sino también guionista, a sus 40 años más bien tiene cara de ser alguien afiebrado por la música o a la literatura.

Justamente en la Feria del Libro de Bogotá 2017 y en compañía del productor de su nueva película, Jorge Botero, este director nacido en Bogotá y que en 2012 mojó pantalla en Cannes con La Playa D.C. compartió una charla de una hora con varios asistentes a la feria, entre los que se encontraba su mamá. Y aunque quizás no tenga ninguna relación con la historia y decirlo sea un desfase, de algún modo ella lo remite a uno en uno de los personajes de la nueva película de Juan Andrés Arango, X 500, exactamente en el de una señora que vive en Canadá y que queda a cargo del cuidado de su nieta, quien a solo un día de haber llegado de viaje de Manila a Montreal adopta una nueva identidad para poder encajar en su nueva realidad y ganarse el respeto.

Ella, María, una adolescente que perdió a su madre, comienza entonces a vivir el mundo de los “cholos”, una tribu urbana de jóvenes filipinos en la metrópolis canadiense que escuchan rap mexicano y se visten como pandilleros latinos; lo que guardando las proporciones pero en definitiva es igual a lo que en otro lugar de la misma película está experimentando David. Un indígena Mazahua que tras la muerte de su papá deja la pequeña población rural mexicana en la que vive para irse a vivir a la gigantesca urbe de Ciudad de México, y en la que de un día para otro también se ve obligado a dejar lo que es para convertirse en lo que de algún modo lo va a ayudar a sobrevivir y a encontrar su camino.

David no puede hablar en su dialecto ni mucho menos dejar entrever algún rasgo que lo relacione con una comunidad indígena, pero a la vez debe acogerse a los códigos y normas que rigen para los suburbios y que establecen las clicas (pandillas), mientras que al tiempo lo que su voluntad le dicta es que se vuelva punk, se haga una cresta y se vaya a bailar rock y cumbia a los antros a donde van todos los que como él están buscando una forma de liberación.

Los indígenas punks de hecho no son ficticios, son un parche latente y real en la capital mexicana, y quien interpreta a David en esta nueva película colombiana es un actor natural llamado Bernardo Garnica Cruz, quien se presentó al casting que hizo Juan Andrés Arango y al cual llegaron casi medio centenar de indígenas punks como él. El personaje de María también quedó en manos de una actriz debutante, Jembie Almazan, de ascendencia filipina y quien en realidad estudia Ciencias de la Salud en Montreal, así como debutante también es Jonathan Díaz Angulo, un muchacho de Buenaventura que aún no tiene ni 20 años pero que le dio vida a Alex, el protagonista de la tercera historia de tres que componen X 500.

En el filme, Alex acaba de regresar de Estados Unidos, como muchos otros jóvenes de este puerto en el Pacífico colombiano se había ido de polizonte hasta que allá le mataron al hermano; y a su regreso aunque lo único que quiere tener es un motor para su lancha y así ganarse la vida pescando, su anhelo se ve truncado por los planes que los grupos armados y de narcotráfico tienen para los pelaos como él y los niños como su hermano menor, como el sicariato o las tenebrosas casas de pique.

Más allá de esto o de volverse un relato más de la violencia en nuestro país y continente, lo que X 500 logra es ahondar en otras aguas y en otras corrientes y convierte el contexto violento en que viven Alex, María o David en una situación que los afecta emocionalmente pero que no es lo único que marca el rumbo que están buscando. Tres historias dentro de una misma película que engancha de principio a fin, que deja que los personajes respiren y a la vez se comuniquen no solo con situaciones sino con emociones; y en las cuales la música que suena durante las escenas también se convierte en un elemento importante.

El sonido de la marimba de chonta del Pacífico colombiano, la estridencia del punk y la cadencia de la cumbia en México y el rap en español que escuchan los cholos de Montreal se entrelazan sin perder su respectiva identidad, en una película que quizás por el título no diga mucho pero que en la pantalla lo dice todo.

 

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