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'Silencio' de Scorsese: una película intensa que cuestiona nuestra fe

Enfrentarse a 'Silencio' es cuestionar nuestra propia fe, y no solo religiosa, sino la que cimienta lo que somos.
Por
Luis Fernando Mayolo

Muy bien lo decía Víctor Gaviria luego de hablar con él sobre La Mujer del Animal, cuando un director se casa con una historia tiene que apasionarle mucho, porque ella terminará acompañándolo y convirtiéndose en su obsesión durante muchos años de su vida.

Con Silencio, Scorsese lleva 30 años de alegría y tormento, desde que el arzobispo Paul Moore Jr. de la Iglesia Episcopal le entregó el libro de Shusaku Endo, sobre la mortal aventura jesuita en el Japón del siglo XVII.

Una historia que cuenta el viaje que hicieron los jesuitas portugueses Sebastiao Rodrigues (Andrew Garfield) y Francisco Garrpe (Adam Driver) en 1963, en busca de su mentor, el cura Cristovao Ferreira (Liam Neeson), de quien se decía había renunciado a su fe.

Pero más allá de la historia, el interés por la película está en el regreso del director a lo que muchos definen como su lado más devoto, el que parece sacarlo de esa zona de comfort que le ha dado reconocimiento, como es el cine de gangsters. Películas como Kundun y La última tentación de Cristo hacen parte de esta parte del legado más polémico de Scorsese.

Enfrentarse a Silencio es cuestionar nuestra propia fe, y no solo religiosa, sino la que cimenta lo que somos. Películas como esta, en las que se narra el testimonio de personas que estaban dispuestas a morir por lo que piensan, siempre tienen ese efecto reflexivo y existencial.

Para lograrlo la actuación de Andrew Garfield es fundamental. Es él el que sufre, el que duda sobre el sentido de lo que hace y sobre si vale la pena morir por la fe que profesa. Sobre Adam Driver hay que decir que a pesar de su apasionamiento es difícil verlo como un personaje diferente al de Adam en la serie Girls. Incluso no pude desligarlo tampoco en Star Wars. El caso de Liam Neeson es diferente porque no tiene el peso de la historia y simplemente termina por definir el destino del misionero Sebastiao Rodrigues.

Al final Silencio, además de llevarnos en ese viaje interior, nos da una perspectiva cultural del japón del siglo XVII y las diferencias marcadas con las creencias occidentales, dejándonos en la mente escenas como la que Rodrigues desesperado mira su reflejo en el agua y ve en sus rostro como se funde la imagen de cristo.

Una película arriesgada que los Óscar dejaron pasar casi que inadvertida, pero que a partir de este 16 de marzo busca redimirse en la taquilla colombiana.

 

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