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Dejen de quejarse: la Liga Colombiana es muy buena

Según la Federación Internacional de Estadística e Historia es la segunda mejor del mundo
Por
Héctor Cañón

Es posible que no seamos los subcampeones mundiales en ligas, pero tampoco es verdad que el torneo local sea un bodrio insufrible. Calidad y buen fútbol hay o de dónde salieron James Rodríguez, Juan Guillermo Cuadrado, David Ospina, Carlos Bacca, Miguel Borja, Yerry Mina, Wilmar Barrios, Frank Fabra y Cía?

Por Héctor Cañón Hurtado

El ciclista Martín Emilio “Cochise” Rodríguez, campeón colombiano de las épocas en que las glorias deportivas nacionales se contaban con los dedos de una mano, dijo alguna vez: “en Colombia muere más gente de envidia que de cáncer”.

Sabias palabras del campeón mundial de los 4000 mil metros persecución individual y récord mundial de la hora como aficionado. En la era de las redes sociales podríamos sumarle a la frase de “Cochise” que en este país también muere más gente de quejarse que de cáncer y envidia. 

Señores, así como Nairo no es un mediocre por no atacar cuando no tiene piernas en un deporte que lleva al ser humano al límite, sino uno de los mejores ciclistas del mundo o así como Falcao no es un exfutbolista, sino el delantero más eficaz, corajudo y ganador de nuestra historia, la liga colombiana es buena y sobran argumentos para defender su calidad.

El expresidente de Uruguay Pepé Mujica estaba descubriendo el agua tibia cuando dijo que si en Colombia ganaba el No en el plebiscito para aprobar los Acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla “Colombia quedaría como un pueblo esquizofrénico”. Lo somos desde mucho antes de los resultados electorales del 2 de octubre de 2016. 

Acá va una perla que demuestra nuestra tendencia como país a alucinar y perder contacto con la realidad. En el pasado Mundial Brasil 2014, cuando tuvimos que regresar a casa porque Brasil nos ganó de camiseta y malicia, la mayoría de los hinchas de la sele salieron a decir que #EraGoldeYepes y que nos habían eliminado por una conspiración entre el gobierno de Dilma Rousseff, ocupado en tratar de evitar la inminente destitución de la presidenta, y la Fifa. 

Esquizofrénicos y paranoicos. Nuestra emocional forma de ver el fútbol y los demás deportes donde compitan por la gloria paisanos, nos lleva a decir que esa misma Fifa que nos persiguió para sacarnos de la Copa Mundo no tiene ni idea de qué está hablando cuando dice que Colombia es, desde hace cinco años, una de las mejores selecciones del mundo, que Nacional fue el mejor club del planeta el año pasado y que el torneo nacional, ese del que se oye despotricar a lo largo del año, solo es superado en el planeta fútbol por la pomposa liga española.

Está bien dudar de esas categorizaciones de la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol porque están determinadas por esquemas matemáticos que desconocen los aspectos pasionales del deporte rey. 

Sí, son extremistas. Sin embargo, no es descabellado decir que Atlético Nacional es un club serio y ganador que ha logrado, en los últimos tres años, lo que los demás clubes grandes del continente no han podido ni en su más afiebrados sueños. Una Copa Libertadores, una Suramericana compartida tras la tragedia aérea de Chapecoense y convertirse en el más ganador en la historia de su país con 16 torneos locales. 

Está bien dudar de que en los estadios del país veamos mejores cotejos que en Inglaterra, Francia o Alemania, pero desconocer que acá hay varios equipos que superan el promedio de 20 mil asistentes por partido, que en cada campeonato salen decenas de nuevos cracks a sumarse a los cientos que nos representan en el exterior y que, a pesar de los desmanes de algunos desadaptados, la liga colombiana es una fiesta envidiable son literalmente ganas de joder.

¿Dónde jugaron James Rodríguez, Juan Guillermo Cuadrado, David Ospina o Carlos Bacca antes de romperla en Europa? Pues en los estadios del rentado nacional. El hecho de que se los lleven cuando apenas empezamos a disfrutarlos, no significa mucho porque cada temporada nuevos cracks exhiben su buen fútbol en los estadios del país.

Para no ir muy lejos, vamos donde juegan el mejor fútbol del mundo. Miguel Borja, Yerry Mina o Jonathan Copete, luminarias del rentado brasilero, salieron para allá en la temporada pasada después de brillar a nivel continental y en las canchas locales con sus clubes. Frank Fabra, Wilmar Barrios y Sebastián Pérez, quienes acaban de dar vuelta olímpica con Boca Juniors en Argentina, partieron en 2015 después de haber hecho lo mismo. Es decir, acá los jugadores calidosos  brotan de la tierra. Ninguno de ellos tiene más de 26 años. 

Tal vez por eso la última Copa Libertadores la ganó Nacional y en las dos últimas Suramericanas tuvimos finalista, Santa Fe y Nacional. Nos llevamos una la vitrina y la otra la cedimos a los brasileros caídos en desgracia, mostrando gallardía más allá de las canchas.

Al surgimiento de cracks que salen a vestir las camisetas de los grandes clubes del planeta fútbol después de ganar torneos continentales con clubes que también disputan el torneo local, se suma el hecho de que, imitando las buenas costumbres de argentinos y brasileros, los equipos colombianos entraron en una época de repatriar cracks cerca de su ocaso. Junior sacó cinco millones de dólares para armar una delantera letal con Jimmy Chará y Teófilo Gutiérrez. 

Además, volvieron al banquillo Francisco Maturana, Luis Fernando Suárez y Juan José Peláez, los tres ex mundialistas y biblias del fútbol reconocidas a nivel mundial. El director técnico español Juan Manuel Lillo, famoso en Europa, y el delantero argentino Darío Botinelli ponen la cuota de divos internacionales necesaria para animar un poco más el rentado nacional.

Y como fijo esto les parece poco a los hinchas quejumbrosos, debemos recordarles que la selección de Pékerman es uno de los mejores equipos del mundo. La Fifa asegura que llevamos cinco años en el Top 10, con varios meses en el podio. Desconocer eso es absurdamente colombiano. Fuimos quintos en el último Mundial y terceros en la última Copa América y en los últimos cinco años solo nos han ganado Brasil, Uruguay y Argentina, colosos suramericanos y ex campeones del mundo. Además, a los dos primeros nosotros también los atendimos.  

¿Y adivinen de dónde salieron el noventa por ciento de los jugadores que han pasado por ese equipo en los últimos cinco años? Pues del torneo local, señores, dejen de quejarse, vayan al estadio y que ruede la pecosa.

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