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La doble moral de los bares gay en Bogotá

La historia de María Carolina Callejas y la discriminación trans en las noches bogotanas.

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Foto Cortesía Archivo Queer de la Fundación Arkhé

Como a un gran porcentaje de la población LGBTIQ me gusta salir y bailar, tomarme unos tragos y en mi caso, si nos vamos de largo, buscar un lugar agradable y seguir hasta el amanecer. Recuerdo que en el 2005 solíamos salir del legendario Blues Bar, un lugar que estaba ubicado en la calle 86 con 14, En el que entre diseñadores, artistas y creativos compartíamos un espacio: Fue el primero que viví realmente libre de discriminación, donde éramos atendidos por personajes maquillados, trans y drag queens, así vivíamos una fantasía hasta las 3 de la mañana.

Por Manu Mojito - @manumonitoart (Artista plástico con enfoque de género y asesor de archivos queer fundación Arkhé) // Fotos del archivo queer de la fundación Arkhé. Cortesía de investigación a cargo de Manu Mojito.

Desde muchos lugares de Bogotá, las personas nos reuníamos para seguir la fiesta en el famoso amanecedero Trinchera, ubicado en la calle 59 con 13. Fue allí donde conocí a María Carolina Callejas, una mujer transformista increíble que me sedujo cada fin de semana estando sentados en unas sillas que parecían de pollería dentro de este amanecedero, tomándonos una botellita y contándome miles de historias. Cada fin de semana nos veíamos a las 4 de la mañana en Trinchera para sentarnos a hablar y “cuadrar unas fotos” que, como buenos borrachos, nunca hicimos.

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María Carolina, era hija de la dinastía Callejas, una casa de chicas transformistas donde su madre era Linda Lucia Callejas (pero no la actriz colombiana), ganó muchos concursos que se realizaban en distintos bares posicionándose como una diva dentro de la cultura transformista, y fue una ejemplar rumbera a finales de los 90 y principios de los 2000. Ella me contaba de muchos lugares a los que asistía, aunque me hablaba mucho más de los que no la dejaban entrar.

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No es un secreto para la comunidad LGBTIQ que los bares que se hacen llamar “incluyentes y seguros para la comunidad”, realmente son los primeros en discriminar a las personas trans. Se supone que vivimos una realidad muy distinta a los años 80 y 90, por los derechos alcanzados, pero esta contradicción sigue rondando los lugares de rumba gay.

Desde los años 80 se veía una movida transformista bastante amplia donde María Carolina Callejas brilló en múltiples reinados que lograron sobrevivir hasta el nuevo milenio, aunque, según María Carolina, la mejor época fueron los años noventa. En estos años dorados existió un famoso lugar llamado Adonis Club donde se realizaban famosos reinados y revistas musicales transformistas en el corazón de Teusaquillo.

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El despliegue de ostentosidad no tuvo precedentes por ejemplo muchas de sus concursantes utilizaban vestidos que habían sido utilizados por las reinas colombianas de grandes concursos de mujeres cis-género, creaciones de diseñadores y bastantes costosos.

Otros lugares de moda en estos años fueron Los Amigos del Norte, Boys Club, Safaris Club, Dandys, Tasca, Disco Fuego, Amémonos, Zona Franca, Calles de San Francisco, Estudio, Metro, El Clóset. Son los que puedo recordar de las historias que me contaba María Carolina, donde los nombres de su madre Linda Lucia Callejas, y otras célebres transformistas como Karen Michel Sáenz, Karen Daluxa, La Cachi, Madorilyn, Adela Ferrer, La Colombia, eran recurrentes como las más regias de la época.

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Mientras nos tomábamos aquellas botellas de guaro en Trinchera, recuerdo que María Carolina me decía que ella no se veía siendo transexual o transgénero. Sin embargo, me contaba de muchas de sus amigas quisieron serlo, pero el mismo ambiente (como se define la vida gay) más que la sociedad, no las dejaba. ¿Por qué?  

Muchos de estos lugares, por no decir la mayoría, abrieron espacios a las personas gays, lesbianas y transformistas, pero no era un secreto que las personas transexuales y transgénero no podían entrar más que como parte del espectáculo. En estos lugares “seguros”, las personas trans eran vistas como personajes de la calle, ladronas o prostitutas. Se replicaba los mismos estigmas del mundo heterosexual.

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Muchas de las compañeras de María Carolina optaban por no hacer el tránsito (hacer la transición de hombre a mujer o viceversa) dado que los dueños de los bares no permitían a mujeres transgénero o transexuales hacer shows, en pocas palabras si transitaba, no podría seguir sus carreras artísticas.

Estas charlas con Maria Carolina fueron los primeros cimientos para empezar a trabajar con personas trans y para forjar mi carrera como fotógrafo. Una persona que me sigue acompañando en espíritu y pensamiento.

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La presencia de la diversidad es una fachada que solo se utiliza para entrar en la cultura mediática que supuestamente apoya los cuerpos diversos. Es esta “comunidad” la que sigue marginando a los cuerpos trans de sus lugares de diversión.

En cambio, en un sitio como Trinchera, María Carolina decía: “lo que más me gusta de venir aquí, es que puedo estar con mis amigas sin importar si son putas, travestis, transformistas, o como usted, pirobas”.

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En los últimos años María Carolina se dedicó a mantener en alto el nombre que gano en la escena artística con toda su experiencia en reinados nacionales, producciones de televisión, y estilismo. Falleció en mayo del 2018 en la ciudad de Pereira, dejando un legado a las nuevas generaciones de transformistas en Colombia.

Es por eso que grito junto a las chicas trans En memoria de María Carolina Callejas.: ¡Somos malas, podemos ser peores!

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