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¿Por qué carajos a las mujeres nos gusta rehabilitar gamín?

¿En qué estamos pensando? ¿De dónde se nos apaga el chip de San Calcuta?
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¿Qué la calle está dura? ¿Qué busco y busco y busco y no lo encuentro? ¿Qué el que me gusta no me para bolas y al que le gusto no me inspira ni un mal pensamiento? Dilemas existenciales por los que ha pasado más de una mujer y que de seguro han sido el tema de conversación con las amigas. 

¿Pero de verdad es que no hay ni un solo hombre bueno por ahí que sea capaz de hacernos feliz? ¿De verdad es que en esta época ya no hay sentimientos, el amor se extinguió y nos toca conformarnos con lo que encontremos? ¿O será más bien que nos fijamos en el que no debemos y que empeñamos todas nuestras energías en manes que no nos convienen?

Esta vez en La del sombrero vamos a hablar de ese síndrome con el que nacimos las mujeres y que nos obliga a pensar que podemos "rehabilitar gamín": cambiar al hombre, convertirlo en el príncipe con el que siempre soñamos, lograr que deje de ser el más perro y camine de nuestra mano hasta (inserte aquí sus intenciones).

Pero no, la realidad es que San Calcuta no existe en las relaciones, que los hombres mujeriegos solo cambian pero de mujer cada que ellos quieren hacerlo. Lastimosamente por más "ave maria" que ore y por más sacrificios que haga para que el dichoso cambie de opinión, lo único que  va a conseguir es un dolor de cabeza, pasar como la redentora que lo consiguió todo y no llegó a nada, que la tomen como huevona y que termine tomando aguardiente en karaoke y cantando a grito herido alguna de Juan Gabriel.

Los hombres solo se pueden cambiar mientras están en pañales y aunque Liss Pereira les vea potencial, es muy probable que los arregle para que los disfrute otra. Sí, así tal cual como lo lee o como lo podrá ver con el testimonio oficial de esta mujer que como muchas de nosotras se ha dedicado a recoger al Darth Vader y tratar de llevarlo hacia la luz. 

(Niñas por favor, no sean así) 

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