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Soy gay, pero me gusta el sexo opuesto

Dejemos de ponerle etiquetas a todo.
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Dejando de lado el asunto religioso del pecado, tendemos a pensar en la orientación sexual en tres categorías claras e inflexibles: heterosexual, bisexual y gay. Pare de contar. Quienes se proclaman radicalmente pertenecientes a alguna, no suelen entender nada más. Esta visión espera que de alguna forma todos nos encasillemos en su manera bien limitadita de ver la sexualidad.

Por Trilce Ortiz // @trilceo

En 1948, el biólogo y sexologo gringo Alfred Kinsey publicó la escala de Kinsey en el libro Sexual Behavior in the Human Male. Ésta buscaba medir qué tan gay o straight eran los hombres de acuerdo con estos rangos:

0- Exclusivamente heterosexual

1- Principalmente heterosexual, con contactos homosexuales esporádicos

2-Predominantemente heterosexual, aunque con contactos homosexuales más que esporádicos

3- Bisexual

4-Predominantemente homosexual, aunque con contactos heterosexuales más que esporádicos

5-Principalmente homosexual, con contactos heterosexuales esporádicos

6-Exclusivamente homosexual

X-Asexual, el individuo que no presenta atracción sexual

Aunque la escala sigue insistiendo en la dichosa necesitad de clasificarlo todo, por lo menos abre un poco más la puerta a otras posibilidades. Sí, a un hombre declarado gay le pueden gustar las viejas, mientras que uno que se considera heterosexual de vez en cuando puede meter el dedito gordo del pie en las aguas de la experimentación homosexual.

“Yo prefiero toda la vida salir con una vieja bonita que con un man feo”, explica Santiago, un chico de familia ultraconservadora de Neiva que está en proceso de contarle a su familia que es gay. “A mi me encantan los tipos, soy gay, pero me acuerdo de una vez en un matrimonio bailando pegadito con una vieja súper linda, se me paró mal, hasta pena me dio”.

Actualmente existen clasificaciones más amplias que incluyen por ejemplo a las personas que se sienten atraídas por distintas identidades de género (hombre, mujer, transgénero, etc) que se llaman así mismo pansexuales y a aquellos que no están seguros de su orientación sexual y que se llaman “curiosos” o “cuestionados”.

Según el blog Go Ask Alice, de la Universidad Columbia, “los hombres homosexuales pueden sentir excitación si, por ejemplo, una mujer le estimula el pene, o imaginan que están teniendo sexo con otro hombre mientras tienen relaciones sexuales con una mujer. Las cosas no son tan blanco y negro”. También existe el medio al rechazo y la presión social a “ser machos” que lleva a muchos gays a mantener relaciones heterosexuales aparentemente “normales” por años.

Según Planned Parenthood, la organización más grande de salud sexual y reproductiva de Estados Unidos, las personas pueden mantener la misma orientación sexual toda la vida, o cambiarla y no, no significa que “están confundiditos”. Por puro recorderis, en junio del 2015, y después de vivir 66 años como Bruce Jenner, Caitlyn Jenner dejó al mundo boquiabierto con su portada en la revista Vanity Fair. En múltiples entrevistas Jenner se defendió a capa y espada como heterosexual, explicando que “una cosa es la identidad de género y otra la orientación sexual”. Antes de su transición, Jenner se casó tres veces y tuvo 6 hijos biológicos.

“A la gente le cuesta trabajo entender que uno se les sale de las clasificaciones que tanto trabajo y cuidado les ha costado armar”, dice Sonia, una mujer de 36 años que hace dos se divorció de su esposo para irse a vivir con Patricia, el amor de su vida, según sus propias palabras. “Las cosas del amor no se planean, pasan. Yo soy heterosexual, en el sentido estricto. Me siguen gustando los hombres, me excitan, pero mi amor y todo lo que soy están con Pato”.

Al parecer el asunto no es tanto que hay quienes anden “indecisos y confundidos”, sino que la mayor parte de la sociedad insista en la necesidad impajaritable de que cada uno de nosotros ande con una clara etiqueta en la frente que les dé la paz de entender claramente quién es cada uno y por ende cómo tratarlo.

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