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Carlos Vives presentó en Bogotá su show 'Más Corazón Profundo Tour'

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Redacción Shock

Por: Jenny Cifuentes / @Jenny_cifu

Casi a las 9 de la noche bajo los reflectores del Simón Bolívar precedidos por El Freaky y Herencia de Timbiquí, aparecieron  Carlos Vives y La Provincia.  Una aureola de buena energía rodeó  al público que arribó al parque, más de 45.000 personas.  Según la versión de un miembro de la logística, hubo gente que llegó a hacer fila desde las 4 a.m. esperando desde esa hora que abrieran las puertas a la una de la tarde. En realidad no entendimos porqué.  Si entrar de primero a las localidades generales no garantizaba la cercanía a la tarima, pero esa es la pasión.  Al lugar se veían llegar abuelos y papás con sus niños, jóvenes, parejas, combos numerosos, chucuchuqueros, cumbieros, hipsters, roqueros, yuppies etc. El retrato familiar primaba, incluso las expectativas por la salida a escena del cantante convirtieron a varias mamás asistentes en fervorosas groupies.

Todos quieren a Vives.  Las señoras le dicen “Carlitos” y los niños nos cuentan que se saben “olelé, olalá”. Un grupo de chicas adolescentes en la gradería durante la espera, eufóricas cantan Pa Mayté, dos veteranos caminan entonando La Celosa, mientras sus esposas les gritan que tengan cuidado porque Vives es un “bizcocho cincuentón” y ellas no garantizan la cordura. Hay ambiente festivo y lugares para diferentes bolsillos. Boletas a $80.000 y $45.000 pesos y palcos para 10 personas a 4 millones, también merchandising oficial de la gira con productos como cachuchas, termos, camisetas orgánicas y llaveros que van desde los $10.000 hasta los $25.000.  La gente aguarda emocionada. Se siente la camaradería en torno a Vives, a los grupos de la jornada, a la música, al Corazón Profundo. 

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Hijo del Vallenato

Una pantalla de fondo desplegó a Vives en un ritual indígena, luego,  en escena un corazón gigante que exaltó a la audiencia, marcó el despegue del show con el corte Mil Canciones, que fue un bellísimo marco  sonoro propicio para desfogues  de coloridos bailarines – hasta con camiseta del Unión Magdalena – y los balones rojos que el samario lanzó hacia el público. Con gran energía el cantante presento a “la primera dama de La Provincia: Mayté Montero” y empezó a tronar “Pa Mayté” con lyric video en las pantallas de la tarima. Carlos tocó armónica, simuló boxear y con la sabrosura que carga y que lo hace gigante en tarima saludó con un “buenas noches Bogotá, cuna del Rock de Mi Pueblo”, soltando así La Cañaguatera, uno de esos clasicazos del vallenato compuesto por 'Tijito'Carrillo, en el que Egidio Cuadrado hizo resonar el fuelle con tremendos pases de acordeón. 

Emocionado narró que hace 21 años  se juntó con Egidio, con Eder Polo, poderoso guacharaquero y con Alfredo “El Negrito” Rosado, virtuoso cajero, buscando tener el mejor conjunto vallenato del país y que aún  están trabajando en ello. Los ánimos estaban arriba, se sentían la caja, la guacharaca y el acordeón, y de pronto,  Vives  rueda Hijo del Vallenato, del disco Más Corazón Profundo,  una composición parrandera con una letra que busca picarle la lengua a quienes dicen que ya no canta vallenato. De fondo se proyectan imágenes de legendarios personajes vallenateros como Leandro Díaz, Escalona, Lorenzo Morales, Sergio Moya, Carlos Huertas, Alejo Durán o Colacho Mendoza. Se arma la fiesta. 

“Fue gol, fue gol, fue gol, fue gol de Yepes, fue gol”

Déjame Entrar y Bailar contigo sacan a flote  el entusiasmo y predicen el momento de las gaitas anunciadas por el cantante como “el aporte del pueblo Tayrona a la cumbia”.  Bajo los focos, él y Carlos Iván Medina, teclista del grupo, interpretan estos instrumentos del legado indígena dando paso a Fruta Fresca. Tras presentar al baterista Pablo Bernal (Ciegossordomudos), inicia el tema Como le gusta a tu Cuerpo, luego,  se aprecia un video en el que el samario - nombrado el pasado abril por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) como embajador para promover la inclusión social y económica de los afrocolombianos y las comunidades indígenas en  el país - en un pequeño discurso recalca “la importancia de recordar la deuda con los pueblos afro e indígenas y de reconocernos como colombianos”, a lo que sobreviene el aplauso. 

El poder balsámico de la música y su profundidad, se sienten momentos después en La Tierra del Olvido, con la intervención de Ati, una niña indígena que toca el acordeón y acompaña al vocalista durante toda la canción. Viene además el corte Salvar tu Amor, y un medley entre Como Tú y El Rock de Mi Pueblo mientras se  muestran en pantalla  imágenes de artistas nacionales, entre otros: Andrés Cepeda, Aterciopelados, Galy Galiano, La Negra Grande, Martín Elías, Peter Manjarrés, Charles King, Gualajo y Alerta.  El turno llega para Ella es mi Fiesta y  La Foto de los Dos, en la que en todo el parque se escuchó un solo coro: “regresar a mi pueblo, por el camino viejooo”.  El Mar de sus Ojos hizo  aumentar  la euforia, cuando al escenario aterrizó Chocquibtown,  y marcó el instante más delirante de la audiencia con la aparición de Mario Yepes en la tarima (con hija y todo) quien ni siquiera tuvo que decir una palabra para que los asistentes se alborotaran, alzaran sus barritas plásticas luminosas infladas y agitaran lo que tuvieran a la mano. Vives y Tostao cantaban: “fue gol, fue gol, fue gol, fue gol de Yepes, fue gol” y el público repetía. 

Cuando nos volvamos a encontrar 

Manteniendo el equilibrio entre la nostalgia y el romanticismo continuaron Volví a Nacer y Cuando Nos Volvamos a Encontrar, track que el vocalista interpretó montado en una bicicleta. El final del concierto se acercaba pero la gente firme y dispuesta quería más.  El bis se dio con Carito, El Pollo Vallenato  y para cerrar, el gran corte La Fantástica, con Herencia de Timbiquí y Chocquibtown como invitados.  

A pesar de que gente de localidades generales nos aseguró no haber podido ver nada por el tamaño de las pantallas al lado del escenario y extrañó la falta de algunas de ellas en la mitad del parque, y aunque las graderías laterales cercanas a la tarima estuvieron casi desocupadas quizá por diseño,  ya que los palcos ubicados frente al escenario tuvieron silletería, factores que hicieron sentir realmente la lejanía de la multitud con los artistas, la audiencia terminó feliz. 

Carlos Vives y La Provincia en un tremendo show latieron en comunión con el público y se despidieron con la promesa de “volvernos a encontrar”.  

 

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