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En Venezuela no hay papel pero sí Algodón Egipcio

Por
Redacción Shock

Por: Juan Pablo Castiblanco Ricaurte // @KidCasti

Ezequiel “Cheky” Bertho es venezolano y hace pop, lo cual no es lo mismo que decir que hace pop venezolano, porque ahí habría que pensar que este muchacho de 27 años nacido en la caliente Puerto Ordaz, es un Ricardo Montaner, Franco de Vita, Rene & Renny o un José Luis “El Puma” Rodríguez más. No. Muy lejos de todos estos referentes de balada romántica, de tropicalismo exacerbado, se halla esta especie de hombre-orquesta que ejecuta todos los roles de su proyecto Algodón Egipcio desde hace cuatro años. Su fórmula, un salpicón fantasmal de shoegaze, noise, sicodelia y, por supuesto, pop, recuerdan actos lejanos geográficamente pero muy cercanos sentimental e ideológicamente, como Animal Collective, Panda Bear, Destroyer o Twin Shadow. Paradójicamente en su propio país es un paria cultural, pero su primer y único larga duración publicado hasta el momento, “La lucha constante” (2011), fue reseñado, celebrado y destacado por publicaciones internaciones icónicas en música alternativa como NPR, Club Fonograma, Sound & Colours o el propio Pitchfork (algo muy similar a lo que pasa con muchos actos vanguardistas colombianos). El impacto se debió en gran parte a que en Estados Unidos el disco fue editado por Lefse Records, la misma casa detrás de actos alternativos de primer nivel como Neon Indian o How To Dress Well. Desde entonces “Cheky” se ha dedicado a hacer una innumerable cantidad de remixes y está a punto de lanzar su segundo disco. Actualmente está en Colombia como el gran invitado internacional del próximo Festejo Radio Pachone el próximo sábado y para dar un concierto hoy en Matik-Matik. Conversamos con este hijo rebelde del bolivarianismo. 

¿Dónde vive?
En Caracas, pero soy de Puerto Ordaz. Llevo allá once años. 

¿Cuál es la diferencia entre las dos ciudades?
La mentalidad. Puerto Ordaz es una ciudad muy reciente, que no tiene más de 70 años, planificada, yo digo que sin carácter, donde la gente se mimetiza mucho con la personalidad de los demás, en vez de tener la suya. Es una ciudad al sur, muy caliente, en la parte más boscosa del país, cerca de Brasil. Es muy tranquila, tiene atractivos naturales pero no hay mucho que hacer. Siempre que voy me quedo viendo televisión y no salgo a la calle, porque no hay opciones. Caracas es la capital pero tampoco tiene tantas opciones como cualquier otra capital de Latinoamérica.

¿Cree que la escena musical venezolana está más rezagada que en otros países de Latinoamérica?
Sí. Es difícil ser consistente porque la situación del país se filtra en todas las áreas de la vida y es muy fuerte con la escena musical en general, sobre todo con la underground. No hay oportunidades, no hay medios que te presten atención, no hay tantos sitios para tocar y los que hay no duran mucho. Las bandas también duran poco porque la gente busca irse a España, México, Chile, Argentina o Estados Unidos. 

Tal vez, en el caso de los medios, el problema no es que pongan atención sino que de verdad entiendan propuestas alternativas…
Lo que pasa es que tampoco siento que la música independiente en Venezuela sea algo tan extraño. Dentro de todo sigue siendo esencialmente rock. La comprensión del indie sigue estando atada a la del indie británico tipo Arctic Monkeys. Muchas bandas quieren surfear esa ola del disco punk del 2003 entonces muchas suenan a The Rapture o a !!!. Son bandas tratando de montarse en un sonido, en vez de desarrollar una idea propia.

¿Cómo una persona tan tropical, de una ciudad cuasi-amazónica, cambia sus referentes latinos por sonidos más experimentales, sin territorio?
Por internet. Mi música es internet, ese es el espacio que habita. No creo que sea música venezolana para nada. El primer disco fue muy exploratorio, era la primera vez que estaba haciendo música por mi cuenta. Empecé a meterle efectos a todo y sí hay un plano tropical pero muy disimulado. Si detallas bien o lo ves en vivo, esas capas resaltan más.

¿De dónde vienen esas capas?
La familia, la sangre… yo crecí escuchando Juan Luis Guerra y calipso de Trinidad y de la región de Guyana de donde soy yo. También oía La Fania y muchas cosas que escuchaban mis papás, que de alguna forma se van filtrando en el inconsciente.

¿Sigue oyendo esa música?
Pues sí, en algún momento mientras crecía tendía a rechazarla, pero luego maduras, te sinceras y asumes que es parte de tu vida. Ahora si pillo un vinilo de Juan Luis Guerra o Celia Cruz lo compro. Ya no tengo ese complejo, antes sí.

Si su música pertenece a internet, ¿no teme que al inscribirla en este circuito su consumo se vuelva ágil y efímero?
Sí, es una pesadilla recurrente y  lo entiendo porque uno cae ahí a veces. El tiempo de atención de la gente ahora es mínimo. La gente no se concentra. Si un disco tiene dos meses es un disco viejo. Así es la dinámica y no hay marcha atrás. Solo queda de parte del músico estar en constante movimiento. Es triste porque antes había gente prolífica y haciendo discos increíbles que marcaban generaciones. Era un desarrollo artístico, no había necesidad de tener un público bien alimentado. Nirvana tardó diez años en sacar un disco, My Bloody Valentine no sacaba un disco desde el 94 hasta el año pasado. En un mundo ideal el artista podría seguir su propio ritmo y no el del mercado. Pero no hay manera. 

¿Cómo comienza la ruptura de la atmósfera en la que creció?
Cuando MTV llegó a la casa te exponía a un montón de cosas. De pronto te topabas con Björk, empezabas a jalar el hilo y encontrabas muchas cosas. Siempre tuve dos vertientes, una muy pop y otra de una búsqueda de experimentación. Escucho todo lo que está en el mainstream y por otro lado oigo desde noise hasta trip-hop.

¿Cómo se mueve un proyecto así en Venezuela?
Yo sí creo que hay público para propuestas como las mías o las de otras bandas similares porque hay gente que piensa fuera del cuadrado. Sobre todo gente joven, que creció con internet, que conocen muchas otras cosas y tienen referencias más amplias que el grunge o cosas que para mí son caducas. Hay bandas muy nuevas que siguen haciendo la misma música que se hacía en el 96 o en el 2001. Es como si ciertos sonidos nunca evolucionaran. No ha sido fácil, siento que he tenido mucha suerte porque el proyecto ha prosperado mucho sobre todo afuera. Pero es agridulce, porque de todas formas no pasa en tu país. Por ejemplo mi mamá nunca me ha visto tocar en vivo, porque no he tenido chances de tocar en Puerto Ordaz. 

Hay un movimiento de artistas en Latinoamérica que están conformando un movimiento conocido como la alterlatina. ¿Se siente inscrito dentro de esta corriente?
El término alterlatino me distancia un poco, porque el término “alternativo” me suena caduco, como de mediados de los 90, pero entiendo su uso. Lo que pasa es que lo relaciono con un sonido de lo que debería ser latino desde una visión muy gringa. Entiendo el contexto latinoamericano como una escena regional, ya no solo es una escena caraqueña o bogotana, sino que es una escena de la región. Gracias a internet se comparte con artistas que tienen la misma visión y el mismo enfoque. 

Si tocara poner una palabra que no fuera alterlatina, ¿cuál usaría entonces?
(risas) No sé, soy muy malo poniendo nombres. Mi proyecto se llama Algodón Egipcio. Pero hay un término que me gusta mucho que se denomina “escena glocal”, que es la mezcla de lo global y lo local. Es mezclar ideas y ver cómo los proyectos se desenvuelven en su contexto y en algo más macro.

¿Cómo aborda su acto en vivo para que siga manteniendo la línea experimental de tu trabajo en estudio?
Es difícil. Simplemente trato de hacer lo que creo puede ser lo mejor en mi formato para presentar esa música. Pero trato de no pensar mucho en eso porque me volvería un ocho. Ha habido momentos de crisis, de estar en posición fetal preguntándome qué hice mal, por qué la gente no se conectó, si debería meter más gente en la banda para hacer el proyecto más fiestero, dónde tocar… te cuestionas una cantidad de cosas y al final simplemente tienes que decidir qué quieres presentar, como artista cómo quieres que sea tu propuesta y qué herramientas tienes para hacerlo. 

¿Cómo es su relación con sus aparatos electrónicos?
Yo estudié ingeniería electrónica, entonces siento mucha afinidad con la tecnología y siempre he pensado que es algo que se actualiza para nuestro bienestar. Mi instrumento principal es la guitarra y ahí compongo, pero poco a poco se ha balanceando con la composición directa en la computadora. Parto mucho del sampleo, empiezo con jams de ruido y luego corto eso, creo una canción a la que le agrego instrumentos, y es una dinámica distinta que no podría existir si no tuviera la herramienta de programas de producción. Eso me parece increíble porque rompe con una tradición muy cerrada de cómo hacer música. 

¿Es un geek musical?
100%, soy el que todavía compra vinilos y ediciones especiales en las cajas. Me gasto todo mi sueldo en eso, valoro esos objetos físicos. Me la paso en Twitter revisando los timelines de las páginas que más me gustan para saber qué hay nuevo. Hay mucha gente que dice que ya no se hace música nueva, pero me parece que están desinformados y que no se puede hacer esa generalización. Además escribo para algunas publicaciones, entonces siempre estoy actualizado con lo que pasa en Latinoamérica, porque me interesa y me gusta. 

¿Cómo fue su acercamiento a la música? ¿La estudió desde chiquito?
Yo estudié bajo en un curso de verano como a los 14 años. Esa fue toda mi instrucción formal, pero no era en un conservatorio. Luego me compraron una guitarra eléctrica y aprendí a tocarla por mi cuenta, sacando canciones de Smashing Pumpkins. Incluso me compraban revistas de computación que traían demos de software y así conseguí la primera versión de Cool Edit, que lo usaba y me sentía Aphex Twin, como si estuviera haciendo la cosa más interesante del mundo. Me quedó eso, de seguir investigando la música no para escucharla sino para hacerla. Luego conseguía un teclado y aprendía, tenía un xilófono o una melódica y los tomaba para sacarles sonidos.

Aparte de la música, ¿qué más lo inspira?
Soy muy monotemático con la música. Siento que hay otras vertientes del arte que me inspiran, pero soy monotemático con la música.

Algodón Egipcio se estará presentando esta noche en Matik-Matik (click aquí para más información) y el sábado en el Festejo Radio Pachone (Click aquí para no perderse de este fiestón)

 

 

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