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Dhito Florez carga sus recuerdos en su primer EP: ‘Roriyero’

El cantante de Condoto, Chocó, acude al afrobeats para narrar las memorias de una relación que lo marcó. Dhito Florez nos presenta su primer EP.

Dhito Florez
Dhito Florez
// Foto Cortesía artista

Dhito Florez lanzó Roriyero, su primer EP, a principios de 2022. Hablamos con él sobre sus inicios en Condoto, sobre la diferencia entre afrobeats y afrobeat y sobre vivir en la capital del perreo probando distintas tonalidades, flows o intenciones.

Por Santiago Cembrano @scembrano

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En Condoto —pueblo negro en Chocó, tierra negra— viven poco más de 15.000 personas. Una de ellas, la profesora Myriam, del kínder Niña Ceci, puede presumir de tener un oído especial para detectar el talento. Hace varios años notó que había algo especial en una niña llamada Gloria Martínez y la motivó para que continuara en la música. Gloria luego se llamó Goyo y, con ChocQuibTown, se hizo una estrella.

Años después, también en Niña Ceci, la profesora Myriam eligió a Fernando Flórez para cantar algunas baladas en un acto cívico. Apenas estaba en kínder, sí, pero recuerda que disfrutó recibir los aplausos al final de su presentación. Recuerda que pensó que ese momento era una señal: “Sentí que lo estaba haciendo bien. La profesora Myriam me dio la bendición. No sé, fue el destino”.

Fernando ahora es Dhito Florez, cantante de 25 años. Su voz se ilumina cuando recuerda ese primer contacto con la música, así como cuando describe a Condoto como un pueblo con una riqueza cultural inmensa en el que los niños pueden organizar una orquesta rápidamente con instrumentos de lata y plástico, un pueblo de atardeceres hermoso, un pueblo que está superando los golpes que le dio la minería ilegal.

A principios de 2022, Dhito lanzó Roriyero, su primer EP. Este es el puerto en el que atraca, o desde el que zarpa, la embarcación que venía construyendo desde que escuchaba Tiziano Ferro y Rodolfo Aicardi con su mamá, desde que grabó en un casete un cover de Enrique Iglesias, desde que escribió un romantiqueo cuando llegó la hora de componer su primera canción, desde que participaba en todos los eventos del pueblo donde pudiera cantar sus covers y desde que se atrevió a cantar por primera vez un tema suyo cuando estaba en décimo.

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Roriyero es arte, es mi vida expresada en música. Lo hice para conectar con mi gente. Hasta ahora me ha funcionado. Resumí mi historia lo más que pude”, explica. Y su historia, este EP de cuatro canciones suena, principalmente, a afrobeats.

Ojo, afrobeats, en plural, no “afrobeat”. Fela Kuti, padre del afrobeat, marcó el rumbo hace 50 años al poner a conversar a la música nigeriana con el jazz y el funk. Esa tradición, al fusionarse con rap, R&B y dancehall, deviene afrobeats, corriente que estalló en 2016 a partir de One Dance de Drake con el nigeriano WizKid —superestrella del movimiento. La escritora y crítica cultural surafricana Robin Scher dice que el afrobeats es la evolución y la antítesis de su ancestro: surge de él y se opone a él, a todo lo que el movimiento de Kuti representaba. El hijo vive más en sintonía con el pop que con la resistencia política del padre. La diferencia que hace una letra, ¿no? Bueno, una letra y medio siglo, otro mundo.

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Dhito Florez
Dhito Florez
// Foto Cortesía artista

***

Dhito reflexiona y responde desde el barrio Boston, cerca del centro de Medellín. Es casi la madrugada y antes estaba ocupado en el estudio. Habla con suavidad. Recuerda su infancia y un casete negro con morado de Don Chezina que escuchaba en la casa de un vecino cuando todavía se escuchaba música en casetes. Entonces las baladas quedaron atrás:

Yo quedé bobo con el reggaetón, con ese ritmo. Era más rápido. Fue información bonita para mí, era nuevo y bailable. Era bien vulgar y mi mamá se quejaba que no, que eso tan grosero. Pero yo escuchaba y aprendía de los referentes. Héctor y Tito, Wisin y Yandel.

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Siguió la senda del reggaetón y, cuando se graduó, ya se había presentado con sus amigos en todos los colegios de Condoto, rito de paso para ser cantante en Colombia. No eran tantos, como seis, pero le gustaba esa vida. Tanto le gustaba que perdió décimo grado. Por farandulero, por estar pendiente de las mujeres, admite.

Entonces su papá, como castigo, lo llevó a trabajar una semana con él como albañil. No aguantó y entendió: no podía botar el tiempo por ahí, tenía que invertirlo en su crecimiento. Entonces se fue para Bogotá: “No sabía qué iba a hacer ni cómo lo iba hacer, pero quería ir por lo mío. Tenía que buscar lo mío”, dice.

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Tras un par de años en Bogotá se mudó a Medellín. Allá lo cogió la pandemia, que lo golpeó como cinco puños en la nariz. Acostumbrado a callejear, no soportaba el encierro y sus ataques de ansiedad se hicieron más frecuentes. Decidió, entonces, volcar su energía en su música. Pero, antes de hacer más música, necesitaba un plan. Llevaba ya muchos años avanzando sin un norte fijo, entonces buscó una brújula que lo guiara.

No la encontró en sus amigos, a los que intentó motivar para ponerse las pilas y coger la música más en serio. Entonces, Google fue su mejor amigo y así llenó un cuaderno con lo aprendido: ¿Cómo podía hacer dinero con su música? ¿Cuál era la mejor forma para registrar sus canciones? ¿Qué proceso debía seguir para estar en las plataformas? La llegada de su manager, Henry Lozano, fue el catalizador que necesitaba, un aliado para ejecutar su plan. Hoy están soñando, dice, pero rápidamente se detiene y corrige:

“Bueno, no, soñando no. Estamos cumpliendo metas poco a poco, paso a paso, para poder llegar al objetivo que queremos”.

Dhito Florez
Dhito Florez
// Foto Cortesía artista

De la ejecución de ese plan minucioso nació Roriyero. Como todavía necesitaban productores, Dhito le habló al cantante chocoano Yucid El Sobrino y entablaron amistad. Él lo conectó con los hermanos Pipe y Juan José Calderón. En el camino llegó DJ Zaa.

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Ese fue el elenco con el que Dhito trabajó para crear los ritmos del proyecto. Primero necesitaba los ritmos: “Yo no soy tanto de coger un lápiz y empezar a escribir. Cuando tengo la pista, cojo el celular y empiezo a grabarme. Y ya cuando tengo la melodía es que le meto la historia”, cuenta. Un beat ya existía, otro se hizo con una referencia de YouTube, otros se hicieron desde cero.

A la base del afrobeats (Pa’ Mi) le añadieron soca (Una noche), dancehall (El Juego) y trap&B (Mi Todo). En Roriyero no hay reggaetón, insiste Dhito. No hay reggaetón aunque ahora él viva en su capital, porque el beat le parece más bien básico; la letra, monótona. El afrobeats, en cambio, le abre más posibilidades para probar distintas tonalidades, flows o intenciones. Por eso le encanta y lo celebra.

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Pero Roriyero sí comparte con el reggaetón la temática. Dhito dice que en este EP resumió su historia, y esa historia es la de la relación un una exnovia, un amor que lo marcó, intenso y rocoso. Un amor que no pudo ser más cuando ella se fue de Colombia. Cada canción es también, entonces, un recuerdo.

Su enfoque lírico es decididamente minimalista. Él usa apenas las palabras necesarias para acompañar las pistas, las melodías, los coros y los chanteos que son los verdaderos protagonistas de cada track. Lo mantiene sencillo, tanto que la letra se acerca a lo genérico.

Pero por eso el disco, como la mayoría de la música que funciona para las discotecas, puede ser una vasija en la que quien escucha puede volcar su experiencia, o como un espejo en el cual verse reflejado. Sus propias vivencias las complementó con las de amigos y las personas que lo rodeaban mientras hacía Roriyero: relatos de corazones llenos, rotos y confundidos.

"Nuestro amor fue de vacaciones / Yo te hablo claro, fue de condones", entona poéticamente en Pa’ Mi, que lamenta las dificultades que lo separan de su amada. "Ahora quiero una noche contigo / Pa’ poder llevarte donde no haya testigos", promete en Una Noche. Y así sigue la vuelta, mientras él canta y recita y ambas a la vez.

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Lo simple de las letras no debe tomarse como una señal de que el de Roriyero fue un proceso fácil para Dhito. Aunque contaba con el apoyo de los suyos, nunca había desconfiado tanto de sí mismo, porque nunca había sentido tanta presión. “Quería llevar un contenido de calidad. Ya no era hacer música con los parceros como hobby. Tenía que ser rentable. Por eso sentía que todos los temas tenían que ser palos. Y entendí: voy a hacer música pensando en que quiero hacer música. Y si sale el palo, bacano. Y ahí fue que me solté”, cuenta sobre la revelación que desbloqueó un coro mientras estaba en el bus.

Ahora está convencido de que solo le falta la oportunidad para cumplir sus sueños. Tiene la certeza de que nadie lo parará en su misión de aprender y expandirse. A veces sus palabras suenan a cliché, él lo reconoce. Pero no por eso dejan de ser verdaderas, enfatiza.

Dhito Florez
Dhito Florez
// Foto Cortesía artista

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La conversación vuelve al afrobeats y a Chocó. Es la música que Dhito ama, la que plasma su alegría y su energía. Y además, es la que se conecta con su raíz, con quien es, con cómo entiende su territorio y su casa. “Este EP es muy mío porque es mi identidad, me hace sentir libre. Es la música mía, ruda pero sutil. Puedo moverme, expresarme con mi cuerpo con movimientos fuertes: eso es característico de mi gente. Es nuestro ritmo. Esta es música afro que debe ser tenida en cuenta. Así libero mi tensión, mi ansiedad, mis pensamientos. En Roriyero está lo que me marcó toda la vida, y lo expreso a través del espacio que tengo: el afrobeats”. Por eso, afirma, quiere influenciar a las masas con su sonido, poder cambiar estados de ánimo con temas alegres para que un oyente desprevenido se pueda parchar y relajar.

En el camino de expandirse, Dhito no olvida su casa, la alegría de Condoto y la felicidad que le dio poder tocar allá en diciembre del año pasado, recibir elogios y ánimos de su familia y amigos que siguen allá. En el título de este proyecto vive un homenaje: el roriyero es la tela que usan las mujeres en el Pacífico para cargar objetos pesados sobre su cabeza. Así, este disco es una tela con la que él carga sus memorias. Ahora continúa caminando y soportando el peso. Ya tiene un norte. Ejecuta su plan. Agradece. Canta. Sonríe.

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